PARA EMPEZAR...

PARA EMPEZAR...

Me llamo Marta Fernández, licenciada en periodismo, experta en Relaciones Internacionales y a un paso de ser Doctor en Ciencias Políticas.

Mi pasión por el periodismo y contar lo que pasaba comenzó siendo muy pequeña, quizá tuviera unos seis años, y veía a los reporteros en la tele, cada día en un sitio, contando historias diferentes, visitando muchos lugares, conociendo otras culturas y personas, todo muy apasionante. Y como siempre he sido muy cabezona eso fue justo lo que hice, convertirme en periodista y aunque no se si por azar o por mala suerte (o no), la vida no me está brindando la oportunidad de ser periodista pero si que me está dando la de viajar y conocer diferentes lugares, culturas y personas, a veces lejos de casa, otras veces muy cerca de ella, pero siempre encuentro en todo una historia que merece ser contada.

Ya decían Celtas Cortos "En estos días inciertos en que vivir es un arte", yo lo que pretendo es exprimir al máximo ese arte, contar mis experiencias y compartir mis viviencias que a veces son buenas y otras no tanto, pero que la mayoría de las veces dejan anécdotas graciosas y divertidas que me recuerdan lo maravilloso que es ir...Dando Vueltas por Ahí.



martes, 12 de febrero de 2013

EL CARNAVAL DE COLONIA

Siempre me ha gustado disfrazarme, un baile en el colegio, teatros, alguna fiesta…todo lo que este relacionado con la palabra “disfraz” me gusta muchísimo, por tanto es fácil imaginar la ilusión que me hace el carnaval. Lamentablemente no toda la gente que conozco comparte esta afición a la absurdez del disfraz y en más de una ocasión me quedo con las ganas de ser quien yo quiera por unas horas.

El año pasado tuve mi carnaval gracias a unos italianos que decidieron celebrarlo con una fiesta casera, algo muy de andar por casa. Aun así a mí me hizo mucha ilusión y ha sido una de las fiestas en las que mejor me lo he pasado. Este año pintaba mal, no había espíritu carnavalero y parecía que el único disfraz que vería sería a través de las fotos de los otros en Facebook y muriéndome de envidia…no sabéis lo equivocada que estaba.

 El jueves recibí un mensaje de Fátima: Carnaval en Colonia (Alemania), y un resumen de todo el planing… mi respuesta no se hizo esperar, además ¨Morro Retorcido¨ y sus secuaces (sí ahora tienen secuaces) estaban muy plastas y me apetecía evadirme y maquinar mi disfraz más que pensar en los desaires que me hace que cada día me dan más impotencia y me ponen más dolor de cabeza. El viernes por la tarde fui con Fátima al centro a las tiendas de disfraces, ya sabía de que me iba a vestir y me hacía falta una pajarita para terminar de rematar mi disfraz, por un día quería ser un mago. Elegí ese disfraz por varias razones muy sencillas: me gusta, es simple, tenía casi todas las cosas y por que yo soy el mago de mi casa, me explico, en mi casa de Bruselas todo el mundo piensa que las cosas se hacen por “arte de Birlibirloque”: fregar el suelo, limpiar el baño, cambiar el rollo de papel higiénico, sacar la basura…Obviamente Birlibirloque soy yo así que por un día me quise convertir en ese personaje y mostrárselo al mundo. Fátima optó por un disfraz de vaquera, también muy fácil pero terminó siendo una pirata porque el gorro que tenía era más de pirata que de vaquera.

 El sábado por la mañana Joost vestido del típico empollón de las series norteamericanas nos recogió en casa de Fátima y pusimos rumbo a Colonia donde habíamos quedado con otros dos españoles. El viaje se me hizo corto porque fuimos hablando sin parar y riendo con las cosas de Fátima y del disfraz de Joost que se había puesto los pantalones pesqueros con los calcetines blancos y unas gafas como las de cuando mi padre estaba en la mili, que ahora parece ser que se vuelven a llevar, pero que siguen siendo de empollón. A algo más de la mitad de camino decidimos parar en una gasolinera porque era ya media mañana y teníamos un poco de hambre, también aprovechamos para ir al baño. Hacía ya un rato que habíamos empezado a ver los carteles en alemán y pensábamos que ya habíamos pasado la frontera. Al entrar en el baño de la gasolinera vimos que estaba limpio y olía bien:  

 -Mira, se nota que estamos en un país civilizado.-Me dijo Fátima.

 Yo me reí muchísimo porque si que es verdad que los belgas son poco curiosos y era bastante sorprendente que la gasolinera estuviera apañada. Cuando fuimos a pagar nos dimos cuenta que aun estábamos en Bruselas lo que nos descolocó un poco pero a unos 100 metros más allá de la gasolinera encontramos el cartelito que nos daba la bienvenida a Alemania lo que solventó nuestra duda de la limpieza. Decidimos que la zona fronteriza se podía considerar zona civilizada del territorio belga. A la una llegamos a Colonia, encontramos el centro sin problemas (Joost lo encontró) y aparcamos en un parking muy cerca de la catedral. Hacía sol, mucho frío y los primeros disfrazados ya paseaban por las calles. La fiesta podía empezar.  

La puerta de la catedral era el punto de encuentro, me quedé maravillada y asombrada ante el edificio. La catedral es inmensa y muy, muy bonita. Había mucho ambiente festivo: gente disfrazada y con cerveza en mano bailando al ritmo de pasacalles a la alemana, barracones improvisados donde se vendían cerveza y salchichas de todos los colores y tamaños donde no faltaba la música y el bailoteo, casi todo el mundo con gorros en al cabeza…la imagen contraria a la que se nos vende de los alemanes. Mientras esperábamos al resto optamos por probar una salchichaza (porque eso una salchicha normal no era) y probar la tradicional kolsch (cerveza local). Al ratito llegaron los compañeros disfrazados de científicos locos y nos dirigimos a uno de los bares del centro. Allí más de lo mismo: mucho disfraz, cerveza aquí y allá, música, baile y gente amable y muy contenta. Eran un estilo las fiestas de Torrijos a la alemana, lo pasé muy bien. Después de ese bar fuimos a otro a orillas del río, estaba atardeciendo y el paisaje era muy bonito. Allí seguimos con el bailoteo. Cenamos temprano para coger fuerzas y seguir nuestro día festivo.  Me llamó la atención fue que había muchísimos chicos disfrazados de monja y de “Mario y Luigi”, no se si es que está de moda en Alemania o qué.

 
Poco a poco se nos fueron acabando las pilas, la cena en lugar de animarnos nos adormiló aun más y a las diez decidimos poner rumbo a Bruselas. Entramos en el parking e introducimos el ticket para pagar pero la maquina no quería aceptarlo. De repente apareció un señor que nos dijo que le diéramos el billete. Yo supuse que era el señor del parking, además tenía toda la pinta y justo apareció cuando estábamos en apuros, vaya que debía tener alguna cámara de vigilancia. Fátima no pensó lo mismo y agarró el billete como si no hubiera mañana mientras decía que no se lo daba a nadie. Yo la miraba extrañada y sin decir nada porque el cansancio no me dejaba pensar ni argumentar y Joost apoyaba la decisión de Fátima. El señor se marchó un poco disgustado y Fátima decidió llamar al timbre de la máquina para que alguien viniera en nuestra ayuda. De repente volvió a aparecer el hombrecito echándonos una regañina, Fátima se quedó sin habla (y eso es muy difícil), yo asentía con aires de suficiencia porque había tenido razón y Joost se  disculpaba en holandés ya que el señor solo hablaba alemán y con los holandeses se entienden (algo así como españoles e italianos). Una vez solucionado el problema volvimos a Bruselas, pro el camino parece ser que nevó yo no lo sé porque me quedé profundamente dormida antes de salir de Colonia, estaba muy cansada y solo quería dormir y seguir soñando con el carnaval de Colonia porque me había gustado tanto que no quería que se acabara el día.

 

 

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