PARA EMPEZAR...

PARA EMPEZAR...

Me llamo Marta Fernández, licenciada en periodismo, experta en Relaciones Internacionales y a un paso de ser Doctor en Ciencias Políticas.

Mi pasión por el periodismo y contar lo que pasaba comenzó siendo muy pequeña, quizá tuviera unos seis años, y veía a los reporteros en la tele, cada día en un sitio, contando historias diferentes, visitando muchos lugares, conociendo otras culturas y personas, todo muy apasionante. Y como siempre he sido muy cabezona eso fue justo lo que hice, convertirme en periodista y aunque no se si por azar o por mala suerte (o no), la vida no me está brindando la oportunidad de ser periodista pero si que me está dando la de viajar y conocer diferentes lugares, culturas y personas, a veces lejos de casa, otras veces muy cerca de ella, pero siempre encuentro en todo una historia que merece ser contada.

Ya decían Celtas Cortos "En estos días inciertos en que vivir es un arte", yo lo que pretendo es exprimir al máximo ese arte, contar mis experiencias y compartir mis viviencias que a veces son buenas y otras no tanto, pero que la mayoría de las veces dejan anécdotas graciosas y divertidas que me recuerdan lo maravilloso que es ir...Dando Vueltas por Ahí.



viernes, 25 de mayo de 2012

WIDSURF

Como la mayoría sabéis, los españoles, de cara a nuestros vecinos europeos, tenemos fama de tener muchas vacaciones, puentes (que en inglés se llaman “Bank Holidays”) y demás. Bueno pues ya os digo yo por experiencia propia que esa fama es inmerecida porque si bien cuando estaba en Irlanda no había mes que no tuviera un lunes libre de “Bank Holidays”, Bruselas no se queda atrás y este mes de mayo estoy teniendo más puentes que en toda mi vida. Pero mirad que os voy a decir, que los días libres bienvenidos sean y tanto en España como aquí me gusta aprovecharlos haciendo cosas diferentes.

El miércoles por la tarde (cuando oficialmente empezaba el puente) empecé a arrepentirme de mi decisión de no volar a España, tenía cuatro días por delante y ni idea de lo que podía hacer, así que me empecé a poner nerviosa y a imaginarme a mí misma estudiando el examen de francés que tenía el lunes siguiente y era un plan que no me gustaba mucho. Pero todo cambió cuando abrí mi facebook y encontré un mensaje de Estefanía, una chica española que estudió holandés conmigo en la universidad y que vive en un pueblecito en Flandes. Estefanía me contaba que por motivo del watersportdag (día de los deportes de agua), los clubes de deportes acuáticos de la parte flamenca de Bruselas hacían jornada de puertas abiertas, que ella iba a ir con sus amigos a hacer windsurf y que era bienvenida. Como con Estefanía lo paso muy bien y a sus amigos ya les conozco de su cumpleaños (historia que contaré en otra ocasión) me apunté sin pensármelo dos veces.

La noche del miércoles pasó como una más viendo un concierto y tomando unas cervezas que para eso estamos en la capital de la cerveza, digo de Europa. El jueves tocó billar, el lunes estudiar, no penséis que no lo hice y por fin llegó el sábado y con él mi debut en el mundo del windsurf.

Me levanté temprano, brillaba el sol y eso me hizo sentir muy feliz, me puse mi bañador y me fui derechita a la estación para coger un tren hasta un pueblo flamenco llamado Aarst donde me esperaban Estefanía y su novio Davy. Pasamos por casa de uno de sus amigos a recoger al resto y nos dirigimos al lago donde tendría lugar la jornada windsurfera. No puedo describir con palabras la alegría que me dio llegar al lago, me acordé del pantano de  Burguillos y del río Alberche, hasta las carreteras que llevaban a él me hacían sentir como en casa, la jornada no podía empezar mejor.

El lago no era muy grande, frente a él había como una especie de bar y un pequeño almacén donde los miembros del club guardan la ropa, las tablas, velas, etc. Nos comimos un sándwich y fuimos a que nos prestaran un neopreno y los zapatos de agua para subir en la tabla. Muertos de risa por las pintas que teníamos nos acercamos donde estaban los monitores, de los que dudo que llegaran a 18 años, para que nos explicaran lo que teníamos que hacer. Fue ahí donde comenzaron mis problema y me vi inmersa en la primera situación ridícula del día…

En la parte flamenca la gente no habla francés sino flamenco, el monitor miró mi pinta de extranjera y me preguntó en su lengua materna que si le entendía, a lo que Estefanía se apresuró a contestar que no pero que no había problema porque ella haría de interprete. El chico sonrió y comenzó con su explicación que fue perfectamente traducida por Fani y Davy que también habla español. Pero la situación me estaba poniendo un poco nerviosa porque allí entre tanto extranjero la extranjera era yo y me había convertido una vez más en el mono de feria, a quien todo el mundo miraba a ver que hacía, las caras que ponía o cómo reaccionaba ante la explicación por lo que no me enteré muy bien a pesar de la traducción. Una vez que terminamos nos fuimos al agua, de camino confesé a Estefanía que no me acordaba de nada y me dijo que ella tampoco mucho así que lo mejor sería ponernos cerca e ir intentando las dos a la vez.

El agua estaba muy fría, así que me di bastante prisa en subirme a la tabla, una vez encima había que ponerse en cuclillas lo más cerca posible del mástil, quedando éste entre los dos pies. Después había que ir levantándose lentamente a la vez que se izaba la vela…parece fácil pero no lo es porque si tu cuerpo no forma con el mástil el ángulo apropiado pierdes el equilibrio y te caes…y eso fue justo lo que nos pasó a nosotras. Yo fui la primera en caer y a Estefanía le debió dar envidia y fue detrás. El contacto de todo mi cuerpo con el agua fue mortal, estaba muy, muy  fría y sentía como se me cortaba la respiración, como cuando te bañas en los ríos de la sierra. Por eso no tarde nada en subirme otra vez a la tabla y repetir la operación y cuando digo repetir, es porque lo hice exactamente igual de mal que la primera vez y me volví a caer. Tras varios intentos fallidos, uno de los monitores, un chico guapísimo vino y en inglés me dijo que si necesitaba ayuda. No me gusta mentir así que le confesé que no me había enterado de la explicación y muy amablemente, se subió su neopreno (tenía la parte de arriba bajada para lucir el estupendo cuerpo que te deja el windsurf y supongo que para coger un poco de sol) y no dudó en meterse en el agua para sujetarme la tabla y explicarme todo el proceso. Con su ayuda, no solo aprendí a izar la vela sino a mantenerme en la tabla e incluso a cambiar de dirección. Antes de todo eso me caí muchas veces más, porque claro, una vez que me puse de pie la tabla se movía con el viento y el monitor se me quedaba atrás, entonces  no podía ver su explicación de cómo tenía que poner los pies para girar, volvía la cabeza, perdía el equilibrio y me caía…finalmente lo conseguí e hice pasar al chico un buen rato porque no paró de reírse digamos que conmigo (no quiero pensar que de mí) en todo momento.

Una vez que ya supe los pasos básico me dediqué a windsurfear despacito por el lago, a veces me iba hacía alguna orilla, me liaba al torcer, torcía hacía el lado que no quería y me tenía que tirar otra vez al agua y dar la vuelta a la tabla de forma manual. En otra ocasión unos niños expertos windsurfistas trataron de indicarme sin éxito como ir más rápido y digo sin éxito porque mientras miraba su explicación de colocación de manos en el mástil me volví a caer y los pobres lo dejaron por imposible. Estuvimos una hora larga en el lago pero a mí se me hizo cortísimo, me olvidé de todo, solo concentrada en lo que tenía que hacer, creo que por eso me gustó tanto, hacía mucho que no encontraba una actividad que me hiciera olvidarme de mis preocupaciones. Además, me sentía como en España con el sol y el agua, también como el neopreno calienta el cuerpo ya no me acordaba de que hacía un pelín de frio, era perfecto.  La vuelta a la orilla la hice en lancha porque a los que estábamos lejos nos recogían de esta manera para ganar tiempo, me gustó también la lancha, nunca había subido en ninguna y el paseíto por el lago con el monitor guapo no estuvo nada mal.

Una vez que todos estuvimos fuera del agua devolvimos el equipo y nos tomamos una cervecita al sol. Cuando unas horas más tarde llegué a casa me di cuenta de lo cansada que estaba por no hablar de las agujetas que me estaban empezando a aparecer en los brazos, de todos modos, no me importó había sido un día estupendo y la toma de contacto con el windsurf había sido muy buena, aunque me pase más rato en el agua que encima de la tabla, eso sí, no descarto aficionarme a este deporte en un futuro no muy lejano.


lunes, 14 de mayo de 2012

TRIER

A la mañana siguiente nos levantamos temprano para ir a Trier, una pequeña ciudad alemana que hace frontera con Luxemburgo. He de confesar que yo no tenía ni idea de que existía esa ciudad, por lo visto es famosa porque conserva ruinas romanas aunque no es por nada pero donde esté Mérida…Dejando de un lado sentimientos patrióticos he de reconocer que la ciudad me gustó bastante, eso sí, el tiempo no nos acompañó mucho y la compañía…tampoco.

Magda había quedado con unas chicas que trabajan con ella para ir, una peruana, una rumana y una estona. Según íbamos de camino a la estación escribieron a Magda un mensaje para decirla que tenían los billetes y que nos esperaban en el andén. Hasta ahí me quedó claro pero no sabía si tenían también nuestros billetes o no. Magda me dijo que sino no nos habrían mandado el mensaje así que fuimos directamente al andén. Cuando llegamos allí mis sospechas se confirmaron y ellas habían comprado sus billetes pero no el nuestro por lo que nos tocó correr a por ellos para no perder el tren mientras nos acordábamos de las madres de todas ellas por haber mandado un mensaje tan tonto y tan ambiguo. Pero la suerte estaba de nuestro lado y nos dio tiempo a comprar los billetes y a irnos en el tren previsto. Durante el trayecto me di cuenta de que las chicas eran un poco raras, intenté entablar conversación con ellas, pero no puede intercambiar mucha información porque eran bastante sosas. Presumo de hacer hablar hasta a las piedras, no suele haber persona por muy moruga o antipática que sea que se me resista pero…estas sí, además tampoco yo tenía mucho interés y Magda tampoco así que empezamos a hablar en nuestra querida lengua materna sobre nuestras cosas y a ponernos aun más al día de nuestras locas vidas en el extranjero.
Al llegar a Trier pedimos unos planos de la ciudad en la estación, en ellos venía perfectamente indicado donde estaban los puntos importantes de la ciudad y todo lo necesario para pasar allí el día, pero la chica peruana se empeñó en ir a comprar un nuevo mapa porque decía que no estaba bien indicado. Yo soy un desastre con los mapas y jamás hay que hacerme caso cuando tenga uno en la mano, pero aún así a mí el mapa me parecía perfecto. Después de hacernos perder el tiempo en la tienda de los mapas y darse cuenta que todos eran iguales solo que el que nos habían dado en la estación era de papel cutre y los otros libritos  a todo color, comenzamos a ver la ciudad.

La primera parada fue la catedral que Magda y yo quisimos entrar a ver, las chicas se hacían las remolonas así que las dijimos que nosotras íbamos a entrar porque a saber si volveríamos a Trier alguna vez o no. Una vez dentro Magda me dijo que la peruana era evangelista y que quizá no quisiera entrar por eso. De todos modos nostras vimos la catedral, al salir, para nuestra sorpresa vimos que las chicas no estaban. Magda las mandó un mensaje y salieron de la catedral con paso bastante tranquilo para informarnos de que habían pensado que sería mejor que dividiéramos el grupo ya que Magda y yo veíamos las cosas más deprisa y queríamos ir también a ver tiendas y ellas querían tomarse su tiempo. Nosotras nos quedamos tiesas ante esa manera tan descarada de mandarnos a paseo pero bueno, accedimos y aunque nos dijeron que nos veríamos a la hora de comer tanto Magda como yo estábamos planeando para nuestros adentros comer por nuestra cuenta a la hora española y dejarnos en paz de tomar la comida a las 12 o las 12:30, que yo sigo pensando que eso es casi desayunar. Una vez emprendido nuestro camino en solitario pregunté a Magda que qué hacía con esas chicas que en vez de sangre tienen horchata en las venas y ella me contestó que Luxemburgo es muy pequeño y que esas son las únicas chicas becarias que hay y por lo tanto se tiene que juntar con ellas sí o sí.
Dejando a parte a las chicas sosainas nosotras seguimos nuestro camino guiadas por el mapa, incluso salimos un poco de la ciudad para ver una especie de coliseo; también nos dio tiempo a pasear por unos jardines, comer tranquilamente, ver tiendas y sentarnos a comer un helado. A todo ésto, las amigas de Magda le habían escrito para decirle que habían chequeado los horarios de los trenes y que nos veríamos en la estación para coger el tren de las 18:50. Obedientes nos dirigimos a la estación para estar antes de la hora prevista, y para nuestra sorpresa vimos que no había ningún tren para Luxemburgo a la hora que se suponía que volvíamos. Revisamos los horarios y junto al supuesto tren había un asterisco y creo que no hace falta ser una lumbrera para saber que los asteriscos sirven para señalar información adicional…bueno pues parece ser que eso debe ser solo en España porque cuando Magda y yo sin abrir la boca nos dirigimos a ver qué decía el asterisco vimos que ese tren solo funcionaba en horario de invierno, es decir, de octubre a marzo y como estábamos en abril…teníamos que esperar una hora en la estación. Cuando las chicas llegaron y les dimos la noticia, la rumana dijo que era imposible porque ella lo había mirado…pero estaba equivocada, y no la gustó mucho haberse equivocado porque se enfadó un poco. Magda y yo quitamos hierro al asunto diciendo que no pasaba nada aunque era mentira porque esperar una hora en la estación de Trier que no tiene ni una mísera tienda que ver es un poco triste pero bueno…nuestra exquisita educación de país mediterráneo nos hizo obrar así. Nos fuimos a un centro comercial que había cerca de la estación a matar la hora mirando un par de zapaterías que aun estaban abiertas.

Cuando llegamos a Bruselas quedamos con la chica estona para salir un ratillo por la noche (las otras no quisieron porque estaban cansadas). Como era sábado de Semana Santa fuimos a la Vigilia Pascual, que se dijo en inglés, francés y luxemburgués y después a tomar algo al bar donde habíamos estado comiendo. Allí un chico bastante raro me cambió un mechero que yo llevaba en el bolso (si, lo sé, no fumo pero suelo llevar uno) por una taza de desayuno de Oxford nueva, aún en el envoltorio y con el precio puesto. El chico era americano y me dijo que le gustaba cambiar cosas porque por algo de muy poco valor a veces te daban a cambio cosas de más valor. Con ese cambio yo salí ganando porque además el mechero no era mío, es de alguno de los que estáis leyendo ésto que se os calló en mi coche, pero oye a mí me vino muy bien porque necesitaba una taza para desayunar justo de ese tamaño así que estupendo. Después quisimos ir a un pub que está en la parte de abajo de Luxemburgo que por lo visto se pone muy bien pero no sabíamos ir, la estona dijo que ella sí que sabía y Magda y yo, tontas e imprudentes la hicimos caso y nos perdió por los campos luxemburgueses (había que bajar por un camino). Nos dio un poco de miedo y Magda se empezó a poner nerviosa y a pedirme que la dijera algo, a mí me estaba dando la risa porque me parecía una situación surrealista ir detrás de una estona bastante pavilla a la una de la mañana por unos caminos luxemburgueses, así que hice caso a Magda y la dije a la estona que yo pasaba de ir que estaba cansada, que me quería ir a casa y medio en broma medio en serio la dije que tenía q reconocer que estábamos un poco perdidas. La chica lo reconoció dijo que ella solo sabía ir en autobús…a mí en ese momento se me puso en la cabeza esa gota gigante que aparece en los dibujos chinos cuando alguien dice o hace una tontería, así que desandamos el camino al más puro estilo pulgarcito y volvimos al centro de la ciudad a coger un autobús nocturno que nos dejara en casa.

El domingo fuimos a una barbacoa en casa de unos amigos irlandeses de Magda, cayeron unos copitos de nieve, pero luego salió el sol. Hubo mucha comida y nos lo pasamos muy bien. A las seis y media fui a la estación a coger el tren para volver a Bruselas, lo habían cancelado pero nos pusieron un servicio especial de autobuses que nos dejaba en el primer pueblo de Bélgica y luego desde allí podíamos coger el tren a Bruselas. A pesar de todo no llegué mucho más tarde de la hora programada, cuando me bajé del tren llovía mucho y al llegar a casa el perro de mi compañera de piso se había hecho caca (otra vez) en el cuarto de baño…Welcome to Brussels

lunes, 30 de abril de 2012

LUXEMBURGO


No podéis imaginar la alegría que me dio cuando mi amiga Magdalena me ofreció pasar las vacaciones de Semana Santa en su casa en Luxemburgo. No es que Magdalena sea una luxemburguesa que he conocido dando vueltas por ahí, sino que es otra becaria que anda también danzando por estos mundos y que tras terminar su práctica en Bruselas consiguió otra en el país vecino y allá que se fue.

En cuanto recibí el mail con la invitación, no dude un segundo en aceptarla porque las vacaciones se me presentaban bastante aburridas, sola en Bruselas porque casi todo el mundo estaba en su casa disfrutando los días libres. El viernes por la mañana cogí el tren en la estación central de Bruselas, pero no podía ser un viaje normal, no. Nada más entrar en el tren escuché una voz en off que decía que miráramos bien los vagones porque en no sé qué pueblo el tren se dividía, unos vagones irían para Luxemburgo y otros no. Como no tenía ganas de empezar el día hacienda mucho ridículo ni preguntando a nadie porque era temprano y no me apetecía hablar, me senté en el primer vagón que me pareció y esperé al revisor y que él me dijera si era ahí donde tenía que estar o no. A la media hora o así pasó el revisor que me miró el billete y no me dijo absolutamente nada salvo el “bonjour” y el “merci” de rigor. Yo estaba bastante contenta  porque hacía solecito y había pillado un buen asiento en el tren, al lado de la ventana y sola en un sitio para cuatro así que estaba a mis anchas. Tal como lo escribo lo pensé y me podía haber puesto a pensar en otra cosa porque justo en ese momento el tren paró en una estación y se subió una pareja “caracol”, es decir, llevaban sus maletas, una mochila, el ordenador, un libro, el i-phone, el i-pod…y no llevaban un armario con dos ruedas yo no sé por qué. El caso es que les debí parecer una buena compañera de viaje o también les gusto el sitio y allí se plantificaron. El tren arrancó y un nuevo revisor llegó y me dijo que ese no era mi vagón, que sería mejor que me fuera dos más adelante o si no terminaría en otro sitio…esta vez me había librado de la super anécdota pero aún me sigo preguntando por qué el primero no me dijo nada…Con las mismas me fui donde me indicaron pero ya no encontré sitios geniales, tuve que sentarme en sentido contrario al que va el tren, justo detrás de unos indios que no paraban de dar voces (luego dicen de los españoles) y de comer algo que olía bastante raro. Cuando ya no pude más del revoltijo de olores y voces me volví a cambiar de vagón. Esta vez me senté frente a un señor al que no le hizo mucha gracia que me sentara ahí porque tuvo que recoger las piernas y pude notar en su cara como se acordó de alguien de mi familia, no sé bien de quién, por suerte se bajó pronto y llegué a Luxemburgo sentada yo sola en un asiento para cuatro y en la dirección que va el tren.
Una vez allí mi amiga Magda me estaba esperando, fuimos a su casa, conocí al matrimonio que la está hospedando, con nietecito y perro incluido y nos fuimos a visitar la ciudad. Antes de comenzar con nuestro paseo decidimos ir a comer porque con la tripa llena todo se ve más bonito. Elegimos un bar en el centro de la ciudad que mi amiga ya conocía, un señor de mediana edad muy amable y sonriente nos llevó a una mesita y nos dio la carta. Elegimos nuestros platos pero se nos antojaron unas patatas que Magda había probado una vez pero que no sabíamos cómo se llamaban así que llamamos al camarero e intentamos explicárselo. Fue Magda la que en un arrebato de valentía comenzó a darle la explicación en francés; mientras ella hablaba y le explicaba que eran unas patatas fritas pero más gordas que las normales que estaban como con la piel y todo lo referente a las patatas deseadas, yo veía al hombre levantar la ceja. Lo intenté yo en inglés, esta vez en vez de levantar la ceja se sentó junto a Magda con una gran sonrisa y nos dejó que las dos hiciéramos tranquilamente el ridículo mientras mezclando inglés con francés le explicábamos lo que queríamos. Cuando ya no pudo más se empezó a reír a carcajadas y a decirnos que sabía lo que queríamos, pero que le estaba pareciendo tan graciosa la explicación que no quería interrumpirnos. Al menos le alegramos el día y he de reconocer que si vuelvo a Luxemburgo comeré allí porque me gustó mucho la comida. Una vez calmada una de las necesidades más básicas del ser humano como es comer, comenzó la visita turística…


Luxemburgo es una ciudad muy pequeña y tranquila, más parece un pueblo que otra cosa, está excesivamente limpio y se respira tranquilidad allá donde vas. Tiene dos partes, la alta la más importante, donde está el centro, las tiendas y los lugares más turísticos y la baja que es más humilde. Las dos juntas forman un paisaje muy bonito, y un destino muy aconsejable para pasar un fin de semana tranquilo. El tiempo nos acompañó haciendo una temperatura excelente y un día soleado…qué más se podía pedir. Cuando terminamos de ver la ciudad fuimos a por la merienda-cena, Magda me había hablado de una cafetería pijales donde ponen unos pedazos de tarta impresionantes y un chocolate caliente delicioso (advierto que ese lugar puede ser uno de los motivos de mi futura segunda visita a Luxemburgo), luego al cine y a casa a dormir ya que al día siguiente teníamos pensado ir a Trier, en Alemania y teníamos que madrugar.

El viaje a Trier os lo contaré en un post diferente, ya sabéis que no me gusta mezclar “vueltas”, así como el resto del viaje a Luxemburgo por lo que de momento nos quedamos en la buhardilla de Magda durmiendo tranquilamente.

lunes, 9 de abril de 2012

ENCERRADA EN LA ESCUELA

Creo que antes de empezar a relatar mi historia tengo que pedir disculpas a mis lectores por haberles fallado durante este mes de marzo. Como la gran mayoría estáis en contacto conmigo, sabéis que he estado de visita en España un par de veces, que luego a la vuelta he tenido la depresión post-regreso y el comienzo de un nuevo trabajo y eso me ha dejado un poco apartada de la escritura aunque no de las anécdotas, así que, una vez presentadas mis disculpas (que de sobra sé que me las habéis aceptado) comienzo con el relato de una nueva…martada, que es el nombre que le doy a esas cosas que me pasan solo a mí y, lamentablemente, esta es una de ellas.

Como ya os he dicho, el mes de marzo fui mucho a España y eso me obligó a faltar tres días a clase de francés. Las vacaciones de Semana Santa estaban por llegar y aunque en internet viene un horario con los días que empiezan las vacaciones y todo eso, el lunes pasado no estaba señalado como día no lectivo así que allá que fui toda contenta a clase de francés. El nuevo trabajo me pilla un pelín lejos así que lo que hice fue salir un poco antes y entrar en el Carrefour a comprarme una barrita de pan para la cena (que aquí cierran las tiendas a la hora de las gallinas y cuando salgo de clase está cerrado)  y una bolsa de M&M´s para la merienda porque como estos europeos comen tan pronto, a las seis de la tarde no me suelo ni acordar de donde tengo ya la comida. Con una sonrisa de oreja a oreja por mis M&M´s (tengo que confesar que me producen un enorme e indescriptible efecto de felicidad solamente comparable al que me provoca la coca-cola) me dirigí como buena estudiante a las clases de francés.

Cuando llegué me encontré el instituto vacío pero con la puerta abierta así que subí a la clase pensando que al ser un día en vísperas de las vacaciones de Semana Santa mucha gente faltaría por lo que con un poco de suerte seríamos muy poquitos en clase y la profesora repetiría la lección del lunes anterior y así no perdería el hilo. Esperé diez minutos y allí no apareció nadie así que bajé al primer piso que es donde están puestos todos los anuncios por si había algo de las vacaciones. Estaba yo toda concentrada leyendo los anuncios del tablón (me interesasen o no) cuando me sonó el móvil; era mi amiga Fátima para preguntarme por mi primer día de trabajo y contarme las anécdotas de su mudanza. Estuvimos hablando un ratillo en el que no dejé de mirar a la puerta de entrada por la que seguía sin ni salir un alma. Cuando terminamos de hablar y colgué el teléfono, me dirigí a la puerta para irme a mi casa y disfrutar la tarde de solecito y buen tiempo que hacía y que no suelen abundar en Bruselas pero…la puerta no se abría, tiré y retire, de una puerta, de otra y nada, estaba encerrada en la escuela. Esa pesadilla infantil de quedarte encerrada en el colegio se estaba haciendo realidad, no podía creerlo, porque es una cosa que he soñado bastante de pequeña y no me gustaba nada. Sin perder los nervios, toqué una llave de la luz por si estaba conectada por la puerta o algo, pero no hubo suerte, eso sí, me mosqueó que hubiera corriente eléctrica y que una puerta de estas de cristal que se abren cuando te pones enfrente siguiera funcionando pero aun así, yo seguía estando encerrada por lo que me puse a dar golpecitos en el cristal cuando pasaba gente a ver si alguien me oía, me veía y me ayudaban a salir. Me sentía como un mono en un zoo, ahí encerrada entre dos cristaleras y la gente pasando por la calle. Al tercer intento un hombre me vio, le expliqué que estaba encerrada y por gestos me dijo que me esperara que volvía enseguida, así que, eso fue lo que hice, esperar, y he de reconocer que lo único que pensaba mientras esperaba era que bueno, que si no me podían sacar no pasaba nada porque tenía en el bolso mi barrita de pan y había una máquina de coca-cola en frente de los tablones de anuncios, así que, sin cenar no me iba a quedar. Me da un poco de vergüenza admitir que en lo único que pensé en ese momento fue en la cena pero es lo que hay.            

Pasados unos diez o quince minutos apareció el hombre al que había pedido ayuda acompañado de dos policías, como la comisaría está muy cerca de la escuela, se conoce que fue allí a pedir ayuda. Tras agradecérselo a través de un gesto con el pulgar le vi alejarse calle abajo, al igual que también vi la cara que se les quedó a los policías cuando me vieron ahí encerrada. Les dio la risa pero no se querían reír lo que daba como resultado un gesto de risa contenida que me hizo reír a mí mientras les explicaba que no sabía cómo me había quedado ahí, mi sensación de mono de feria aumentó en esos momentos. Se miraron sin saber bien qué hacer hasta que uno de ellos sacó el móvil para hacer una llamada pero, no hizo falta, porque del pasillo de la planta baja surgió el conserje de la escuela que había ido a hacer no se qué y había cerrado por dentro. Me miró extrañado y observó a la policía, rápidamente le conté la historia y le dije que yo no había llamado a los agentes que había sido un hombre que pasaba por la calle. Tras escuchar mi relato tanto el conserje como los policías se empezaron a reír, el conserje me dijo que eran vacaciones y que no había clase que por eso estaba todo cerrado. Muerta de vergüenza reanudé mi camino a casa bastante contenta ya no solo cenaría pan y coca-cola si no que lo podría acompañar de una riquísima ensalada.




lunes, 12 de marzo de 2012

JUGAMOS AL Q-ZAR

Las tardes de domingo siempre me han parecido un poco tontas, no se respira la alegría de los sábados porque al día siguiente hay que volver al quehacer diario pero tenemos tiempo libre que requiere ser empleado en alguna actividad, eso sí, algo ligero que no nos agote y estemos con las pilas cargadas al día siguiente.
Cuando estoy en España suelo ir al cine porque que reúne las características que he descrito anteriormente, a veces también a dar un paseo por el campo, pero aquí en Bruselas nunca sabía qué hacer y me parecían aun más tontas que en España. Pero de unas semanas a esta parte mi perspectiva de las tardes de domingo belga están cambiando y se están convirtiendo en tardes entretenidas cargadas de actividades que no solo me hacen pasar un buen rato sino que cada vez me guste más estar aquí. Ayer mismo, aburridos de cine y cervezas decidimos ir a jugar al Q-Zar algo que llevaba queriendo hacer desde hace años pero nunca supe donde y que me ha parecido muy, muy divertido, eso sí, las cosas como son y la verdad siempre por delante…soy pésima.

El Q-Zar es parecido al Paintball pero con pistolas laser, no sé el nombre en español porque yo siempre lo he llamado así “pistolas láser” pero dudo que ese sea su nombre. Para los que no sepan en que consiste lo explico: es como una especie de guerra entre dos equipos. Nos sueltan en un laberinto oscuro y tenemos que disparar a los del equipo contrario, es un poco difícil porque hay veces que no sabes si la persona que tienes delante es de tu equipo o no debido a la falta de luz por lo que no es difícil disparar a uno de los tuyos. Para poder jugar hay que ponerse un chaleco con un contador en la espalda y otro a la altura del ombligo y una metralleta laser. Para que los disparos cuenten hay que apuntar a esos marcadores o a partes concretas de las metralletas, vamos que disparas y donde des has dado y si aciertas pues eso que te llevas y si no pues nada, pierdes munición.

Cuando llegamos a la bolera tuvimos que esperar a que viniera más gente porque nosotros éramos ocho y convenía que fuéramos más para que los equipos fueran más grandes. Cuando nuestros contrincantes llegaron nos hicieron pasar a una sala para ponernos los chalecos y coger las metralletas. En esa misma sala fue donde conocimos a nuestros “enemigos” lo que nos dio mucha risa porque eran unos siete u ocho niños de entre 8 y 12 años, yo no me lo podía creer. Hicimos bromas con el encargado del juego diciéndole que no podíamos disparar a niños, ellos sin embargo parecían muy seguros de sí mismo y nos miraban con esa cara maliciosa que los chavales suelen poner y que viene a decir “vaya paliza que os vamos a dar” y he de reconocer que…así fue.


Cuando empezó el juego me dio un poco de miedo, el laberinto estaba oscuro y no se oía nada, andaba pegada a las paredes para que no me vieran pero de repente…me vibró el chaleco, alguien me había disparado…miré para todos lados pero no vi a nadie así que seguí por mi camino y esta vez fui yo la que disparó sin suerte al niño que tenía delante que me miraba con una cara maléfica y que no dejó de dispararme hasta que mi chaleco se iluminó avisándole de que ya no podía matarme más. A partir de ahí todo fueron gritos carreras y risas, los niños nos estaban dando una paliza descomunal, tenían la táctica bien ensayada: siempre en parejas y algún francotirador que te disparaba a traición (ese fue el culpable de la primera vibración de mi chaleco). A su experiencia se sumaba que eran muy bajitos por tanto nuestros marcadores les quedaban a la altura adecuada para poder dispararnos mientras que nosotros teníamos que agacharnos para darles por lo que perdíamos un tiempo que ellos aprovechaban para darnos. Fue muy divertido, tanto ellos como nosotros lo pasamos muy, muy bien.

Cuando salimos nos dieron las puntuaciones, me dio un poco de reparo porque soy realmente mala en el Q-Zar, los niños me dieron para el pelo pero bien, sería la vergüenza del ejército español…

Después de nuestra humillante derrota nos fuimos a un bar a tomarnos una cervecita para celebrarlo. Como no podía ser de otra manera el bar era raro, tenía un escaparate lleno de…no sé como denominarlo…artilugios: un reloj, un zorro disecado, una plancha del año mil…no sé, cosas raras, más que un bar yo habría dicho que era una tienda de antigüedades. Una vez dentro te encontrabas con una sala de madera (como un bar cualquiera) pero si ibas subiendo pisos entrabas en diferentes habitaciones, cada una con un par de sillones y una mesita y allí te sentabas como en el salón de una casa a tomarte lo que quisieras, eso sí, no tiene cosas normales, solo cócteles raros, vinos de sabores y un tipo de cerveza. Me decanté por un vino de frambuesa que no sabía ni a vino ni a frambuesa pero que se dejaba beber, era como un refresco raro con muy pocos grados y un sabor peculiar. No me disgustó pero tampoco volveré a beberlo.

Después de la experiencia volvimos a casa agotados porque el Q-Zar cana con tantas carreras (aunque está prohibido correr pero para eso están las prohibiciones, para no hacerlas caso) pero contentos por habernos echado unas risas en esa “tarde de domingo rara”[i].



[i] Titulo de una canción del grupo español Amaral.


jueves, 23 de febrero de 2012

BRUJAS

Si tuviera que decantarme por uno de los sitios que he visitado desde que estoy en Bélgica sin duda alguna me quedaría con Brujas. Todos habréis escuchado lo bonita que es, muchos incluso pensareis que son exageraciones o que lo bonito es relativo, pero creo que la belleza de esta ciudad no es relativa y todo el que la visita queda maravillado. Yo no me canso de ir, también es verdad que cada vez que recibo una visita me toca ir a Brujas, pero igual que a Amberes voy resoplando a Brujas voy de muy buena gana haga frío, calor, llueva o nieve porque también puedo “presumir” de haber estado allí con todos los fenómenos atmosféricos posibles.

La primera vez que visité Brujas fue en Septiembre, aunque no hacía mucho calor si que disfruté de un día más o menos soleado que me permitió disfrutar de la singular belleza de una ciudad que parece sacada de los mismísimos cuentos de Hans Christian Andersen. Fotografié sus canales, su pequeño castillo en el lago, sus antiguos edificios…creo que no hay rincón de Brujas que dejara sin inmortalizar con mi cámara. Me llamarón mucho la atención los caballos percherones que trotan por la ciudad paseando a los turistas, actividad que da a la ciudad un aire todavía más irreal y romántico (Esproncedianamente hablando, por supuesto,  que los que bien me conocen saben que no soy yo muy pastelosa y los rollos romanticones no me van a mi mucho). El caso es que amorosa o no, si me quedé enamorada de la ciudad y del delicioso chocolate que allí se fabrica siempre de manera artesana y que os aconsejo probar porque es de lo mejor de Bélgica.

La segunda vez que estuve fue en noviembre, el frío ya había hecho su aparición y como anécdota de la visita solo decir que estuve así como quince minutos riendo con mi primo por el pis de un caballo. Sí, como lo leéis, porque aunque sea de pueblo nunca había visto a un caballo hacer pis y mucho menos a un percherón que parecen osos. Recuerdo estar en el Grote Mark de Brujas y oír un tremendo ruido como si un camión cisterna estuviera depositando todo su contenido en la depuradora de turno, solo que no era un camión cisterna sino un caballo percherón liberando su vejiga caballuna y creedme dejó el suelo pingando, un charco gigante como si hubiera habido una tormenta…me pregunté si a lo largo de esa mañana no habríamos pisado más de una micción de caballo pensando que era eso…solo agua.

En mi tercera visita no tuve tanta suerte con el tiempo, fue en diciembre con mis padres y mis tíos y nos hizo frío y llovió aunque no por eso la ciudad perdió su encanto sino todo lo contrario, las luces navideñas lo inundaban todo y daban a Brujas un aire todavía más de cuento y mucho más bonito.

Y claro, tampoco podía perderme Brujas nevada, esa fue la prueba de fuego para saber si la ciudad me gustaba o si no volvería a poner un pie en ella. Todo ocurrió hace dos semanas con la visita de mi amiga Patri. La ola de frío de la que tanto os quejabais en España no era nada con la que tuvimos en Bélgica, pero claro, si alguien viene de visita hay que enseñarle todo y no hacer casos de fríos ni calores así que habiendo dormido apenas cuatro horas y con los termómetros en negativo nos dirigimos a la ciudad flamenca para que Patri pudiera apreciarla en todo su esplendor. A los cinco minutos de estar allí empezó a nevar, además los canales estaban congelados y el frío de Bruselas no era nada con el que hacía en Brujas. Aun así he de reconocer que la ciudad no perdió ni un ápice de su encanto y aunque los canales congelados restan belleza al asunto aun se pueden tomar buenas fotos de algunos intrépidos que se atreven a desafiar al hielo del canal. Como punto positivo añadir que con el frío tanto el café como el chocolate se vuelven todavía mejores y más apetecibles…Después de la ruta y congeladas cogimos el tren de vuelta a Bruselas.

 Con Brujas no puedo señalar mi admiración por ningún edificio concreto como sique hice en Gante, mi invitación para los curiosos es que vengan, se pierdan por sus calles y disfruten del recorrido, eso sí, creo que es mejor visitarlo en primavera porque aunque el sueño de todos es pasear por un cuento siempre es mejor darse una vuelta por el clima primaveral o veraniego de El Patito Feo que por el gélido invierno de La Pequeña Cerillera y que conste que os lo digo por experiencia.

miércoles, 15 de febrero de 2012

UN POQUITO DE GIMNASIO

Todos estamos de acuerdo en que el deporte en su justa medida es algo muy bueno y necesario para el ser humano, de hecho a mí me gusta hacer deporte porque es una manera de descargar tensión acumulada a lo largo del día, por eso, en España salgo a correr por los campos cercamos a mi casa para que me dé el aire y así poder despejarme. El problema es que en Bruselas, sobre todo ahora en invierno, cuando no está lloviendo está nevando y cuando no, hace mucho viento por lo que correr se convierte en toda una odisea. Dado que me paso el día sentada en la oficina y mi desgaste calórico es mínimo, decidí apuntarme al gimnasio para así poder moverme un poco sin preocuparme por la lluvia y de paso evitar que se me ponga el culo como un autentico pandero.

Cuando comenté mis deseos a mi compañero de piso me habló del gimnasio al que él debería ir y me dijo que le parecía buena idea que me apuntara porque así nos animaríamos mutuamente. De este modo y antes de que mis buenos propósitos cayeran en saco roto nos acercamos al gimnasio para mi debut. Pedí a Pablo que viniera conmigo el primer día por el tema del idioma y que me da vergüenza ir sola, pero a pesar de eso hice el ridículo nada más entrar por la misma puerta del gimnasio y tener que decir mi fecha de nacimiento porque mezclé el francés con el inglés y al final no sé ni lo que dije, eso sí, el tipo del gimnasio me entendió aunque todo el proceso de rellenar mi ficha se lo paso riéndose de mí y de mis mezcolanzas idiomáticas, Pablo, mi compañero de piso me echaba un cable con el francés pero se unía a las bromas del hombre del gimnasio.

Una vez que terminamos el proceso de inscripción nos dirigimos a la sala donde están todas las máquinas. Entré con un poco de miedo porque yo siempre he pensado que los gimnasios están llenos de “Pepitos Piscinas” que solo van allí para lucirse y de tías buenas que no sabe una a lo que van porque no lo necesitan pero… me equivoqué  y lo primero que vi fue a una chica muy entrada en carnes que lo daba todo en una de las máquinas de correr y a un par de gorditos sudando la gota gorda en las bicicletas, así que ya más animada, le dije a Pablo que me iba a la zona del spinning.

Cuando llegué donde estaban las bicis de spinning me dio un poco de asco, no por el deporte en sí sino porque ya había empezado a captar el olor a humanidad que se respira en los gimnasios y yo soy una persona muy sensible a los olores. Pensando que me acostumbraría pronto y concentrándome para no marearme (soy muy exagerada para los malos olores), me senté en una de las bicis del final, que como todas estaba como mojada, a pesar de que su ocupante anterior la había limpiado (lo vi con mis propios ojos). Lo que hice fue limpiarla yo otra vez pero aun así había mucha condensación y seguía estando mojada. Haciendo de tripas corazón y ya sudando como un pollo por la humedad del ambiente empecé a pedalear pero…yo no sé hacer spinning, hay que cambiar una ruedecita que tiene la bici o no sé qué historias pero yo no tenía ni idea, lo único que notaba era que no me podía parar y que una vez se me salió el pie fuera del pedal. A vistas de que iba a hacer el ridículo y que el gimnasio a esa hora estaba lleno, decidí pedalear sin más para disimular y a las 20 minutos me bajé de la bici con cara de dignidad pero a la vez huyendo como alma que lleva el diablo porque una de las máquinas de correr se había quedado libre y esa era para mí.

Ya en la máquina de correr creí estar a salvo pero me equivocaba de nuevo porque no sabía cómo ponerla en marcha. Me esforcé en buscar al monitor en la distancia pero no sabía quién porque tome como referencia que era negro y eso en Bruselas no se puede hacer porque hay muchos y el gimnasio no iba a ser menos. Menos mal que apareció Pablo por allí y me ayudó a poner en marcha la máquina. Duré quince minutos porque se puso en la elíptica de al lado un tipo con un olor muy fuerte y entre el calor que tenía y el olor decidí irme a las bicis normales que estaban completamente vacías y donde ningún olor extraño me podría molestar. Cuando llevaba 30 minutos en la bici vino Pablo a buscarme para ver si estaba lista para que nos fuéramos a casa.

Salí contenta porque a pesar de mi inexperiencia en los gimnasios y mi poca familiaridad con la maquinaria, la condensación de sudor humano y los olores ya había pasado la prueba, es más, pienso volver y está vez no habrá bicicleta de spinning que se me resista.

miércoles, 8 de febrero de 2012

ASSWERPEN

Cuenta la leyenda de Silvio Brabo que en el río Schelde vivía un gigante llamado Druoon Antigoon que cobraba un peaje a todos los barcos que querían pasar por allí. Si algún capitán se negaba a pagar, el gigante le cortaba la mano y la tiraba al río. Un día, un centurión romano cansado de las exigencias del gigante, le pagó con su propia medicina, es decir, cuando el gigante les exigió el pago por el paso, el romano sacó su espada, le cortó la mano y la tiró al río, acabando con las tonterías del gigante. Dicen que es de ahí de donde surge el nombre de la ciudad (en flamenco Antwerpen, Ant=mano y werpen=lanzar). Bonita historia para una bonita ciudad.

La gente se extraña cuando arrugo el morro al oír el nombre de Amberes, -¿Qué pasa que no te gusta?, ¿Cómo no te puede gustar la segunda ciudad más grande de Bélgica?-. Mi problema no es con la ciudad en sí sino con el tiempo que me acompaña cuando voy a Amberes. La primera vez que fui me hizo un calor horrible, y yo el calor lo llevo muy mal, así que volví un poco harta de Amberes y sudando como un pollo, eso sí, me reí muchísimo y me lo pasé muy bien.

La segunda vez que fui a Amberes (todas las visitas se empeñan en ir y tengo que acompañarlas), llovía a mares, se me mojaron los pies y en fin…ya recordareis el episodio de la lluvia y mi sentimiento hacía ese fenómeno meteorológico tan necesario pero a la vez tan horrible. No contenta con eso y a pesar de haber dicho por activa y por pasiva que ya no volvería a Amberes porque siempre que voy el tiempo me la juega, el domingo pasado volví a ir. La idea era dar una vuelta por las tiendas (Amberes tiene una avenida que nada tiene que envidiar a la calle Preciados), comer y pasar el día porque sinceramente, es una ciudad chula y con muchísima vida pero los planes cambiaron y allí me vi yo por tercera vez en mi vida visitando Amberes turísticamente y…con nieve y los termómetros en negativo.

La nieve tampoco me gusta, no es que sea una quejica que no me gusta ni el frío, ni el calor, ni la lluvia, ni la sequía, es que a mí me gustan las temperaturas intermedias en las que hace fresquito y con una cazadorita te apañas pero no…-9º y nosotras pateando Amberes porque no teníamos nada mejor que hacer ese  sábado. Nada más pisar la calle principal, ya empecé a retorcer el morro, estaba todo nevado pero la nieve estaba ya guarreada, así que en vez de nieve parecía que estaba en una granja pisando barro o algo así. Además el suelo estaba resbaloso y había que tener mucho cuidado. Aún así, la calle estaba llena de gente porque aunque hacía muchísimo frío brillaba el sol y las personas que viven en los países más allá de los Pirineos jamás se quedan en casa un día soleado por mucho frío que haga. Era gracioso ver la nieve y a todos envueltos en abrigos, gorros y bufandas y en los escaparates de las tiendas la ropa anunciando la primavera. Tras reírnos de la ironía y el contraste entre los escaparates y la realidad llegamos a la zona turística: una catedral muy bonita (aunque nada que ver con la de Toledo, je, je), una Grand Place muy chula también y finalmente el puerto, donde el frío se multiplica por cuarenta. Antes de ir al puerto comimos, un bocadillo de jamón serrano, del malo pero bueno, me apetecía jamón y para una vez que lo encuentro por aquí me daba igual como fuera.

Después de comer, una de mis amigas, Alice, quiso ir a ver el castillo, que no  tiene más que una puerta que va a parar a un mirador del puerto pero le dimos el capricho y allá fuimos. Estuvimos tirándonos bolas de nieve y haciéndonos fotos, cuando ya teníamos las manos lo suficientemente rojas a pesar de llevar guantes, decidimos que ya estaba bien de coger frío y que lo mejor era irnos a por un chocolate caliente, pero para volver teníamos que bajar unas escaleras. Alice iba la primera, dirigiendo el cotarro y hablando sin parar, puso un pie en la escalera, se medio giró para advertirnos de lo peligroso que estaba por la nieve y se pego un culetazo impresionante escaleras abajo que nos hizo reír a todos, aunque paramos enseguida porque debió de hacerse daño. Aun así ella no perdió la sonrisa, nos dijo que como había hecho judo en el colegio sabía cómo caer y que por eso solo se había hecho daño en el culo que no nos preocupáramos. Seguimos por nuestro camino, Alice iba muy callada, -¿te duele?-, pregunté, -un poco- me contestó, -anda que venir a Amberes para perder el culo-. Me dijo esta frase en inglés, y no sé por qué me acordé de la leyenda del gigante, a ella la debió pasar lo mismo porque exclamamos las dos a la vez  “Asswerpen” (Ass=culo en inglés y werpen=lanzar en holandés). Nos reímos pro haber tenido las dos la misma ocurrencia tonta.


Pero ahí no quedo todo porque Silvia, la otra italiana que vino con nosotras quería ir al museo de arte contemporáneo y también le dimos el capricho. A mí personalmente el arte contemporáneo no me gusta porque no lo entiendo, creo que soy una persona demasiado corriente para apreciarlo,  no veo el arte en una tela rasgada, en un trozo de yeso o en cosas así. Alice y yo no paramos de reír durante toda la visita precisamente por eso, Silvia en cambio disfrutaba con cada obra, una de las veces la vi embelesada mirando un cuadro que era completamente azul, era de Kleen y por lo visto es un tipo de azul que se llama así, azul Kleen, porque se lo inventó ese señor. Yo no veía más que un cuadrado azul pero como ya he dicho…soy demasiado corriente para apreciar la belleza del arte contemporáneo. En una de las salas había unos focos todos juntos formando como una especie de pirámide, al acercarme noté que se estaba calentito y con el frio que tenía allí me quedé pensando precisamente en eso: lo a gusto que estaba al calor de los focos. -Es una obra muy famosa-me dijo Silvia-a mí también me gusta mucho-.-No lo sabía- contesté, -estoy aquí porque hace calor-. Se empezó a reír y me dijo que creía que estaba admirando la obra. Vimos muchas cosas en el museo a cada cual más “contemporánea”, incluso estaba expuesto un globo que venía con un infla en una caja de madera y explicaba como hincharlo en italiano. Nos reímos mucho mientras mis compañeras me traducían lo que ponía, el problema fue que me arrime tanto al cristal de donde estaba expuesta la caja que di al globo con la cabeza y casi lo tiro. Anduve lista y lo sujeté entre la pared y mi cabeza mientras Alice lo ponía en su sitio (más o menos) y huíamos de allí como alma que lleva el diablo. No entendimos el arte contemporáneo pero pasamos un rato muy bueno. Cuando salimos ya estaba anocheciendo y se había levantado más frío así que decidimos coger un autobús que nos dejara en la estación del tren para volver a Bruselas.
A pesar de mis malas experiencias meteorológicas con Amberes no pienso rendirme, volveré a Amberes, claro que volveré porque es una ciudad que me gusta pero…creo que lo haré en primavera para que la próxima vez que alguien mencione el nombre de la ciudad no arrugue el morro y me den ganas de hacer lo mismo que hacía el gigante con aquellos que no querían pagar el peaje: cortarles la mano y mandarles a Amberes lloviendo o nevando a por ella.

lunes, 30 de enero de 2012

ANTITAPAS

No penséis que con el título de este post me muestro en contra de una de nuestras exquisiteces culinarias mundialmente conocidas, nada más lejos de la realidad (ojalá pusieran tapas en los bares belgas), a lo que me refiero es a una fiesta organizada por italianos que se celebra en Bruselas más o menso cada dos meses y que es una celebración un tanto peculiar.
Como ya habéis podido apreciar en escritos anteriores, en Bruselas me suelo juntar con mucho italiano. Hay una verdadera colonia italiana en Bruselas y es muy difícil no conocer alguno y el hecho de conocer a un solo italiano implica que pronto conocerás a sus amigos que también son italianos y cuando te quieras dar cuenta te pasará como a mí, que ya no sabes si estás en Bruselas o en la Toscana. Bromas aparte, el sábado pasado e invitada por varios italianos que se sienten muy orgullosos de su antitapas decidimos acercarnos a ver que se cocía. La tarde empezó excesivamente pronto, a las 19 habíamos quedado todos los compañeros de trabajo para dar a Alessandro la despedida que merecía. Tras unas cervecillas y risas iniciales, nos dividimos, unos se fueron a casa, otros fueron a cenar a no sé dónde y otros nos dirigimos al antitapas donde nos esperaban los que no había podido unirse antes a nosotros.
Cuando llegamos a la fiesta me llamó mucho la atención el local, era como una entrada de metro pero una vez en el interior era como una especie de palacio, sinagoga, monasterio o mezquita…una construcción de arcos de ladrillo muy elaborada y que daba la impresión de estar bajo tierra pero en un sitio apañado. La música era de lo más rara, en cada recoveco había una banda diferente pero la música era muy parecida, algo así como música de verbena italiana de los años cincuenta y música balcánica. No sé explicar. También hubo un chico con un sombrero de cow boy que tocaba algo más rockero pero a nivel general la música era peculiar. Había tragafuegos, un señor que se llamaba Doctor no sé qué y que era como una especie de adivino, un taller donde te enseñaban a hacer masa de pasta que luego cocinaban y servían, había comida gratis (lentejas, cuscús y pasta de mil maneras), comida que había que pagar (exquisiteces italianas), pintores de retratos y vendedores de brazaletes, todo esto mezclado con unas luces discotequeras y un ambiente muy bueno donde la gente reía, bebía, comía, bailaba y para mi sorpresa…fumaba porque se conoce que bajo tierra está permitido fumar. Toda esta mezcla me estaba dejando la sensación de estar como en una historia, algo ajeno al siglo en el que estamos porque aunque los asistentes vestíamos con ropa normal, los encargados de hacer el espectáculo no, y eso generaba un poco de desconcierto. Sobre las 4 decidimos que era hora de volver, salimos a la superficie y un frio extremo que anunciaba la nieve que caería horas después nos devolvió a la realidad.
No puedo decir que fuera la fiesta de mi vida aunque me lo pasé muy, muy bien pero todo el rato me invadió una sensación extraña, por unas horas me sentí dentro de un circo donde yo formaba también parte del espectáculo.


(En esta ocasión las fotografías son cortesía de Alice Spina)




miércoles, 25 de enero de 2012

PATINAJE EN LIEDEKERKE

Nunca pensé que fuera a ir a una competición de patinaje sobre hielo, no porque no me guste, que me encanta, tanto verlo como practicarlo (aunque sea muy mala) sino porque en la zona en la que vivo en España no es un deporte muy arraigado y nunca me entero de cuando hay este tipo de eventos. Pero aquí, en Bruselas, es diferente y más si tienes un compañero de trabajo como el eslovaco Mihail que se entera de todos y cada uno de los eventos culturales que se celebran en Bruselas y los alrededores.

Cuando en diciembre Mihail me propuso ir a una competición de patinaje, le contesté que sí sin dudarlo incluso antes de que terminara de decir dónde íbamos; es que yo todo lo que sea ir a algún lado me vuelve loca y lo mismo me da que sea una fiesta, de paseo por el bosque o a un basurero, yo digo siempre que sí porque me gusta visitar cosas y más cuando estoy en el extranjero, (que conste que nunca he ido a visitar ningún basurero pero oye quién sabe…). El caso es que Mihail me dijo que era una competición de patinaje y creo que no me especificó que era sobre hielo. A mí me gustan los dos tipos de patinaje así que me daba un poco lo mismo, pero sinceramente, creía que era sobre ruedas y no me enteré de que era en hielo hasta que no estaba con Mihail en el tren rumbo a Liedekerke, el pueblecito donde se celebraba la competición.

Cuando llegamos a Liedekerke tuvimos que cruzar el pueblo entero para llegar a la pista de hielo municipal que era donde se celebraba el evento. Era el típico pueblecillo flamenco: con casitas bajas, húmedo y frío, pero con bastante encanto. La pista me desilusionó un poco, era como de material prefabricado, nada comparable a las estupendas pistas de patinaje que te encuentras en Madrid; me esperaba algo más de ella, sobre todo porque del club de Liedekerke han salido estrellas del patinaje como Kevin van der Perren, medalla de bronce en el campeonato europeo en 2007 y 2009, así como del Grand Prix medalist por tres veces y es 7 veces ganador del Campeonato Nacional Belga. Por no hablar de la representación que hizo de su país en los Juegos Olímpicos de invierno en 2006 y 2010. Y encima es guapo y simpático. Pero bueno, Kevin Van der Perren a parte, el estadio, por llamarlo de alguna manera, era un poco cutre. Cuando entramos me arrepentí de no haberme puesto ropa de más abrigo, Mihail se disculpó por no haberme avisado: -tú que vienes de tierras cálidas a lo mejor pasas frío, se me olvidó advertirte. -No pasa nada, Mihail- le dije muerta de frío y acabábamos de entrar, -en un rato me acostumbro a la temperatura-. Tras sentarnos y esperar durante un par de minutos a que terminaran de limpiar la pista, dio comienzo el espectáculo.


La competición no era a altos niveles, empezaba con niñas de unos seis años y terminaba con las chicas de dieciséis. Había solo cuatro chicos que lo hicieron bastante bien. El espectáculo estuvo genial, daban premios por categorías y medallas para todos los participantes aunque también pudimos ver alguna lágrima de las niñas más pequeñas que se habían caído durante su exhibición. Todos lo hicieron estupendamente, a pesar de las caídas, ya me gustaría a mí patinar como patinaban todas y cada una de ellas, de hecho, me conformo con el nivel de las más novatas. Algo que me llamó muchísimo la atención fueron los trajes que llevaban, aunque parecía un campeonato a nivel local, quizá incluyendo algún club de los pueblos de los alrededores, los concursantes iban vestidos como autenticas estrellas del patinaje, con trajes magníficos adaptados a la temática de las canciones que bailaban. Mi favorito fue el de una de las chicas más mayores que patinó muy bien, todo hay que decirlo, al ritmo de la banda sonora de la famosa película de Tim Burton “Beetlejuice”. Llevaba un traje en tonos negro y morado con una gran tela de araña que dejaba al descubierto la espalda.  

Después de la entrega de premios Mihail y yo fuimos a hacernos una foto con Kevin Van del Perren y su novia, aunque creo que ya están casados, la también campeona Jenna McCorkell. Después de eso y muerta de frío deshicimos el camino de vuelta a la estación degustando un bollo de pasas muy rico que nos compramos en una de las panaderías de la localidad.

Alguno os estaréis preguntando si me acostumbré a la temperatura de la pista de hielo tal y como le dije a Mihail al entrar, la respuesta es que no…me pasé el día muerta de frío, tuve que tomarme un chocolate caliente a eso de la una de la tarde para entrar en calor. Cuando llegué a Bruselas ni siquiera una ducha de agua cociendo hizo que se me quitara de encima ese frío húmedo que se me había metido en los huesos, así que decidí irme a dormir pronto para ver si se me pasaba el destemple que tenía. Afortunadamente a la mañana siguiente me levanté como nueva, no me había constipado y me alegré muchísimo de haber presenciado un campeonato de patinaje sobre hielo, aunque sea de pequeños artistas porque…más de uno promete llegar tan lejos como su paisano Van der Perren.







viernes, 20 de enero de 2012

LLUVIA

La lluvia me da mucho horror pero curiosamente los países que elijo como destino suelen ser lugares nublados, lluviosos y que tienen más días de clima desapacible que de sol radiante y esplendoroso. Con esto no quiero decir que me guste el calor porque no es el caso, ni que sea una inconformista que no me gusta nada; para mí los mejores días son los primaverales y los otoñales, es decir, hace sol y no hace ni mucho frío ni mucho calor, aunque si hace frío y sol también me vale. 
De momento el tiempo belga se estaba portando, hasta el mes de diciembre no ha llovido mucho, solo algún día salteado por tanto no me preocupaba del clima porque tampoco es que hiciera frio. Pero a partir del mes de diciembre la cosa ha empezado a cambiar y la lluvia se ha convertido en una constante en mis días belgas y ésto afecta a mi ánimo y mi humor. Pensé que lo había superado cuando estuve viviendo en Dublín donde podían pasar tres semanas sin parar de llover pero, no sirve, los que venimos de tierra de secano no nos acostumbraremos nunca a estar en remojo. Seguro que pensáis que soy una exagerada porque vosotros, la mayoría que leéis este blog, estáis acostumbrados a las cuatro gotas que nos caen en el centro de España pero yo os voy a explicar las miserias que se pasan con las lluvias una vez se atraviesan los Pirineos y me terminareis dando la razón.
Como ya he dicho el mes de diciembre empezó a llover casi a diario en la capital belga, de repente todas mis botas (compradas en la seca España) empezaron misteriosamente a dejar pasar agua. Yo miraba y remiraba y no veía agujeros por ninguna parte, pero llegaba con los pies empapados a casa y con un genio de mil demonios. Pero eso no es lo peor porque si solo lloviera vale, pero es que encima hay ventoleras que te dan la vuelta al paraguas y ya no solo estás mojado sino que encima te quedas con cara de tonto intentando inútilmente dar la vuelta al paraguas. A veces si te pones contra el viento, éste te ayuda en tan ardua tarea de intentar devolver el paraguas a su forma original pero eso no pasa siempre, además las varillas se resienten y terminas: mojado, con cara de tonto y con el paraguas torcido. A esto hay que sumar los charcazos que se forman justo al lado de la acera y que a los coches les gusta pasar a toda velocidad. Volviendo al tema del paraguas, lo más normal es que termine roto en la papelera más cercana (el mío bastante me duró el pobre).
Sabiendo tanta penuria como se pasa en los días lluviosos e intentando poner al mal tiempo buena cara, pedí a los Reyes Magos unas botas katiuskas, que resulta que ahora para ser más guays las llamamos “Wellies” un diminutivo que viene del nombre que se las da en los países anglosajones “Wellington Boots”, pero vamos que no dejan de ser unas katiuskas de las que se han usado toda la vida en las granjas para andorrear entre los purines y los barros, lo que pasa es que ahora hacen versiones más monas (como las que yo tengo) para poder usarlas en la urbe y así evitar que se nos mojen los pies y nos sintamos tan miserables como me siento yo cuando tengo los pies mojados. Los Reyes me trajeron mis “Wellies” y también un paraguas nuevo porque el mío se me rompió en uno de esos episodios que ya he descrito antes.
Bueno pues hoy ha llegado el momento de estrenar mis “Wellies” y mi paraguas; llovía, he salido a la calle
y ahí estaba yo toda contenta con mis pies resguardados del agua y feliz aunque llovía, con mi paraguas nuevo y mis botas nuevas dispuesta a ponerle al mal tiempo buena cara. Eran las nueve menos cinco de la mañana, estaba esperando a que el semáforo se pusiera en verde y aunque estaba muy alejada de la calzada para evitar que me salpicaran los coches ha sido inútil, tanto yo como los otros transeúntes no hemos podido evitar que nos salpiquen un poquito. La sonrisa se ha torcido un poco, pero bueno…los pies estaban sin mojar. Se cambia el semáforo y me doy prisa por huir del manantial que se estaba formando en la carretera. De repente cuando creía que estaba a salvo debajo de un soportal ha venido un viento huracanado que me ha dado la vuelta al paraguas (ya se me ha puesto la cara de tonta porque me da mucha vergüenza esa situación). He conseguido enderezarle pero…otro vendaval ha vuelto a girarme el paraguas y esta vez ha sido inútil la lucha, el viento nos ha vencido a mi paraguas nuevo y a mí y me lo ha roto. Así que, como he podido lo he cerrado y he seguido mi camino. Como llevaba gorro porque hacía frío no me mojaba mucho el pelo y recordemos que…los pies seguían intactos. Pero no ha terminado aquí la cosa, cuando a medio día he salido para comer seguía lloviendo, ya no tenía paraguas porque estaba roto pero seguía teniendo mi gorro que algo me hacía pero cuando he ido a cruzar la carretera, el viento, que no ha tenido bastante con romperme el paraguas casi me saca (literalmente) el gorro de la cabeza. Ha sido una sensación muy rara notar como s eme volaba un gorro de punto, que un sombrero vale pero un gorro…eso sí, esta vez he andado buena de reflejos y he conseguido ajustarme el gorro de nuevo y evitar ir corriendo por la carretera detrás de un gorro (eso sí que hubiera sido ridículo y vergonzoso). Por la tarde ha dejado de llover, cuando por fin he llegado a casa he respirado aliviada por encontrarme a salvo de los vendavales y las lluvias, yo que salía tan contenta por que estrenaba mis botas que son chulísimas, eso sí una cosa digo, muy monas, muy chic y todo lo que queramos pero ya las he estrenado que era lo que quería así que espero que el tiempo me acompañe y me las tenga que poner bien poquito.



martes, 17 de enero de 2012

LA LIGA NORTE

Tras las merecidas vacaciones navideñas, el 8 de enero tuve que volver a Bruselas con bastante pesar, todo hay que decirlo, porque en mis 18 días de vacaciones me acostumbré otra vez a la buena vida de casa, a no preocuparme de hacer la comida, a andorrear todo el día de acá para allá (que también en España doy muchas vueltas por ahí), a salir de cañeteo, compreteo, cine, patinar…en fin, todas esas cosas que una hace cuando está de vacaciones y que hacen que cueste mucho más volver a la rutina. El caso es que estaba yo toda triste y recién llegada, echando de menos el sol brillante de mi querida tierra castellana cuando entraron en la oficina mis dos compañeros italianos, anunciando a bombo y platillo que esa noche estábamos invitados a cenar en casa de otro italiano para celebrar el cumpleaños de uno de mis compañeros. Por supuesto que no me lo podía perder, el cumpleañero, Alessandro, es mi favorito en la oficina, con el que más me río y al que más bromas gasto y me gasta; además el día 20 de enero se termina su beca y su cumple era la excusa perfecta para reírnos y juntarnos un poco más todos antes de que Alessandro se vaya.
La fiesta tuvo lugar, como ya he señalado antes, en casa de otro italiano, que yo no conocía personalmente pero si que había oído hablar mucho de él por ser amigo de mis compañeros. El chico sabía español porque había estado en España de Erasmus y estaba muy contento por poder practicar el idioma con una española de verdad. Ni que decir tiene que la fiesta estaba llena de italianos, siendo una alemana (compañera de piso de otra de las invitadas a la fiesta) y yo las únicas extranjeras de aquella “pequeña república italiana independiente” que se había montado en un momento, eso sí, en ningún momento me sentí fuera de lugar sino todo lo contrario.
La fiesta fue muy divertida, italiano, español e inglés eran los idiomas a manejar indistintamente, yo ya no sabía n en que lengua me llegaba la información pero lo importante es que llegaba. Cenamos unos macarrones enormes cocinados con bacón y guisantes (estos italianos acompañan la pasta con cualquier cosa) y no paramos de reír en todo el rato, especialmente por las tonterías del cumpleañero Alessandro, mi otro compañero de trabajo Matteo y la que escribe este texto que suele ser objetivo de sus bromas, eso sí, al final se las termino dando yo con queso a ellos, lo que hace el asunto más divertido. El caso es que estábamos ahí todos contentos cuando de repente entró en la cocina otro italiano que nadie conocía. Hago aquí un paréntesis para explicar que la casa es la típica casa belga, muchas habitaciones que comparten una cocina y un par de baños  donde normalmente los inquilinos no se suelen conocer. El chico entró al oír el jolgorio y como era italiano, a todos les entró el sentimiento patriótico de acoger al compatriota y le invitaron a unirse a nuestra fiesta.
El chico con una media sonrisa, tomó asiento y comenzaron las presentaciones. A pesar de ver que no todos eran italianos, él comenzó a hablar en su lengua materna, tan rápido que yo solo pude entender algo así como que estaba trabajando para el Parlamento siendo el asistente de un Eurodiputado. Luego empezó a explicar quién era el afortunado político pero ahí si que no me enteré de nada, solo sé que cuando dijo el nombre de su jefe, todos los asistentes se quedaron mudos, incluso los corrillos que se habían formado a parte y que hablaban de sus cosas se quedaron petrificados y sin saber que decir. Yo pensé que quizá fuera un señor muy importante y que por eso a todos les extrañó, algo así como si irrumpiera de repente en mi cumpleaños el asistente de Rajoy, yo también me quedaría parada. Matteo incluso tuvo un ataque de calor, se despojó de su jersey verde y se marchó a la cocina un poco “encendido”, algo pasaba. Alguien rompió el silencio y la fiesta continuó, pero a mí ya me había salido la vena periodista y no podía quedarme sin saber quién era ese chico así que aprovechando que quería una coca-cola fui a la cocina donde Matteo me agarró por los hombros y dándome un medio empujón me metió en la cocina y cerró la puerta muy enfadado.- ¿Sabes quién es ese chico?, negué con la cabeza, -es el asistente de Matteo Salvini, un eurodiputado de la Liga Norte, un grupo racista italiano que…y comenzó a explicarme rápidamente parte de las “joyitas hechas y dichas” por señor y sus compañeros de partido. Mientras Matteo me contaba todo esto yo no paraba de escuchar los “Porca Troia” y “Cazzo que otros italianos que estaban también en la cocina repetían constantemente. Fue entonces cuando comprendí la reacción de todos, en Bruselas no hay sitio para comportamientos racistas porque todos somos extranjeros.
 De todas maneras, y a pesar del shock de los italianos asistentes a la fiesta por no compartir las ideas de la Liga Norte y ser todos contrarios a ella la fiesta siguió su ritmo con el bullicio y las risas con las que había comenzado: cantamos Raffaella Carra y me enseñaron un estúpido baile llamado “la danza della Panza” del que añado el link para que lo veáis en Youtube  http://www.youtube.com/watch?v=StqanmZg5_M.  Aun me estoy preguntando  cómo no fue en su día exportado a España como estúpida canción del verano porque es del más puro estilo Georgie Dann o Leonardo Dantes.
Para mí no tuvo ningún significado compartir asiento con un asistente de una persona que utiliza camisetas en las que se puede leer “Más ron y menos gitanos” y que es Eurodiputado y no cree en la Unión de Europa, ni siquiera cree en al de su propio país pues reclamaba la independencia del norte de Italia pero me parece una historia curiosa, una de esas cosas que a mí solo me pasan cuando doy vueltas por ahí.