PARA EMPEZAR...

PARA EMPEZAR...

Me llamo Marta Fernández, licenciada en periodismo, experta en Relaciones Internacionales y a un paso de ser Doctor en Ciencias Políticas.

Mi pasión por el periodismo y contar lo que pasaba comenzó siendo muy pequeña, quizá tuviera unos seis años, y veía a los reporteros en la tele, cada día en un sitio, contando historias diferentes, visitando muchos lugares, conociendo otras culturas y personas, todo muy apasionante. Y como siempre he sido muy cabezona eso fue justo lo que hice, convertirme en periodista y aunque no se si por azar o por mala suerte (o no), la vida no me está brindando la oportunidad de ser periodista pero si que me está dando la de viajar y conocer diferentes lugares, culturas y personas, a veces lejos de casa, otras veces muy cerca de ella, pero siempre encuentro en todo una historia que merece ser contada.

Ya decían Celtas Cortos "En estos días inciertos en que vivir es un arte", yo lo que pretendo es exprimir al máximo ese arte, contar mis experiencias y compartir mis viviencias que a veces son buenas y otras no tanto, pero que la mayoría de las veces dejan anécdotas graciosas y divertidas que me recuerdan lo maravilloso que es ir...Dando Vueltas por Ahí.



jueves, 30 de enero de 2014

EL CASTILLO DE CAERPHILLY


Hace dos domingo fui a visitar el castillo de Caerphilly. Caerphilly es una pequeña ciudad situada a unos veinte minutos en tren de Cardiff y alberga el segundo castillo más grande de Gales que además es el segundo más grande de todo Reino Unido.

La excursión a Caerphilly prometía ser tranquila, yo solo conocía a una de las chicas con las que iba a ir, las otras eran amigas suyas y nos las había visto nunca. La mala suerte hizo que Carla, la chica que yo conocía no pudiera venir porque al ser domingo el tren que la tenía que traer a Cardiff pasa con menos regularidad que los días de diario así que se quedó en tierra. Siguiendo sus indicaciones y las descripciones que me daba por whatssap al fin me encontré en el tren con las otras dos chicas: una española y una chipriota. Una vez hechas las presentaciones comenzamos a hablar y entre que yo hablo mucho y las otras que no se quedaban atrás nos pasamos tres paradas de Caerphilly, en realidad nos dimos cuenta del error porque la ciudad está a veinte minutos de Cardiff y llevábamos cuarenta en el tren. Así que nos bajamos en una estación en medio de la nada a esperar el tren de vuelta.

Como los domingos la vida en Gales tiende a paralizarse un poco, solo había un tren que daba la vuelta así que tuvimos que esperar en una estación que parecía que estaba en un bosque una hora entera. Ni que decir tiene que como el día era soleado y no había edificios hacía un frío que pelaba. Caminamos un poco para entrar en calor pero sin alejarnos demasiado de es estación fantasma no fuera a ser que volviéramos a perder el tren.

Pasada la hora más larga de mi vida y conociendo la vida entera de mis dos nuevas amigas cogimos el tren que nos dejó en Caerphilly. Una vez allí comimos un sándwich con una chocolatina y una fruta (sí señor ahí bien metida en la cultura británica) y visitamos el castillo.

La verdad que por fuer es muy bonito y está rodeado por un parque con lagos precioso, parecía que estaba en un cuento, por dentro ya es más normal. No tiene nada salvo habitaciones vacías y muchas goteras. Pero merece la pena visitarlo aunque mejor en primavera porque pasé tanto frío que solo estaba pensando en el chocolate caliente que me iba a tomar a la vuelta. Además me han dicho que el queso de Caerphilly está muy bueno así que tendré que volver para probarlo.
La visita terminó enseguida y como estabamos tiesas de frío decidimos volver a Cardiff y terminar allí la tarde en el café Nero. Con un chocolate con nata y ay entradas en calor nos alegramos mucho de haber escogido ese día para visitar Caerphilly porque había hecho sol y eso en Gales es algo que se ve muy pocas veces, al menos en invierno.

Salvo esperar en la estación en medio de la nada en este viaje no me pasó nada extraño, pero retomando mis aventuras con las cisternas de las lavabos…hora está averiada la del otro baño y garantizo que ni yo ni mi taza hemos tenido nada que ver y bueno aunque rota funciona un poco y mi cebra no ha tenido que volver a salir de la oficina nada más que para ser fregada en la cocina, vamos, donde tiene que estar.

miércoles, 22 de enero de 2014

LOS DUROS COMIENZOS


Hace ya dos años y algo que comencé este blog y la verdad, no esperaba que me fuera a dar para tanto y esperaba dejar de dar vueltas por ahí porque una llega ya a una edad en la que le apetece más quedarse en un sitio y solo dar vueltas para ir de vacaciones. De todos modos yo soy de esas personas que creen en el destino y si el mío es tan caprichoso supongo que será por algo. En fin, todo esto para decir…qué duros son los comienzos.

Y…¿por qué son duros los comienzos? Porque acostumbrarse a países, personas y culturas diferentes siempre es complicado al principio, todo esto teniendo en cuenta que al fin y al cabo yo siempre viajo por Europa por lo que las diferencias culturales son mínimas, no me quiero imaginar viviendo en Kuwait como mi amiga Marta o en Qatar como mi amiga Marisol o en Senegal como estuvo mi amiga Irene; en esos casos creo que me habrían echado del país por esa tendencia que tengo a meter la pata o estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Digo esto por una anécdota que me pasó el primer día de universidad que si bien no tiene nada que ver con la cultura del país (o al menos eso creo) si que tiene que ver con mi tendencia a las malas elecciones y estar donde no debo cuando no debo.

En la oficina de la universidad estoy sola, creo que hay más gente en otras oficinas del pasillo pero yo nunca les he visto, al igual que me gusta pensar que hay gente en el edificio aunque nunca haya visto presencia humana alguna. El caso es que en Gales yo no sé si por la humedad, la lluvia, el frío o qué tengo ganas de hacer pis muy a menudo. Había visto que enfrente de mi oficina está el baño de hombres  y la chica que me había dado las explicaciones de donde está cada cosa me dijo que el de chicas estaba por el otro lado. Fui a inspeccionar y en el otro lado solo encontré un baño para caballeros y minusválidos pero ni rastro del de chicas. Pensé que no tenía sentido que hubiera dos baños de hombres así que me metí en el de minusválidos que era el que me pillaba más cerca y ya no podía más. Hasta aquí todo bien, muy limpio y muy bien aunque me dio la sensación de que ese servicio no se había usado en milenios y no me equivocaba. Cuando fui a tirar de la cadena la cisterna estaba más seca que la mojama y yo me empecé a poner nerviosa porque no podía dejar el pis ahí. Muerta de vergüenza porque todo el mundo sabría que había sido yo ya que no parece que haya nadie más en el piso empecé a pensar cómo podría hacer llegar agua al váter para que se fuera el pis.
Mira tú por donde ese día me había comprado una taza para la oficina para el agua, el té o lo que fuera, muy bonita por cierto, de cerámica y con forma de cebra así que rauda y veloz por si a alguien le daba por entrar a ese baño me fui a coger la taza para echar agua en el wc. Y ahí estaba yo al más puro estilo Mr. Bean cogiendo agua del lavabo y echando “tazazos” por el váter, una situación muy ridícula la verdad, pensando que cualquiera que me viera en semejante situación y riéndome, por supuesto, de que siempre me tienen que pasar a mí esas cosas.

Tras muchos “tazazos” de agua el pis se fue, mi trabajo me costó y no he vuelto a usar ese baño ni creo que lo haga, total vaya al que vaya de ese edificio siempre será de caballeros y mi taza prefiero usarla para lo que la compré, tomarme un té calentito a media mañana.

domingo, 12 de enero de 2014

BIENVENIDA A GALES



Pues aquí estamos otra vez, dando vueltas por ahí tras un descansito por tierras españolas. Sé que a mis lectores les dejé con un sabor un poco amargo tras escribir sobre Teocles porque daba la sensación de que estaba triste pero hay que comprender que acababa de llegar de Bruselas tras pasar casi dos años allí y adaptarse a la nueva situación era difícil. Fue en junio cuando empecé a coger el gustillo otra vez a España y a estar en casa y di también muchas vueltas por ahí dentro del territorio español: el teatro de Mérida con su correspondiente visita a la ciudad, vacaciones en Torrevieja, coger níscalos…un no parar. Y cuando ya me había acostumbrado a estar en casa y estaba contenta otra vez llegó la hora de marchar de nuevo.

 Esta nueva aventura ya estaba programada desde enero del año pasado y consiste en pasar unos meses en Cardiff haciendo una estancia investigadora para mi doctorado el cual espero terminar a finales de este año. Todo el mundo me hace la misma pregunta, qué hasta cuando voy a estar aquí y yo siempre contesto lo mismo, que un mínimo de seis meses porque la vida da muchas vueltas, pero a día de hoy mis planes son estar a finales de junio disfrutando del buen tiempo español así que tengo que aprovechar estos meses para estudiar mucho y para disfrutar mucho también de esta nueva aventura.

Mi llegada a Reino Unido ha estado llenita de anécdotas desde que pise el aeropuerto de Bristol pero vamos a ir por partes. Como ya he dicho no tenía ninguna gana de venir porque estaba muy a gusto en mi casa, sin nada que hacer ( que era justo lo que me mataba) pero muy a gusto así que el día nueve de enero me lo pasé llorando como una magdalena: lloré en casa, lloré en el coche, lloré en el aeropuerto y lloré en el avión, luego me dormí y cuando me desperté ya estaba en Bristol y llorar no servía de nada. Cuando salí del avión se me retorció el morro al más puro estilo “morro retorcido” porque hacía mucho frío. Era un frío húmedo como el que hace en Holanda y no me gusta nada. Entré en el aeropuerto a coger mi maleta y tuve que pasar por el riguroso control de pasaporte que tienen los británicos. Con una sonrisa saludé a la señora que amablemente me  ayudó a poner el pasaporte en el escáner y entré en una especie de jaula; estaba encerrada frente a una cámara de fotos que tenía que fotografiarme la cara para indicar que había entrado al país. La cámara subía, bajaba, volvía a subir…pero nunca terminaba de tirar la foto, yo me estaba poniendo de los nervios y secretamente pensaba…ojala me manden a casa en el primer avión de vuelta, pero no fue así. –Quítate el gorro- me dijo un chico español, sino no te va sacar la foto nunca…-Primera metedura de pata, “welcome to UK”-.  Tras ese pequeño incidente me dirigí a recoger mi maleta, aquí si tuve suerte y me fui a ver si pillaba un taxi que me llevara a mi hotel. Fui donde en teoría estaban los taxis aparcados y los que vi no me convencieron mucho porque no tenían el cartelito que pone taxi donde lo tenían que tener y los conductores no me gustaban así que pregunté a unos españoles ( yo es que me fio siempre mucho de mis compatriotas que además están por todos lados) que me dijeron que había que ir a una oficina de taxis en el mismo aeropuerto para que ellos llamaran a uno. Así que así lo hice, me salió más caro pero llegué sana y salva a mi hotel. En el hotel no me pasó nada especial, solo que el ascensor estaba roto y yo llevaba un maletón de aquí te espero y una maletita que pesaba un quintal, pero un chico muy amable me subió el maletón al primer piso así que solucionado.

A la mañana siguiente otro taxi me llevó a la estación de Bristol para coger un tren destino a Cardiff que es donde voy a pasar estos seis meses, bueno, cinco en realidad J

El camino ha sido tortuoso porque moverse con dos maletas es una lata pero rompiendo con estereotipos he de decir que los ingleses son muy amables y me han ayudado mucho tanto en guiarme a los sitios como con mis dos maletas. Una vez en la estación de Cardiff he cogido otro taxi para que me llevara a mi destino, esta vez si que era más al estilo español y belga, todos los taxis en fila y coges el primero. Me ha tocado un conductor de Sudán que no paraba de hablar y de preguntarme cosas y yo, ansiosa por conversar (algo que he hecho con todos los taxistas desde que he llegado), contestaba sus preguntas y le preguntaba también. Cuando me ha dejado en mi casa me ha dado un papelito con su nombre y su teléfono por si necesito algo, me hubiera gustado más ligar con un galés que son guapísimos.

Mi casa está muy chula, mi casera es muy amable y a mis compañeros no les he visto, solo a una q se marchaba corriendo a pasar el fin de semana a Londres, así que aquí estoy yo sola en casa y sin conexión a internet porque no me han dicho la contraseña y ninguno ha contestado a las llamadas de la casera para dármela. Ahora si que estoy como Teocles encerrada en la habitación y sin internet, sin conocer a nadie y super descolocada. Pero es lo que tienen ir dando vueltas por ahí, los primeros días son un asco pero sé que en cuanto empiece a ir a la universidad todo cambiará (además tengo despacho) y que Cardiff me va a gustar mucho ya veréis porque ya os iré contando las “Marta´s adventures in Walesland”.


viernes, 17 de mayo de 2013

TEOCLES

Ya ha llegado la hora de poner fin a estos dos meses que me he tomado de vacaciones. Tienen su explicación, los que me conocéis sabéis que yo no hago nada sin una razón y la razón es muy sencilla: estaba acostumbrándome a mi nueva vida. Sí, ya no vivo en Bruselas, el contrato se terminó sin posibilidad de extensión (nunca la tuvo) y me vi obligada a volver. Lo que en un principio fue alegría en un mes se convirtió en aburrimiento y en tristeza porque esa es la parte mala de los que nos pasamos la vida de vueltas por ahí…no sabemos bien donde queremos estar porque nuestro sitio ideal no existe, tiene un poco de aquí y de allá por tanto la única solución es aceptar nuestras cambiantes realidades hasta que encontremos la NUESTRA y yo no la he encontrado de momento.
Sé que mi estancia en España tienen los meses contados porque en enero emigro otra vez y aunque en un principio también hay fecha de vuelta, cuanto más tiempo paso en mi pueblo más me doy cuenta que mi sitio no está aquí y no está aquí porque me marché hace mucho y tanto yo como el lugar y sus gentes hemos evolucionado por diferentes caminos lo que se traduce en que soy la pieza que no encaja en el puzle.  
Por tanto, aunque quiero seguir manteniendo el blog, aunque parece ser que solo lo leen mis padres, me va a costar bastante dado que apenas salgo de mi casa, las salidas se suelen resumir a correr 8 kilómetros cada día y ahora con una pequeñita lesión en el pié ni eso. Así que de golpe y porrazo he pasado de estar hoy en Alemania, mañana en Luxemburgo pasado en Francia a vivir encerrada en las cuatro paredes de mi casa o como dice la gente de mi edad a los que la vida les sonríe, tienen casa, coche, novios o maridos con los que viven y no se ven obligados a cruzar fronteras para vivir en países fríos y lluviosos, “la casa de mis padres” porque a los nómadas como yo de repente al llegar a su sitio de origen la gente les toma como a unos cirqueros que van y vienen sin aspiraciones en la vida y sin quehaceres y te miran con pena mientras hablan de cómo han preparado las lentejas  o si han pasado la aspiradora a su casa de repente te miran y dicen dirigiéndose a ti cosas como:
-Ah pensarás que somos unas marujas como a ti eso no te toca.
Claro que no porque cuando vivía en Bruselas mi madre se cogía el Ryanair de las 6:30 de la mañana, llegaba, me limpiaba la casa, me preparaba la comida y la cena para que la calentara por la noche y se volvía en el Ryanair de las 6 de la tarde. Tampoco he tenido que lavar, ni planchar, ni que limpiar el filtro de la lavadora, ni cambiar bombillas, ni arreglar la percha que se calló de la pared dejándome dos preciosos agujeros, ni que pinchar unos radiadores que llevaban sin ser pinchados desde la batalla de Waterloo.
La diferencia está en que la gente que anda dando vueltas por ahí, no tiene temas de conversación tales como la comida, la ropa, o la plancha. Bastante tenemos con acostumbrarnos a las nuevas culturas y los climas como para andarnos preocupando si el arroz ha salido bueno o malo, nos lo comemos y punto.


Bueno pensareis que qué tiene que ver Teocles con todo esto, es más, os preguntareis quién es Teocles, pues es mi tortuga. Teo, como la llamo cariñosamente, llegó a mi casa en septiembre del año pasado, de hecho nos hemos conocido más a fondo esta primavera cuando ella se ha despertado de su letargo invernal y yo he vuelto de Bélgica. Desde que se ha despertado Teo se pasa las tardes estudiando la manera de escapar de las cuatro paredes del patio de mi casa. Como yo estoy ociosa como ella, los días que hace sol me siento a observarla y veo su largo cuello estudiando cada rincón del patio, de repente se acerca a alguna de las paredes y hace un esfuerzo inútil por trepar mientras mira con sus ojos de serpiente al cielo azul. Entonces me acerco a ella, me mira, pestañea y la digo que no se preocupe que en esas cuatro paredes está bien que tiene comida y agua. Y ella vuelve a pestañear y a veces me mira con cara de mala y cuando me descuido se sube a cualquier maceta, o planta o cubo o lo que sea que encuentre que es alto para poder escapar. A veces se cae y tengo que cogerla, darle la vuelta y regañarla. Estas últimas semanas ha estado muy latosa, portándose muy mal por las tardes y rompiendo plantas en su ardiente deseo de marcharse. Incluso me planteé  buscar algún criadero de tortugas y llevarla allí porque aunque Teo no lo sabe, la entiendo un poquito, porque las dos estamos igual.
Esta semana ya ha estado más tranquila y no ha intentado escaparse, ha debido considerar que no va a estar en ningún sitio mejor que aquí, ahora hace las labores de cualquier tortuga normal: comer, pasear, darse un baño, subirse a algún tiesto pero a tomar el sol no para intentar ir más arriba. Yo la sigo observando sentada al sol porque no tengo nada mejor que hacer y porque según la mitología china las tortugas son  signo de sabiduría, vamos a ver si se me pega algo y me acostumbro yo también pronto a mi nueva situación tomando el ejemplo de la sabia Teocles.

miércoles, 20 de marzo de 2013

BRINDANDO CON TITO

El viernes por la tarde Sara, una chica de Croacia que trabaja conmigo decidió invitarnos a los compañeros becarios a su casa el sábado por la noche. Aunque llevaba una semana planeando ir a una fiesta griega llegado el momento me apeteció más ir  con mis compañeros de trabajo a casa de Sara y decir adiós al ucraniano Alex (el lunes volvería a su país) por millonésima vez. Tras las negativas de Joanna y Fátima de acudir a la reunión casera, cogí el autobús y a las nueve llegué a casa de Sara. El edificio era viejo por dentro y por fuera por lo que me extrañó que siendo hija de un adinerado croata viviera allí, cuando entré dentro de su apartamento comprendí por qué. Era un ático totalmente reformado compuesto por un saloncito, una cocina, un cuarto de baño y un salón todo nuevo y muy bien decorado. Me llamó muchísimo la atención el retrato de un señor que había en una de las paredes, me hizo pesar en el mariscal Tito  pero enseguida descarté la idea.
Éramos solo siete personas en La casa: un serbio, un ucraniano, una macedonia, una rumana, un holandés y yo. Curiosamente la única española y por primera vez en mi vida estaba en una fiesta con mayoría de personas de Europa del Este.
-Que quieres tomar?-, me preguntó Sara.
-Zumo- contesté sonriendo porque no me apetecía beber cerveza ese día.
-No- dijo el serbio Nemanja con su eterna sonrisa, -tienes que probar Rakia, que es una bebida típica de los Balcanes, además es casera-.
Temblé porque bebida destilada serbia, hecha en casa me da a mí que es demasiado espirituosa pero no quería hacer un feo a mis amigos balcánicos así que acepte un pequeño chupito mientras escuchaba las explicaciones de Nemanja:
-este es de melocotón aunque el más tradicional es de ciruelas y no te lo bebas de golpe que no estás acostumbrada-.
Bebí un sorbo de Rakia y sinceramente nuestro licor de hierbas es más fuerte, no me gustó mucho por lo que cambié al zumo y aparté el vaso para irlo terminando en el transcurso d e la noche.
-Quien es?- pregunté al fin mirando el retrato que me había llamado la atención al principio.
-Es Tito-contestaron Nemanja, Sara y Vera al unísono. –El mejor presidente de nuestros países- dijo Sara con orgullo, los otros asentían sin dejar de sonreír. 
Mientras hablábamos, reíamos y escuchábamos a Alex tocar la guitarra me sorprendía ver a una croata, un serbio y una macedonia, juntos y tan amigos. Hace un par de años conocí a una Bosnia que no quería ni oír hablar de los serbios ya la que le simpatizaban mucho. En cambio, cuando Nemanja y Sara se vieron por primera vez lo que dijeron fue “un anda que bien otro yugoslavo”, lo que me extrañó más aun.
Volviendo a la fiesta, de repente Alex hizo un parón para sacar de su mochila un casco que compró en el museo militar en Bruselas y que se lo quería dejar a alguien como legado porque no le cabía en la maleta.

-Espera- gritó Sara eufórica, yo tengo aquí otro- y de una estantería cogió un gorro cuartelero del ejercito del aire yugoslavo y se lo puso sobre la cabeza.
-Me encanta-dijo Nemanja, -me gusta mucho las cosas de Yugoslavia-. A modo de anecdota tengo que añadir que Nemanja se apellida Milosevic, lo que hace todo la cosa más curiosa. Eso sí, no tiene nada que ver con el ex-presidente Milosevic.

Yo que he estudiado bastante los Balcanes no daba crédito, Sara y Nemanja me rompían los esquemas y la idea que yo tenía de yugoslava, claro que también eran un claro ejemplo de lo que ya he leído en varios libros y que venía a decir que a los yugoslavos de a pié no les molestaba tanto ser yugoslavos como a los políticos.  Lo que pasa casi siempre.

De repente Alex en un ataque  de frío se arropó con una manta hasta la cabeza. Alex es un chico que se parece a la imagen que aparece en las películas de Jesús de Nazareth,  y con la manta en la cabeza por lo que todos nos reímos y se lo dijimos. También entre risas nos contó que una vez fue a visitar a su abuela que vive lejos de Kiev y no le aviso para darle una sorpresa. Cuando Alex llegó a casa de su abuela, ésta estaba en la calle mirando para otro lado. Alex saludó y su abuela se asustó:
-Jesús- exclamó la abuela.
-Abuela soy yo-dijo Alex.
-Oleksi (Alex en ucraniano), haz el favor de avisarme la próxima vez. Qué susto me has dado creía que eras Jesús-.
No podíamos parar de reír.
Así transcurrió la noche, entre chupitos de Rakia por parte de los balcánicos y vasos de zumo por parte del resto.

Tras las risas llegó la nostalgia, supongo que inspirada por el Rakia. Los balcánicos miraron con melancolía el retrato de Tito y comenzaron a decir que les gustaría una Yugoslavia unida, que separarse había sido una tontería. Según palabras de Sara:

-Ya ves-, dijo mirándome con cierta tristeza, -no queremos estar juntos, nos separamos con guerra y ahora queremos entrar todos en bloque en la Unión Europea. Quién lo entiende, es de locos.-

Miré el retrato de Tito que con un aire a Anthony Hopkins creo que hubiera aplaudido las palabras de Sara. Fue entonces cuando Nemanja llenó todos nuestros vasos de Rakia, haciendo caso omiso de las quejas de Alina, Mike y mías.

-Vamos, la ocasión lo merece, mirad que ambiente más multicultural- dijo sonriendo.

Entonces alzamos nuestros vasos, y brindamos por la multiculturalidad bajo la atenta mirada de un orgulloso Tito.

domingo, 17 de febrero de 2013

ESTO Y LO OTRO


Hay cosas que solo pasan en Bruselas, o por lo menos en mi pueblo no pasan, creo que ni siquiera en Madrid y por tanto yo digo que solo pasan en Bruselas. Pensareis que exagero pero os voy a mostrar aquí algunos ejemplos:

 -Como en muchas ciudades europeas en Bruselas hay que pagar para entrar en el baño de los bares, restaurantes, pubs, discotecas, etc. No en todos, pero sí en la mayoría. A mí a veces me fastidia porque tienes que pagar la entrada a un Pub con la que no entra consumición y luego encima tienes que pagar para ir al baño. Otras veces lo puedo entender, como en el caso del McDonald porque si yo estoy dando un paseo por el centro y de repente me entran las incontrolables gansa de hacer pis, voy al McDonald, pago por ello y no tengo el por qué comerme nada, ya he pagado por ese servicio. Además es una garantía de que el baño estará un poco decente (bueno, no siempre). El hecho de hacer negocio de una necesidad fisiológica, que absolutamente todo el mundo tiene,  provoca enfado en mucha gente y conozco a más de uno que me ha confesado que se permite el lujo de no apuntar correctamente al miccionar descargando de esta manera su ira por tener que pagar por algo tan natural e incontrolable. Hasta aquí podemos decir que pagar por ir a hacer pis no tiene nada de excepcional y es cierto, lo raro es cuando te encuentras ofertas, lo que me he dado el lujo de bautizar como “barra libre de pis” y que consiste en pagar un euro (en vez de las 50 céntimos que se te exigen cada vez que vas), te ponen un sello y puedes entrar toda la noche tantas veces como quieras sin necesidad de volver a pagar. ¿Como nos quedamos?, yo me quedé loca cuando lo vi por no hablar de la risa que me dio.

 -Otro ejemplo de cosas que se escapan a mi lógica me ocurrió a finales de marzo o principios de abril, ya no recuerdo, solo sé que era jueves, no hacía frío y que la lluvia había dado paso al sol nublado de Bruselas que te invita a ir a Place Luxe a tomarte algo con los amigos. Pensando en eso y deprisita iba a comprar a Carrefour caminando por la concurrida rue Beliard. De repente paró un coche ocupado por tres ciudadanos creo que magrebíes bastante fuertotes, uno de ellos con súper móvil en mano,  que me preguntaron sí sabía donde estaba la rue Chaussée de Lovain. Yo no sabía exactamente donde estaba pero sí más o menos por donde quedaba, lo malo es que  me encontré con el problema de que no hablaban inglés y yo en aquellos tiempos no me atrevía a hablar francés. Pero el tipo del otro lado del teléfono si que hablaba inglés así que aparcaron el coche en una calle paralela y me tendieron el teléfono para que diera las explicaciones. Aquí dejo una nota a mis lectores que no piensen que soy una intrépida que me fío de cualquiera porque como ya he dicho es una calle muy concurrida y el peligro es mínimo. Hablé con el tipo y cuando terminé colgamos, algo un poco tonto por mi parte porque digo yo que el tipo del otro lado del teléfono les tendría que dar mis explicaciones pero bueno. Cuando me acerque a la ventanilla del coche para devolver el súper móvil el conductor arreó una torta al copiloto, éste a su vez se la devolvió y el que estaba sentado en la parte trasera miraba divertido. De repente se quitaron las cazadoras, se las arrojaron al de atrás, salieron del coche y se empezaron a dar de tortas. A todo esto, yo retirada con el móvil en la mano esperando a que terminaran de pegarse para podérselo devolver y el otro chico intentando separarles. Creo que se habían olvidado de que yo estaba allí. De repente se dieron cuenta de mí, pararon y me sonrieron, yo ya tenía un poco de mala cara porque llevaba prisa ya que tenía que comprar y había quedado para ir a Luxe y no me apetecía perder el tiempo viendo como nadie se pegaba. Se disculparon muy sonrientes, les dí el móvil, les indique como tomar la avenida principal y que llamaran a su compañero de nuevo (eso si lo sabía decir en francés) y me alejé de allí muy sorprendida por el espectáculo de lucha libre a lo cutre que acababa de presenciar. Y me dio un poco de risa imaginando la pinta de tonta que tenía que tener ahí en la calle, de brazos cruzados, con un móvil ultimo modelo en la mano, mirando como tres gañanes se daban de tortas vete a saber por qué.

 -Pero aquí no ha terminado todo porque ni siquiera en mi casa estoy libre de sobresaltos y no, esta vez no es ninguna sorpresita por parte de mi compañera de piso, esta vez fue uno de los amigos de mi compañero. Era el primer fin de semana de diciembre y Pablo había organizado una fiesta, creo que ya he dicho en alguna ocasión que es DJ. Cuatro amigos suyos de diferentes puntos de España que habían estudiado todos juntos en al universidad decidieron venir a visitar la capital de Europa y de paso no perderse tan magno evento que cada vez va adquiriendo más fama local. La fiesta fue un viernes, divertida, lo pasamos bien…esas cosas que tiene las fiestas. La sorpresa vino al día siguiente por la mañana. El sábado tras levantarme, apañar la habitación y esas cosas, me disponía a colocarme mi bufanda para salir a dar un paseo matutino por el centro cuando de repente se abrió la puerta de mi habitación y apareció un chico en calzoncillos con un gorrito  de esos de mafiosos que llevan los guays ahora para salir), esponja, jabón y toalla dispuesto a darse una ducha (supongo). Mi cara la podéis imaginar:

 -Hola, ¿puedo ayudarte?- pregunté muy sorprendida y algo molesta.

-Creo que me he confundido, ¿por qué hablas español?- me contestó el chico.

-Creo que si que te has confundido.- contesté aguantándome las ganas de darle un sopapo. –Y hablo español porque soy española, la otra chica es la que no lo habla porque es griega.

-Pero, ¿cuántas españolas sois aquí? porque ayer en la fiesta conocí a otra-.

- Yo sin gafas-contesté sin dejar de pensar en lo absurdo de la situación. –¿Quieres algo?- Volví a preguntar porque me tenía que ir y me parecía estúpido estar hablando con un tipo en calzoncillos con un gorro en la cabeza.

-Busco el baño, es que me han dicho que está al final del pasillo- dijo el chico sonriendo como si en vez de estar en ropa interior y con un sombrero, estuviera con un traje de Hugo Boss.

-Final del pasillo a la derecha- dije aguantándome la risa.

-Bueno, gracias, luego te veo- dijo un pelín avergonzado, -perdona otra vez-.

 Lo que más me impactó no fue que anduviera por la vida sin ropa que al fin y al cabo la gente en la piscina y en la playa va prácticamente así sino…QUE LLEVARA UN SOMBRERO DE MAFIOSO A LA DUCHA, de verdad que me estaban dando ganas de darle un bofetón para quitarle el resacón y que espabilara.

 
En fin, como dicen Patri y Luci: -tú allí no te aburres-, y es cierto, porque con cosas así es imposible hacerlo.

martes, 12 de febrero de 2013

EL CARNAVAL DE COLONIA

Siempre me ha gustado disfrazarme, un baile en el colegio, teatros, alguna fiesta…todo lo que este relacionado con la palabra “disfraz” me gusta muchísimo, por tanto es fácil imaginar la ilusión que me hace el carnaval. Lamentablemente no toda la gente que conozco comparte esta afición a la absurdez del disfraz y en más de una ocasión me quedo con las ganas de ser quien yo quiera por unas horas.

El año pasado tuve mi carnaval gracias a unos italianos que decidieron celebrarlo con una fiesta casera, algo muy de andar por casa. Aun así a mí me hizo mucha ilusión y ha sido una de las fiestas en las que mejor me lo he pasado. Este año pintaba mal, no había espíritu carnavalero y parecía que el único disfraz que vería sería a través de las fotos de los otros en Facebook y muriéndome de envidia…no sabéis lo equivocada que estaba.

 El jueves recibí un mensaje de Fátima: Carnaval en Colonia (Alemania), y un resumen de todo el planing… mi respuesta no se hizo esperar, además ¨Morro Retorcido¨ y sus secuaces (sí ahora tienen secuaces) estaban muy plastas y me apetecía evadirme y maquinar mi disfraz más que pensar en los desaires que me hace que cada día me dan más impotencia y me ponen más dolor de cabeza. El viernes por la tarde fui con Fátima al centro a las tiendas de disfraces, ya sabía de que me iba a vestir y me hacía falta una pajarita para terminar de rematar mi disfraz, por un día quería ser un mago. Elegí ese disfraz por varias razones muy sencillas: me gusta, es simple, tenía casi todas las cosas y por que yo soy el mago de mi casa, me explico, en mi casa de Bruselas todo el mundo piensa que las cosas se hacen por “arte de Birlibirloque”: fregar el suelo, limpiar el baño, cambiar el rollo de papel higiénico, sacar la basura…Obviamente Birlibirloque soy yo así que por un día me quise convertir en ese personaje y mostrárselo al mundo. Fátima optó por un disfraz de vaquera, también muy fácil pero terminó siendo una pirata porque el gorro que tenía era más de pirata que de vaquera.

 El sábado por la mañana Joost vestido del típico empollón de las series norteamericanas nos recogió en casa de Fátima y pusimos rumbo a Colonia donde habíamos quedado con otros dos españoles. El viaje se me hizo corto porque fuimos hablando sin parar y riendo con las cosas de Fátima y del disfraz de Joost que se había puesto los pantalones pesqueros con los calcetines blancos y unas gafas como las de cuando mi padre estaba en la mili, que ahora parece ser que se vuelven a llevar, pero que siguen siendo de empollón. A algo más de la mitad de camino decidimos parar en una gasolinera porque era ya media mañana y teníamos un poco de hambre, también aprovechamos para ir al baño. Hacía ya un rato que habíamos empezado a ver los carteles en alemán y pensábamos que ya habíamos pasado la frontera. Al entrar en el baño de la gasolinera vimos que estaba limpio y olía bien:  

 -Mira, se nota que estamos en un país civilizado.-Me dijo Fátima.

 Yo me reí muchísimo porque si que es verdad que los belgas son poco curiosos y era bastante sorprendente que la gasolinera estuviera apañada. Cuando fuimos a pagar nos dimos cuenta que aun estábamos en Bruselas lo que nos descolocó un poco pero a unos 100 metros más allá de la gasolinera encontramos el cartelito que nos daba la bienvenida a Alemania lo que solventó nuestra duda de la limpieza. Decidimos que la zona fronteriza se podía considerar zona civilizada del territorio belga. A la una llegamos a Colonia, encontramos el centro sin problemas (Joost lo encontró) y aparcamos en un parking muy cerca de la catedral. Hacía sol, mucho frío y los primeros disfrazados ya paseaban por las calles. La fiesta podía empezar.  

La puerta de la catedral era el punto de encuentro, me quedé maravillada y asombrada ante el edificio. La catedral es inmensa y muy, muy bonita. Había mucho ambiente festivo: gente disfrazada y con cerveza en mano bailando al ritmo de pasacalles a la alemana, barracones improvisados donde se vendían cerveza y salchichas de todos los colores y tamaños donde no faltaba la música y el bailoteo, casi todo el mundo con gorros en al cabeza…la imagen contraria a la que se nos vende de los alemanes. Mientras esperábamos al resto optamos por probar una salchichaza (porque eso una salchicha normal no era) y probar la tradicional kolsch (cerveza local). Al ratito llegaron los compañeros disfrazados de científicos locos y nos dirigimos a uno de los bares del centro. Allí más de lo mismo: mucho disfraz, cerveza aquí y allá, música, baile y gente amable y muy contenta. Eran un estilo las fiestas de Torrijos a la alemana, lo pasé muy bien. Después de ese bar fuimos a otro a orillas del río, estaba atardeciendo y el paisaje era muy bonito. Allí seguimos con el bailoteo. Cenamos temprano para coger fuerzas y seguir nuestro día festivo.  Me llamó la atención fue que había muchísimos chicos disfrazados de monja y de “Mario y Luigi”, no se si es que está de moda en Alemania o qué.

 
Poco a poco se nos fueron acabando las pilas, la cena en lugar de animarnos nos adormiló aun más y a las diez decidimos poner rumbo a Bruselas. Entramos en el parking e introducimos el ticket para pagar pero la maquina no quería aceptarlo. De repente apareció un señor que nos dijo que le diéramos el billete. Yo supuse que era el señor del parking, además tenía toda la pinta y justo apareció cuando estábamos en apuros, vaya que debía tener alguna cámara de vigilancia. Fátima no pensó lo mismo y agarró el billete como si no hubiera mañana mientras decía que no se lo daba a nadie. Yo la miraba extrañada y sin decir nada porque el cansancio no me dejaba pensar ni argumentar y Joost apoyaba la decisión de Fátima. El señor se marchó un poco disgustado y Fátima decidió llamar al timbre de la máquina para que alguien viniera en nuestra ayuda. De repente volvió a aparecer el hombrecito echándonos una regañina, Fátima se quedó sin habla (y eso es muy difícil), yo asentía con aires de suficiencia porque había tenido razón y Joost se  disculpaba en holandés ya que el señor solo hablaba alemán y con los holandeses se entienden (algo así como españoles e italianos). Una vez solucionado el problema volvimos a Bruselas, pro el camino parece ser que nevó yo no lo sé porque me quedé profundamente dormida antes de salir de Colonia, estaba muy cansada y solo quería dormir y seguir soñando con el carnaval de Colonia porque me había gustado tanto que no quería que se acabara el día.

 

 

domingo, 27 de enero de 2013

NIEGE, NIEGE...JE TE DETESTE!!!!!!

El año pasado dediqué una entrada a la lluvia, concretamente al horror que me dan los días lluviosos, eso sí, todo perfectamente argumentado que no me gusta a mí juzgar así como así. Odiaba este fenómeno meteorológico porque no conocía otro peor, mi experiencia cognitiva se limitaba a dos: lluvia-sol, el centro de España no da para más. Puede haber un poco de aire, ya sea frío o caliente, en verano hasta calima, o puede, como pasa casi siempre que ni aire ni nada. La primera vez que vi nevar tenía doce años y me emocioné tanto que escribí una carta a mi abuela, que en esos momentos vivía en Alicante, para decirle que estaba nevando. Indescriptible la alegría que me dio ver que la nieve había cuajado un poquito, por eso, me ofrecí voluntariamente a ir a comprar el pan para poder pisar la nieve. En cuanto puse un pié en el suelo me resbalé y me caí al más puro estilo Bambi, en ese momento aprendí que la nieve y yo NO, que a lo mejor para un ratito, para pasar un día, pero nada más.
 Durante todos estos años la nieve no me ha molestado mucho, solo un par de veces como el día de la gran nevada que colapsó Madrid durante toda una mañana hace un par de inviernos y poco más. Incluso aquí en Bruselas el invierno pasado quiso ser bueno conmigo y solo nevó un día, eso sí una grandísima nevada que nos tuvo con nieve por el suelo una semana, pero bueno.

 

Pero este año no iba  a ser tan afortunada, “el General Invierno” como decían los rusos me ha declarado la guerra abiertamente y llevamos con fríos imposibles y nieves casi todo el mes de enero. Las nevadas no son como las españolas, que duran tres ratos, no, aquí la nieve dura una semana (o dos) en el suelo y se congela y ya no sabes si caminas o patinas. Para más INRI, aquí tampoco están preparados para la nieve y casi  no echan sal, ni hay quita nieves ni narices, la nieve la retiran los coches o los viandantes, ya sea con los pies o con el mismísimo trasero.

 Otra de las razones por las que odio la nieve es porque no puedo apenas salir de mi casa, como hace tanto frío no se donde ir, además a pesar de llevar gorro se me hielan las orejas y la nariz, las botas me resbalan y las únicas que tengo que agarran bien en la nieve son las de agua con las que se me quedan los pies tiesos de frío aunque lleve calcetines de piel de oso. Por descontado que tampoco puedo ir a correr porque si las calles están repletas de nieve el parque ya ni os cuento, y toda esa inactividad se traduce en frustración y/o mala leche. Fátima me dice que yo soy una persona que tiene mucha energía y que necesita estar siempre haciendo algo para poderla quemar, esa es su manera de explicar que me  vaya a trabajar, al volver me de un paseo hasta el centro para hacer la compra, vuelva, me vaya a correr, me duche y salga a tomar algo. Todo esto rapidito para más o menos cumplir con todas mis horas y poder estar a tiempo en casa para cenar e irme a dormir a partir de medianoche. Yo no sé si es energía de más o que mis antepasados eran nómadas del desierto del Kalahari, el caso es que a mí estar parada me mata y por la estúpida nieve llevo casi un mes yendo de casa al trabajo y del trabajo a casa por lo que estoy como los toros. Sumemos a eso las tonterías de “Morro Retorcido”, la alergia a la limpieza y a cambiar el rollo de papel higiénico de mi compañera de piso y el estupendísimo parte meteorológico que se empeña en mostrarme cada día que el invierno no ha terminado y así, podremos encontrar la explicación de porqué hoy me gustaría ser un oso para dormir hasta primavera, merendarme a morro retorcido nada más despertar para que no vuelva a dar la lata y holgazanear por el bosque con el buen tiempo sin molestarme de cambiar el rollo de papel higiénico porque a los osos no les hace falta.

domingo, 20 de enero de 2013

MORRO RETORCIDO


Dando vueltas por ahí no se conocen solo lugares si no que mis idas y venidas me están dando la oportunidad de conocer a muchísima gente de diferentes nacionalidades, cada uno con sus cosas buenas, malas, sus rarezas, sus costumbres y un sinfín de cosas más. Por tanto hoy he decidido dedicar la entrada por primera vez a una de esas personas que me he encontrado por aquí. Esta persona no se caracteriza por ser mi mejor amiga, ni divertida ni nada por el estilo, se caracteriza por ser la persona que mas horror me da de toda Bruselas. Muchos días el hecho de verla aparecer por la puerta de mi oficina puede tenerme amargada un par de horas y es que “Morro Retorcido”, ese es el mote que la he puesto, es tan toca narices que quedará grabada en mi memoria para siempre solamente por todo lo que me molesta cuando estoy haciendo mi trabajo. Muchos os preguntareis que hace esta buena señora para que me dé tanto horror, pero vamos a ir por partes y a empezar por las presentaciones.

“Morro Retorcido” es una de mis superiores, no es mi jefa directa, ni siquiera es mi tutora, es simplemente la responsable de una de las secciones del departamento en el que trabajo que piensa que los becarios somos tontos. Dado que ella es francesa si encima de becaria eres española aumenta la percepción de grado de estupidez que ella tiene sobre ti. El día que nos presentaron recuerdo sus ojos saltones mirando por encima de las enormes gafas que se pone solo para trabajar y con las que pretende ser moderna y su morro retorciéndose bajo una expresión de: -Oh Mom Dieu, otra española-. Cuando me preguntó si hablaba francés dije que no pero que podía entenderlo si me hablaban despacio. Con esa respuesta “Morro Retorcido” me hizo una cruz que a día de hoy y tras casi un año trabajando con ella sigo arrastrando. Su apodo viene porque al hablar francés hay que poner morritos y a ella las arrugas le han salido de acuerdo a eso y se la ha quedado como el morro para afuera, luego como hace más gestos que una mona cada vez que mira los papeles del trabajo (todo el día) pues se le ha quedado la boca así, no sé rara.

Dado que soy becaria, española y no hablo francés, “Morro Retorcido” ha supuesto que no sé hacer las cosas y al entrar por la puerta de nuestra oficina, se dirige en francés a mi compañera Alexandra, otra becaria de Rumania que sí habla la lengua gala. Le encarga las tareas y desaparece y Alexandra tiene que delegar en mí algunas de esas tareas porque no puede ella con todo y yo con nada, otros días me mira y repite lo que ya ha dicho en inglés a lo que yo ya cansada de tantas tonterías le digo que he entendido perfectamente en francés y que no es necesario que lo repita. Esto lo lleva haciendo desde el principio y fue una cosa que no le tomé mucho en cuenta porque sé que algunos franceses son así porque ya me lo habían hecho antes en el otro trabajo, pero lo que me empezó a tocar las narices fue el episodio de las direcciones. Tenemos una base de datos con las direcciones de todos los pensionistas para poder enviarles los papeles que necesitan. De repente empezamos a tener problemas con las direcciones de Francia y la mayoría de las cartas venían de vuelta porque el número de la casa en Francia lo ponen antes que la calle y en el sistema aparecía al revés (sin comentarios sobre la eficacia de los carteros franceses). La prodigiosa mente de “Morro retorcido” debió atar cabos y pensar que el problema empezó desde mi llegada así que me llamó a su despacho y me empezó a explicar el problema añadiendo que cuando introdujera direcciones en el sistema lo hiciera bien. Yo me quedé extrañadísima porque yo no he introducido una dirección en el sistema en mi vida porque no es tarea mía pero bueno no  dije nada. Dos días después me volvió a  llamar al despacho y otra vez la misma historia pero esta vez si le dije que yo no sabía nada porque yo no era la encargada de hacer esa tarea. El punto culminante fue cuando a los pocos días volvió a llamarme para lo mismo y cansada le dije que el problema iba a seguir existiendo porque ella llamaba al orden a la persona equivocada por tanto, quien lo hiciera mal iba a seguir haciéndolo mal porque no sabía que estaba mal ya que la única que parece ser que lo sabía era yo que no hago esa tarea. “Morro Retorcido” había abierto conmigo la Caja de Pandora, el mal estaba hecho, ya le había cogido horror.

Pero la historia no terminó ahí, siempre que había algún fallo en un papel, fuera mío o de Alexandra ella venía a mi mesa y me decía que estaba mal, aun sigue ocurriendo. Un día tuve que mandar un e-mail a un señor en inglés, me faltó en un verbo poner la s en tercera persona y me dijo que a partir de ese día ella quería supervisar todos y cada uno de los e-mails que enviaba para ver si estaban correctos. Obviamente no lo hago, los envío y punto. Otra estupenda ocurrencia es recordarme cada vez que cambiamos de mes que tengo que cambiarlo también en el tampón del sello porque una vez de cien mil cartas que envío olvidé cambiarlo.

Podría crear un nuevo blog con las historias de esta mujer porque no hay semana que no venga con alguna tontería cuando no son dos o tres, lo hayamos hecho nosotras o no y especialmente yo. La semana pasada nos hizo ordenar y limpiar un armario, obviamente yo pasé un papel así por encima para quitar un poco el polvo y listo porque yo no estoy ahí para limpiar nada. Y el viernes para rematar la semana vino a última hora contándome no se qué de unos papeles, una cosa que yo no tenía porque saber y ella diciéndome que la tengo que preguntar, cosa que no es cierta, pero bueno…era viernes y se conoce que había que hacer el remate de fin de fiesta. Al principio le hacía poco caso pero ahora ya no le hago ninguno porque creo que eso le molesta más.

A pesar del horror que me da “Morro Retorcido” reconozco que me da mucho juego y me llena de anécdotas, Bruselas no sería lo mismo sin ella…son las cosas de ir dando vueltas por ahí.

Nota: Por razones obvias esta vez no puedo añadir ninguna foto, no quiero tampoco pensar el morro que pondría si le pido una o voy con la camara a sacársela.

lunes, 17 de diciembre de 2012

MI CUMPLE BELGA


A pesar de mi más que incierto futuro y de que ya voy teniendo una edad y nada está claro en mi vida, tengo que confesar que me encanta cumplir años porque nunca pienso en realidad los que cumplo. Me gusta mucho que la gente me felicite, sí, me gusta muchísimo y me da igual la manera, lo importante es que ese día me dediquen unas palabritas.

Normalmente en mi familia tenemos una especie de ritual cumpleañero que consiste en ir todos a despertar al protagonista del día, felicitarle, darle nuestros regalos y disfrutar todos del momento. Pero yo ya llevo dos años en que no puedo hacer eso porque estoy lejos de casa, aun así siempre hay alguien que recuerda mi cumple y me hace ese día muy especial. Hace un año Fátima me organizó una sorpresita apareciendo de repente en casa con mis compañeros de piso, otra amiga, una tarta de manzana y regalos, gritando como loca el cumpleaños feliz, me alegró mucho un día en el que más que nunca me acordaba de los míos. Este año ha sido también muy bueno, con muchas felicitaciones y sorpresas…y como no…con la “martada” de fin de fiesta para terminar de rematar la faena.

 

La primera sorpresa la recibí el miércoles 12 por parte de Javi, como se iba a Bolonia justo el día de mi cumple a pasar todo el fin de semana, me regaló la entrada para ir al estreno de la película “El Hobbit". Me gustó mucho el regalo porque tenía muchísimas ganas de ir a ver la peli. Javi se portó muy bien en el cine (claro que ya iba advertido de que no quería escuchar ni un susurro), aprovechó para hablar un montón y sin parar antes de la peli y durante los anuncios pero en el momento clave supo mantener el tipo, eso sí, no pudimos evitar risas e intercambio de opiniones a pesar de habernos propuesto no abrir el pico durante las casi tres horas. Fue una tarde muy divertida.

Al día siguiente, cuando me desperté ya tenía los “veintitodos” pero estaba muy contenta porque ya había comenzado el chorreo de mensajes al móvil de todos aquellos que se acordaban de mí, llegué al trabajo y allí Alexandra, mi compañera de oficina, me esperaba con una flor de Pascua y un libro de recetas con M&M’s, que son uno de mis dulces favoritos. Por su parte mis compañeros de departamento me regalaron una tarjeta  y una caja de bombones Neuhaus que también son de mis favoritos. También, dos días antes había recibido también una felicitación por correo postal de mis padres…vamos que mi cumpleaños no podía ir mejor.

 A las cinco y veinticinco, loca de contenta me fui a casa, había quedado con Fátima y Joanna en Place Luxe para celebrar el cumple con ellas tomándonos las cervecillas de rigor. Llegué a casa, me duché y cuando me estaba secando vi como goterones de sangre caían al suelo, asustada intenté buscar la fuente de mi horrible descubrimiento y vi mi estomago, tripa y pierna izquierda ensangrentadas también. Asustada me miré la mano, y allí encontré el pequeño capilar roto que tengo en el dedo sangrando como loco. Ya me ha pasado más veces así que lo tapé como pude y me dispuse a limpiar la carnicería que mi diminuta herida había liado. A la vez estaba preocupada porque la última vez que me pasó tuve que ir al médico a que me cortaran la hemorragia y claro esta vez no iba a ser menos. Estuve durante unos veinte minutos intentando en vano parar aquel grifo pero era inútil, un poco desesperada me vestí como pude y llamé a Fátima para contarle mi problema y pedirle que me acompañara a urgencias porque estaba sola en casa. Fátima vino corriendo trayendo consigo un montón de gasas por si acaso nos hacían falta. Mientras me ayudaba a vendarme el dedo, Fátima iba practicando en francés lo que le iba a decir al médico, a mí me daba mucha risa porque Fati se mete mucho en el papel, finalmente decidimos meter el diccionario de francés en el bolso por si acaso y nos marchamos al hospital. El camino se me hizo muy ameno porque Fátima me iba entreteniendo y haciéndome reír mucho, más que al médico parecía que nos íbamos de fiesta. Bajamos en la parada de Poret de Hall y comenzamos a andar por un barrio no muy recomendable porque el hospital estaba por allí. Tuvimos que dar una vueltecita pero al final lo encontramos ycuando entré me dio la sensación de que tampoco era un lugar muy recomendable. Me destapé el dedo y había dejado de sangrar, pero lo toqué un poco y comenzó otra vez así que nos acercamos a la recepción a pedir turno. Muy en su papel de madre Fátima me pidió que no me riera mientras ella explicaba que me había pasado y me pidió la tarjeta sanitaria europea para que tomaran mis datos. La enfermera no escuchó la explicación de Fati, solo miró mi dedo, y nos mandó a la sala de espera. Enseguida me llamaron para que pasara a otra sala de espera que me gustó menos que la primera porque había enfermos en camillas por los pasillos, gente con pinta rara y me daba la sensación de suciedad. Aun así Fátima me estaba alegrando la estancia con las cosas que me contaba y me seguía haciendo reír muchísimo. De repente se abrió una puerta tras la que se podía ver una consulta y un hombre con pinta sucia que decía en español no se qué de perros y gatos, una enfermera, que tenía rasgos magrebíes, le dijo también en español que se esperara pero tan pronto como la vio alejarse, el señor se puso su chaqueta y se marchó por donde había venido. Al rato un médico vino preguntando por él y nosotras le dijimos que se había ido, la noticia no pareció gustarle mucho al doctor, yo estaba alucinando porque más que un hospital parecía un manicomio. Tras unas dos horas de espera (el dedo ya había dejado de sangrar) y tras oír unas cuantas veces “enseguida os atendemos”, un enfermero nos hizo pasar a una consulta y me pidió que me tumbara en una camilla. A mí me daba  un poco de cosa tumbarme porque aunque la camilla estaba limpia el hospital no me inspiraba confianza. El enfermero me pregunto qué me pasaba y Fátima le explicó en francés pero tampoco pareció hacer mucho caso:

-¿Tienes puesta la vacuna del tétano?, preguntó el enfermero

-¿Pero que está diciendo del tétano?, dije a Fátima, -si yo no me he cortado-.

Entre las dos y ahora en inglés le volvimos a explicar lo que me pasaba pero él seguía empeñado en la vacuna del tétano mientras yo negaba con la cabeza y no paraba de decir que no, que a mí vacunas no me ponían. Al final el enfermero cansado se fue a llamar al médico. De repente apareció el doctor que más que un médico parecía un presidiario, con él se repitió la misma historia y ni siquiera me limpió la sangre seca del dedo por lo que no pudo ver lo que tenía. Pensaba que era un corte y pasaba de nuestras explicaciones, lo mismo le daba inglés, que francés que mi desesperación en español diciéndole a Fátima que no nos estaban entendiendo, el médico seguía pensando que me había cortado y dañado una arteria, que por eso me salía sangre y que me tenía que poner la inyección del tétano porque si me la pusieron con 16 años me la tenía que haber renovado hace tres. Yo le dije que en España no nos hacía falta la vacuna del tétano y Fátima empezó a preocuparse porque no la teníamos puesta, yo intenté tranquilizarla diciéndola que seguro que en nuestro país no era obligatorio ponérsela porque no está tan sucio como Bruselas, cosa que sigo pensando, pero aun así dijo que quería preguntarlo en Toledo. Volviendo al tema, el médico seguía erre que erre con la vacuna y yo ya incorporada en la camilla y según Fátima con una cara de preocupación enorme seguía diciendo que no y que no a la dichosa vacuna. El médico se cansó y me dijo que si no quería inyección que me ponía una tirita y para casa, llamó al enfermero y fue lo que me hicieron: betadine, tirita y “ale bonita para tu casa”, eso sí antes tuve que pasar por caja y pagar 45 euros, es decir, el desinfectante y la tirita más caros de la historia, eso sí me dieron la factura para que pida el importe a la seguridad social española…me ahorro el comentario.

Salí del hospital muy indignada por el trato recibido y por haber tenido que pagar por nada, aun así, estaba muy agradecida con Fátima por haberme acompañado y amenizado en esa tarde de cumpleaños tan surrealista, si así empecé los veintinueve creo que este año…promete.

domingo, 9 de diciembre de 2012

VUELTA A NEKLA


Por la mañana nos levantamos temprano, Arek nos había despertado a las seis para despedirse de nosotras porque se tenía que ir a clase. Volvimos a dormir y nos levantamos sobre las nueve y pico, desayunamos y nos marchamos a ver la universidad de Poznan. Es un edificio antiguo y muy bonito, además brillaba el sol por lo que se hacía más llevadero estar en la calle. A pesar de que Joanna ya tenía sus botas me hizo entrar a más zapaterías porque quería mirar más. De nada sirvió que le dijera que me parecía una tontería porque ya tenía las suyas, pero bueno.

El día de San Martín estaba cerca y concretamente en Poznan se celebra mucho, hacen unos bollitos especiales llamados Rogale  Świetomarcinskie que es un bollo con forma de croissant relleno de una crema de nueces (creo). Estaba muy, muy bueno y Joanna se cuidó mucho de que los probara de la mejor pastelería de Poznan. Compré unas postales para mandárselas a mis padres y a mi hermano (tengo la costumbre de enviarles postales de los países que visito) y anduvimos a la parada del tranvía para bajar el pastel.

Cuando llevábamos un par de paradas de tranvía se subió un chico guapísimo, alto, rubio y bien vestido, llevaba como una bolsa de deporte. Joanna y yo que estábamos en una animada conversación nos callamos unos segundos al paso del chico y nos miramos con cara de aprobación:

-¡Qué guapo!-exclamó Joanna en español y a grito pelado en el tranvía. (Habíamos acordado que nuestro idioma para hablar de la gente que teníamos delante o cerca sería el español para evitar que nos entendieran).

De repente el chico se dio la vuelta y nos miró.

-¿Entiende?-preguntó Joanna de nuevo en español más roja que un tomate.

Yo no podía parar de reír. Le expliqué que no creía que la hubiera entendido que simplemente se habría girado porque escuchó un idioma raro. No sé si fue así o no pero nosotras continuamos hablando de lo guapo que era ese chico en español, lo mismo nos dio que nos entendiera o que no. Cuando nos bajamos él también lo hizo y tomó nuestra misma dirección. Joanna sonrió y me dijo que a lo mejor era el nuevo compañero de piso de su hermano porque ella no le conocía y no sabía quién era y que a lo mejor nos encontrábamos con él en la casa y podíamos hablar…en fin, una buena historia que se inventó, como el cuento de la lechera. Pero se nos rompió el cántaro cuando le vimos detenerse en una parada de autobús, nos reímos y continuamos nuestro camino. Entramos a comprar agua a un supermercado llamado “Chata Polska”, me hizo mucha gracia el nombre, que por cierto es una cadena muy famosa en Polonia, y digo que me hacía gracia porque siempre que lo veía me acordaba de Ana La Chata, una compañera de colegio, de hecho hice una foto y se la envíe vía facebook para decirla lo presente que la había tenido durante todo el viaje. Después llegamos al piso, cogimos nuestras maletas y fuimos a la estación a coger el tren rumbo a Nekla.

Joanna me había hablado de la aventura de los trenes polacos, pero yo que he viajado en tren en Túnez no me asusto ya con nada, además también aquí en Bruselas hay una tiradita de trenes que un poco más y van  a vapor, así que no me pareció tan horrible. Media hora después estábamos en Nekla y el padre de Joanna nos esperaba impaciente porque estaba viendo el tenis. A toda prisa realizó el recorrido que separaba la estación de la casa:

-Es que estoy viendo el tenis y el partido está muy interesante- nos dijo sonriendo.

Cuando llegamos a casa la madre de Joanna nos esperaba hirviendo agua para preparar el té, le contamos nuestra aventura nocturna y nos dijo que a Arek solo había que hacerle caso cuando se hablara de supermercados y centros comerciales pero nunca de pubs porque con Dominika nunca iba a ningún sitio. Joanna incluso me conto que una vez Dominika tardó tanto en arreglarse que cuando terminó dijo que estaba cansada y que no quería salir entonces Joanna se enfadó con ella porque habían estado esperándola dos horas para nada. Yo me reí mucho y me dio mucha rabia no haber podido conocer mejor a Dominika, es un asunto que tengo pendiente para la próxima vez.

Habíamos decidido que ese día haríamos merienda cena porque en realidad no habíamos comido más que el desayuno y el bollo de San Martín que llenaba un montón así que mientras hacíamos tiempo fuimos a una tiendecita donde venden de todo a que yo me comprara unos caramelos que están super, super ricos y Joanna a hacer unos recados a su madre. Los dulces polacos me encantan, así que no solo compré caramelos sino también una bolsa de galletas que están buenísimas. De camino a casa paramos en un lago que hay cerca de la casa de Joanna para tirar fotos porque las luces eran muy bonitas, hacía frío, estaba atardeciendo y el ambiente empezaba a oler al humo de las chimeneas. Ese olor me recordó a cuando era pequeña e iba al pueblo de mi padre, porque por las tardes en invierno olía igual.

Comimos arroz con pollo todo ello regado con crema de cebolla, estaba muy bueno porque la crema apenas sabe. Los padres de Joanna tenían una cena así que se marcharon pronto y nosotras zanganeamos viendo una telenovela polaca que Joanna me iba explicando hasta que llegaron Paulina (una amiga de Joanna) y su novio que nos llevaron a un pueblo cercano a tomar algo.  

Joanna me había advertido de que Paulina era una chica muy maja pero que se quejaba por todo y nada le hacía feliz. Se estaba quejando porque está estudiando el doctorado y tiene una beca con la universidad por lo que trabaja para ellos, vamos lo que me gustaría hacer a mí, pero dice que no tiene posibilidades de ser profesora en la universidad pública, al menos de momento. A mí me pareció injusto que se quejara por tener la suerte que tenía así que le dije que no se quejara que ya me gustaría a mí y que si no podía trabajar en la universidad pública una vez que se doctorase que lo hiciera en la privada mientras esperaba a que los profesores de la publica se jubilaran que alguna vez digo yo que lo tendrán que hacer. Paulina no había pensado en esa opción y le estuve explicando, su cara de amargamiento se fue alegrando un poco, algo que me agradecieron mucho su pobre novio, al que tiene que tener frito con tanta pena y Joanna. Una vez terminamos nuestros zumos y con una más animada Paulina volvimos a casa.  Los padres de Joanna no tardaron mucho en llegar, estuvimos hablando un rato con su madre que me pidió que buscará un novio español para Joanna y me preguntó que si me gustaba Arek porque me quería de nuera. Yo la dije que sí pero que a ver qué hacíamos con Dominika, y ella me dijo que algo se nos ocurriría. Nos reímos bastante.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano y tras el desayuno preparamos la maleta. Tardamos menos en llegar al aeropuerto que el día que llegamos porque había menos tráfico. Vinieron luego las despedidas y una invitación por parte de los padres de Joanna para volver. Asentí encantadísima pues me llevaba un buen recuerdo, en mis manos tenía el ramo de flores de Arek y la maleta llena de dulces y salchichas polacas que la familia de Joanna me había regalado. Habían sido una vacaciones estupendas que espero repetir muy pronto.

viernes, 30 de noviembre de 2012

POZNAN

El sábado a las nueve ya estábamos despiertas, cuando bajamos a desayunarnos encontramos a Arek en la cocina y nos dijo que su madre había ido a llevar a su abuela a misa y que se pasaría por casa antes de irse a trabajar. Yo me reí porque el día anterior la abuela de Joanna había insistido a la madre en que tenían que estar en la iglesia antes de las 9. Alizia contestó que bueno, que si llegaba un pelín más tarde no pasaba nada pero la abuela Jeanina insistió en que si no la iba a dejar a tiempo que no se molestara en llevarla porque ella tarde a la iglesia no entraba. Al parecer si que habían llegado a tiempo.

 Arek terminó de desayunar antes que nosotras, nos dijo que tenía que marcharse pero que a las 11 volvería para llevarnos a Poznan así que Joanna y yo empezamos a preparar todas las cosas. En esas estábamos cuando Alizia volvió, para saludarnos, tomarse una taza de té y darnos instrucciones-ordenes de la comida que teníamos que llevarnos a Poznan, que como siempre era mucha.

 Sobre las diez y media ya estábamos listas y como sobraba tiempo Joanna me llevó a ver la tienda de ropa de su madre. He de reconocer que me gustó mucho, no es una tienda muy grande pero tiene todo tipo de ropa muy chula. Me compré una bufanda marrón chocolate y Alizia me regaló un bolso negro que es la envidia de mis compañeras de trabajo, todo hay que decirlo.

 A la hora acordada Arek vino a por nosotras y nos pusimos rumbo a Poznan. El viaje duró una media hora y me la pasé callada porque estaba mirando el paisaje que era muy bonito y otoñal:

-Por que no habla Marta, ¿le pasa algo?- preguntó Arek a Joanna en polaco.

 Joanna se giró y me tradujo la pregunta. Yo me reí porque como hablo tanto cuando estoy mucho rato callada la gente piensa que me pasa algo y le explique que me gustaba el paisaje y que estaba pensando. La respuesta no convenció a Arek así que empezó a hablar y preguntar cosas y se acabó mi meditación. Cuando llegamos a Poznan el hermano de Joanna nos dejó en el centro de la ciudad y él se marchó a dejar nuestras cosas en su piso y a ver a Dominika. Vimos unas señoras que se apresuraban a entrar en una iglesia:

-Aquí siempre es así- dijo Joanna, - Las señoras están siempre malas pero cuando están cerca de la iglesia corren que se las pelan y se las olvida lo malas que están-. Me reí porque en España pasa lo mismo aunque creo que la prisa es aun más acentuada cuando van al médico.

Lo primero que hicimos fue ir a cambiar dinero porque Polonia si bien pertenece a la Unión Europea todavía no está dentro de la Unión Monetaria y sigue conservando su zloty. Advertí a Joanna que me tenía que ayudar con esa moneda tan nueva y desconocida para mí porque si no podrían timarme fácilmente. Una vez tuvimos el dinero apropiado en nuestras manos nos dirigimos a gastárnoslo y dar una vuelta por la ciudad, lo digo en ese orden porque casi fue eso lo que hicimos. Joanna quería unas botas, pero de cuero de verdad así que íbamos entrando en todas las zapaterías que veíamos en nuestro trayecto hacia la plaza principal. De camino también nos topamos con la tienda de pulseras Lilou…ese era mi turno. Llevo queriendo un pulsera Lilou desde que conocí a Joanna y se las vi, por lo visto son lo más “ in” en Polonia y tienen también tienda en París. Joanna dice que todas las polacas tienen una y doy fe porque en todas las tiendas que entramos las dependienta las llevaban, supongo que en España empezara a llevarse cuando se las ponga Sara Carbonero así que dejo constancia escrita de que yo las lleve primero. La tienda estaba llena de gente que quería su pulsera así que aproveché para ir eligiendo como sería la mía: cordón beige con una estrella de plata. Quería grabar una palabra en polaco pero la que me gustaba no cabía porque era muy larga así que puse mi nombre. Nos dijeron que tardarían un par de horas así que nos fuimos a ver la ciudad.

 La plaza de Poznan es muy bonita, tiene casitas de colores, un también colorido ayuntamiento y los edificios son de estilo centro europeo, la verdad es que me gustó mucho. Después de callejear por los alrededores de la plaza y hacer las fotos de rigor fuimos a un restaurante que Joanna conocía a comer los típicos Pierogi. Los pierogi son una masa como de hojaldre rellena de carne o de vegetales, los hay de muchos sabores y se pueden comer al horno como si fueran empanadillas pero horneadas en vez de fritas o cocidas como si fueran macarrones. Joanna me dijo que están buenos de las dos formas pero nos decantamos por su versión horneada. Pedimos seis, tres de carne y tres vegetales, cada uno con un relleno diferente, eso sí, todos riquísimos, creo que el que más me gusto era uno relleno de salami. Ya con la barriga llena continuamos con nuestro paseo por Poznan y en la búsqueda de los zapatos de Joanna, de repente llegamos a una calle muy bulliciosa, un estilo la calle Preciados de Madrid. Había mucha gente tocando y pidiendo dinero a cambio, de repente uno de estos músicos callejeros se acercó a nosotras sonriendo y extendiendo la mano:

 -No hablo polaco- dijo Joanna en inglés.
 
A mí me dio mucha risa la respuesta que dicho sea de paso era bastante creíble porque Joanna no tiene cara de polaca, es más, en las tiendas en las que entrabamos en principio nos hablaban en inglés hasta que ella decía que era polaca y ya todo se volvía incomprensible para mí.  El chico sonrió y nos dejó pasar, la operación se repitió un par de veces. Una vez en el centro comercial Joanna encontró por fin unas botas que la gustaron, andorreamos por las tiendas y Joanna me explicó que en Polonia la gente se pasa la vida en los centros comerciales que esa es su diversión, ir y mirar. De nuevo volvió a salir Dominika a relucir porque por lo visto no la gusta salir sino pasarse la vida en los supermercados y centros comerciales mirando para cuando lleguen las rebajas porque en Polonia la ropa es cara.

 Cuando salimos era de noche, aun así fuimos a recoger mi pulsera y a ver la catedral. Después pasamos por un puente con luces violetas que nos llevó a una Poznan más humilde, fue en esa zona donde decidimos coger el tranvía para volver a casa de Arek. Mientras esperábamos una señora llegó nos miró y dirigiéndose a mí me preguntó algo, obviamente tuvo que contesatr Joanna porque yo no sabía ni lo que me estaba preguntando:

 -Tengo más cara de polaca que tú, parece ser- dije riéndome porque no era la primera vez en ese día que los polacos se dirigían a mí a la hora de preguntar por alguna calle.

-Yo creo que te ven exótica y guapa por tus ojos oscuros y por eso te preguntan- me dijo Joanna riendo. Yo me alegre de escuchar esa respuesta, todo hay que decirlo.
 

 Antes de llegar a casa de Arek tuvimos que pasar por casa de Dominika para  recoger las llaves, yo quería que ella estuviera para verla mejor pero nos abrió su madre y nos dijo que se habían ido al centro comercial (Joanna me miró con cara de “lo sabía”), cogimos las llaves, pasamos por el super para comprar cerveza para mí y vino para Joanna y fuimos a casa. Me llamó mucho la atención lo limpio y recogido que tenía Arek el piso, me apuesto el cuello a que estuvo limpiando para que lo encontrásemos en condiciones al llegar pero aun así. Se lo comenté a Joanna y me dijo que sí y que plancha muy bien también mejor que ella. Le dije que su hermano era un buen partido porque limpia y plancha y ella dijo que sí que su deseo era que su hermano se enamorara de mí, dejara a Dominika y se viniera conmigo, así nosotras seriamos cuñadas… la idea me gustó no voy a decir que no.

 Un rato después preparamos algo de comer, pusimos música, nos arreglamos y nos dispusimos a hacer nuestro botellón particular con música del ordenador y  la cerveza y el vino que compramos. Me gustó la cerveza polaca, el sabor es más parecido a la española y se bebe bien, en esas estábamos cuando apareció Arek que decidió unirse a nuestra fiesta. Mientras Joanna se secaba el pelo me ofreció una cerveza que negué amablemente y Arek me preguntó que por qué siempre que me ofrecía algo de beber le decía que no…así que acepté. Joanna me explico que para ellos que dos personas beban juntas es señal de que son amigos y que como caía bien a su hermano, quería beber conmigo para formalizar la amistad. Arek también nos informo de los locales donde había fiesta esa noche, aunque también confesó que como a Dominika no le gusta salir y el tiene clase los fines de semana no está muy puesto en la vida nocturna de Poznan. Aun así nos quedamos con los nombres de los locales que nos dijo y nos marchamos.

 Cuando llegamos al primer local nos sorprendió ver en la entrada a tanta muchachada, aun así entramos pensando que en el interior mejoraría el percal, nos equivocamos. Joanna y yo subíamos la media del pub donde jóvenes aun en la edad del pavo bailoteaban y ligaban como locos. Sin dar crédito a las técnicas de las nuevas generaciones nos dirigimos a la barra a por una “drinka”: dos vodkas con sprite que nos ayudaran a digerir que o los jóvenes salen cada vez antes o nosotras estamos viejas para esos trotes. De repente Joanna se giró con cara de quererse reír y no poder:

-ID (DNI)- me dijo Joanna.
-¿Qué me estas contando?- contesté en español, -pero si probablemente seamos un par más mayores que la mima camarera.
- Lo sé-.

Riéndonos dimos nuestro DNI, yo estaba muy orgullosa de no aparentar los años que tenemos porque eso quiere decir que nos conservamos bien. De todos modos éramos muy mayores para ese ambiente y decidimos cambiar de pub. Entramos en otro, Joanna me dijo que Ewa, una amiga suya que conozco porque ha venido a Bruselas iba allí. Cuando entramos otra gran sorpresa…estaba lleno de gente demasiado  mayor:

 -Lo mejor de cada casa-, dije a Joanna.
 -Oh Dio- exclamó en italiano. -Todos son calvos-.

Volvimos a reír de lo absurdo de la situación y decidimos tomar otra “drinka”; al menos la música era buena. Vimos a una madurita bailoteando como si estuviera en un local de striptease para captar la atención del personal, maduros desesperados que ya no sabían que hacer para ligar…un circo. Yo no podía parar de reír con la situación:

-Matemos a tu hermano nada más llegar- propuse a Joanna entre risas.
-Quien nos manda hacerle caso, él solo entiende de supermercados y centros comerciales, Dominika es muy aburrida y no sale por la noche-, añadió Joanna. 

 Cuando terminamos nuestra “drinka” huimos del pub como alma que lleva el diablo y nos dirigimos a la plaza en busca de otro bar. Dicen que a la tercera va la vencida y podemos decir que así fue, aun así preferimos la noche belga. Cuando nos cansamos cogimos el autobús de vuelta a casa, seguimos riéndonos de todos los personajes que nos habíamos encontrado en los bares y Joanna llegó a la conclusión de que Polonia no es sitio para ella porque la gente “normal” de nuestra edad ya está casada o con hijos o novios y solo salen los raros. Esta vez tuve que darle la razón, aunque aun así lo habíamos pasado muy bien que era el objetivo. Entramos a casa sin hacer ruido (eso creíamos nosotras) para no despertar a Arek pero no lo conseguimos, eso sí   decidimos dejar la paliza que le queríamos dar para otra ocasión, el día había sido largo, aun teníamos cosas que hacer en Poznan al día siguiente y había que descansar.