PARA EMPEZAR...

PARA EMPEZAR...

Me llamo Marta Fernández, licenciada en periodismo, experta en Relaciones Internacionales y a un paso de ser Doctor en Ciencias Políticas.

Mi pasión por el periodismo y contar lo que pasaba comenzó siendo muy pequeña, quizá tuviera unos seis años, y veía a los reporteros en la tele, cada día en un sitio, contando historias diferentes, visitando muchos lugares, conociendo otras culturas y personas, todo muy apasionante. Y como siempre he sido muy cabezona eso fue justo lo que hice, convertirme en periodista y aunque no se si por azar o por mala suerte (o no), la vida no me está brindando la oportunidad de ser periodista pero si que me está dando la de viajar y conocer diferentes lugares, culturas y personas, a veces lejos de casa, otras veces muy cerca de ella, pero siempre encuentro en todo una historia que merece ser contada.

Ya decían Celtas Cortos "En estos días inciertos en que vivir es un arte", yo lo que pretendo es exprimir al máximo ese arte, contar mis experiencias y compartir mis viviencias que a veces son buenas y otras no tanto, pero que la mayoría de las veces dejan anécdotas graciosas y divertidas que me recuerdan lo maravilloso que es ir...Dando Vueltas por Ahí.



martes, 30 de octubre de 2012

DE PASEO CON BOFILL

El fin de semana se presentaba tranquilo, incluso llegué a pensar que me iba a aburrir porque veía como se acercaba el viernes y no tenia nada planeado. Esto me alegró un poco porque así podría estudiar e ir al cine, además los informes meteorológicos  anunciaban la llegada del invierno con temperaturas de 0º y el hecho de estar en casa no me parecía tan mala idea. Pero el jueves por la tarde mi compañera de piso llamó a la puerta de mi habitación y me propuso ir con ella y algunos amigos a Utrecht y claro no podía negarme. Sinceramente, he de confesar que la compañía no me inspiraba mucho, mi compañera de piso y yo somos muy distintas y si iba con sus amigos estaría en su territorio pero como sobraba un sitio en el coche pude invitar a venir a Michal el eslovaco por tanto ya no me importaba tanto la compañía.
El sábado por la mañana pusimos rumbo a Utrecht un grupo de lo más variopinto: mi compañera de piso (para hacernos una idea es un tipo Paris Hilton con chihuahua incluido aunque lo dejó en casa), su ahora novio, un italiano que me recuerda a Ricardo Bofill hijo (ojito con la pareja), otro italiano compañero de piso de “Bofill “, Michal y yo. Como “Bofill” era quien conducía mi compi podía mangonear todo lo que quisiera y cuando aun no llevábamos ni una hora en el coche la pareja estrella decidió parar en una gasolinera a tomarse un café. No puedo explicar la vergüenza ajena que me daba su comportamiento de divos en la estación de servicio, como si se trataran de dos famosos, andando aquí y allá, haciéndose notar…luego me dice mi compañera que yo hablo alto y que cuando vienen mis amigos españoles a casa hablamos a voces de una habitación a otra…al menos yo lo hago en mi casa no en las gasolineras.
Cuando decidieron que ya estaba bien y era hora de continuar ( yo de mala leche porque hacía mucho frío como para andar haciendo el tonto) seguimos nuestro camino. Llegamos a Utrecht ya pasado el medio día, anduvimos por una soleada y fría ciudad hasta llegar enfrente de la catedral donde habíamos quedado con una amiga de “Bofill” que está allí de Erasmus. No sé si por juventud o por falta de interés pero la chica no supo decirnos que había que ver en la ciudad, dijo que era pequeña, que no había nada…paseamos por sus calles aprovechando el sol y nos fuimos a comer. Nos metimos en un sitio céntrico que parecía muy posh por fuera (imaginad quien lo eligió y quién respaldó la elección) pero por dentro era como los típicos bares americanos donde se comen sándwiches y bocadillos, porque el sitio era así en realidad. No estaba mal, el acceso al baño estaba metido como en una especie de gruta donde vi un cartel publicitario de Mahou Cinco Estrellas, casi lloro de emoción y digo casi porque para mi disgusto no había Mahou y no me pude emocionar del todo por lo que opté por una Pepsi (no había Coca-cola) para acompañar a mi bocadillo de pollo con salsa “ raruna” que no estaba mal.
Durante la comida a mi compi se le antojó ir a Amsterdam que está a unos 20 minutos en coche de Utrecht, así que se lo pidió a “Bofill”, puso morritos y tonterías y lo consiguió. Yo estaba empezando a no dar crédito a lo que veía y parece ser que no era la única. La idea de ir a Amsterdam gustó al resto, a mí me daba lo mismo porque me gusta muchísimo la ciudad pero hacía un frío horripilante y supuse que allí haría más, de todos modos lo mismo daba si yo quería ir o no. Michal estaba muy contento porque no había ido nunca, además mi compi aseguró que como había estado estudiando allí su “Máster en derecho aeroespacial”(le encanta decir que estudió un máster en eso), se conocía la ciudad muy bien y no tardaríamos nada en hacer la visita. Incluso me dijo que si nos daba tiempo y aquí cito textualmente “me llevaría una tienda donde venden vestidos elegantes para ir a la oficina como los que ella usa por si me quería comprar alguno”. La sonreí…Señor dame paciencia.

Llegamos a Amsterdam a eso de las cinco porque “Bofill”se perdió por el camino, que conste que esto no es una crítica porque yo me habría perdido también, es difícil conducir por un país extranjero sin GPS, ni mapas ni nada, así que bastante hizo el pobre. Nada más llegar y estando en las afueras de Amsterdam vimos las típicas letras de I AM AMSTERDAM que están situadas en diferentes puntos de la ciudad. Mi compi solicitó parar a echarnos una foto allí y yo la dije que había esas letras también en el centro, justo enfrente del Rijksmuseum (Museo Nacional de Amsterdam) por lo que no era necesario parar allí mismo. Ella me dijo que estaba equivocada y que esas letras iban cambiando de ubicación por la ciudad. Yo me extrañé pensando que entonces yo era muy afortunada porque he estado tres veces y las tres veces han estado las letras allí pero bueno…“Bofill” fue listo, me hizo caso y no paró hasta llegar cerca del centro. Una vez allí la experta en Amsterdam resultó no ser tan experta y no sabía ni donde estábamos. Anduvimos sin rumbo unos tres minutos hasta que me localicé, estábamos en la zona donde siempre que he ido a Amsterdam me he hospedado así que ya estaba solucionado, la visita podía empezar. Llegamos a la plaza Dam pasando por una de las calles del Barrio Rojo más transitadas por residentes y turistas. Como todos los meses de octubre en la plaza había una feria aunque no se por motivo de qué pero ahí estaba con su noria, sus atracciones y sus puestos de salchichas y algodón de azúcar. Michal aprovechó para ir a comprar postales y mientras, los demás comenzamos a discutir donde queríamos ir. Mi compi propuso ir al museo del sexo y yo me negué rotundamente pensando en el pobre Michal, que no es mucho de esas cosas. Todos me miraron como si de una monja se tratara:
-¿Has estado alguna vez ? preguntó Eli en tono burlón.
-Claro- respondí, -la primera vez que estuve aquí con 20 años y me parece una pérdida de tiempo, nada nuevo que no sepamos, yo no pago otra vez por entrar allí, a mi edad estoy de vuelta de muchas cosas-. Rematé con una sonrisa.
 Me miró desdeñosa, había truncado sus planes provocadores (de momento) pero hay muchas cosas que ver en Amsterdam antes que eso, como el Museo Nacional, la casa Rembrandt, la de Anna Frank o la fábrica de Heineken. Propuse ir al Rijksmuseum y todos me preguntaron atónitos que qué era eso y yo quise llorar, podía entender que quien no ha estado nunca en Amsterdam no supiera  lo  que es pero para alguien que ha vivido allí es imperdonable. Fuimos al museo pasando por el mercado de las flores, de nuevo la guía fui yo aunque mis acompañantes dudaran de mi conocimiento de la ciudad pero bueno...Al llegar al museo ahí estaban las letras del principio, por lo que pude demostrar mi teoría de que hay varias por la ciudad, no las cambian de sitio cada vez. Tiramos fotos, se nos hizo de noche y decidimos volver a  pasear por el barrio rojo de noche que era lo que quería la jefa del grupo. Al llegar a dicha zona comenzaron  a proliferar los coffee shops, las tiendas de cosas variopintas, mezcolanza de turistas con gente rara y como no…los sex shops. Fue entonces cuando llegó la venganza por no haber querido ir al museo del sexo y mi compañera decidió entrar en casi todos los sex shops que nos encontrábamos. No tengo nada en contra de las tiendas eróticas pero no creo que fuera momento de entrar a comprar nada. Cuando la vi entrar en el primero seguida de “Bofill” no podía dar crédito; el resto del séquito decidimos entrar porque en la calle hacía un frío espantoso. Mi compañera miraba los provocativas disfraces (no puedo llamarlos de otra manera) y lencerías de la tienda, yo miraba a un más que cortado Michal que no sabía qué decirme y los italianos se paseaban, “Bofill” muy orgulloso de su chica y el otro con la misma cara de tonto que teníamos el resto. Salimos de la tienda, pero la operación se repitió en un segundo y un tercero, cada vez que veíamos un sex shop Michal me decía:
-Oh my God! , no , another shop- (¡Oh Dios mío!, otra tienda no)
Y yo me reía pero poco porque les esparábamos fuera y hacía mucho frío. Por fin se decidió a comprar algo y salió de la tienda toda contenta con su bolsa negra en la mano en vez de guardarla en el bolso que cabía de sobra y es lo que hubiera hecho cualquier persona normal, pero ella quería que supiéramos que había comprado algo. Estaba super contenta y orgullosa de su adquisición y le dijo al compañero de piso de “Bofill” que si estaba celoso, la cara del pobre chico era para grabarla en video. Yo mientras tanto estaba empezando a pensar que si la situación seguía así iba a tener que entrar a un coffee shop a fumarme el bar entero, comer "setas mágicas"o yo que se qué, lo que fuera con tal de no seguir presenciando ese espectáculo tan bochornoso. No contento con eso, “Bofill” no podía quedarse atrás y tenía que adquirir algún producto él también, no podía ser menos. Gracias a Dios tuvo más cabeza y nos dejó cómodamente sentados en un bar tomando una cervecita mientras él compro lo que fuera. Cuando Bofill se volvió a reunir con nosotros (bolsa negra en mano), regresamos a la plaza Dam para ver un desfile de Halloween y volver después a Bruselas.
Ya en el coche, Bofill nos invitó a continuar la noche cenando en su casa pero educadamente rechacé la invitación, estaba muy cansada, tenía mucho frío y…ya había tenido demasiado show por ese día.


domingo, 21 de octubre de 2012

TARDE EN EL NOVENO PISO


Como os comentaba en la entrada anterior, fue un fin de semana peculiar, uno de esos en los que no me acuerdo de volver a España y en los que pienso que algún día echaré de menos todas esas tonterías que solo me pasan aquí.
 
El sábado, entre pitos y flautas (nunca mejor dicho) me acosté tarde y el domingo tuve que levantarme temprano para preparar una tortilla de patata porque me habían invitado a una comida. En un principio la comida iba a ser en casa de Joanna, con una exquisita selección de personas: Javi (mi antiguo compañero de piso), Joanna y yo. Pero como Javi se ha tenido que mudar porque solo estaba en mi casa por dos meses decidió que se hiciera en su casa y así invitar a más gente con la que tenía compromiso. Fuera en un sitio o en otro la tortilla me tocaba hacerla.
 
Javi fiel a sus costumbres dejó para el último momento fijar la hora de la comida, así supimos a la 13:30 que teníamos que estar en su nueva casa a las 14:00. Esa es la faceta de Javi que me crispa los nervios y nos hace discutir millones de veces. Cuando llegamos a la casa nos encontramos a Javi y a su amigo Daniele haciendo lasaña y a más gente que él conoce alrededor, hablando en la cocina y mirando como los otros dos cocinaban al más puro estilo albañiles en una obra, uno curra y el resto mira y da órdenes. Como la confianza da mucho asco, le canté las cuarenta a Javi por no tener la comida preparada y dejar todo para última hora  Había bastante gente y para mi sorpresa solo una española, aunque luego llegaron más. Aun no se por qué pero creo que a esa española no le caí muy bien porque no había terminado de abrir el bote de coca-cola cuando empezó a martillearme con preguntas : quien era yo, de que conocía a Javi, donde trabajaba, como, por qué, cuando había llegado a Bruselas… dicho así puede parecer que son preguntas de cortesía como las que constantemente te hace la gente en esta ciudad en cuanto te sienta a su lado, pero el tono, ese tonillo de españolita listilla con aire de suficiencia, que llegó a Bruselas hace un par de años justo antes de que en España explotara todo, consiguió un buen trabajo y ahora se cree más belga que Tintín. Sinceramente me estaba hartando un poco porque no me estaba dejando comer las patatas tranquilamente que era lo que yo quería. Pacientemente aguante que me mirara raro porque le dije que yo era becaria. No se me borró la sonrisa cuando me contó que había estado liada con dos compañeros míos de trabajo también españoles (cosa que a mí me importaba un pimiento) y respiré hondo cuando me dijo que ella ya sabía que en España pasaría lo que está pasando (ahora resulta que todo el mundo lo sabía) y que aquí hay mucha gente de comunicación y que lo  tengo complicado y…ya me tocó las narices así que le dije que yo estaba aquí porque estaba terminando mi tesis doctoral y que necesitaba entrevistar a gente que estaba aquí y documentos de aquí y que el ser becaria era por sacarme un dinerillo extra porque lo podía compaginar pero que pronto podría llamarme doctora, y tras esa verdad a medias y sin dejar de sonreír agarré mi bote de coca-cola y me acerqué a ver como iban Javi y Joanna con la comida :
-Ahora vuelves a por más, listilla-, fue lo único que pensé en ese momento.
Pero listilla no se dio por vencida, como la comida se estaba retrasando porque había más cosas que preparar los que no cocinábamos fuimos picoteando algo. Cuando destapé mi tortilla de patata listilla arrugó el morro y preguntó:
-¿Tiene cebolla?-
-Sí pero poca, casi no se aprecia el sabor-
-Todos decís eso y luego sabe muchísimo a cebolla-
-Pues no la comas si no quieres, a mí me gusta-
-Así comemos nosotras más porque nos gusta mucho- exclamaron Joanna y Eli casi a la vez.
Listilla probó la tortilla y me dijo q no estaba mal pero que sabía a cebollas, a lo que la contesté que lo raro sería que supiera a puerro.
Llegó el momento de la lasaña, Javi no había escuchado los consejos de Joanna de preparar dos porque tenían obleas cocidas para dos lasañas y éramos muchos por lo que Javi y yo nos quedamos con unos trozos que daban risa de lo pequeños que eran, Javi porque era el anfitrión y yo porque a lasaña me sienta mal al estomago porque es muy fuerte, además Joanna había hecho tarta de queso con nutella y prefería un trozo grande de tarta. Listilla no puso objeción a mi trozo pequeño de tarta pero cuando Joanna riendo me preguntó que si de tarta quería un trozo grande o pequeño y le dije que grande (lo grande que puede ser un trozo de una tarta de tamaño normal para más de diez personas), listilla se rió y empezó a hacer comentarios tontos. Después Javi trajo melón y me preguntó que si quería porque sabía de sobra q después de la tarta no querría melón pero le encanta preguntarme que si quiero fruta y prepararme un plato y plantármelo en la cara aunque le diga que no. Ante mi negativa listilla añadió: -claro como va a querer después de que ha sido la que se ha comido el trozo más grande de tarta. Yo estaba pensando que ella era un albondigona y que por eso se había comido la lasaña, la tarta, las patatitas, los palitos de no se qué, la cerveza…pero no dije nada, solo miré a Javi, me reí y le dije en broma que me pusiera el melón en un tupper para luego.
Como tenía saturación de listilla y hacía solecito la gente comenzaba a dispersarse y hablar en pequeños corros o jugar al “guitar Hero”, hice un gesto a Joanna para que saliéramos a la terraza a tomar el sol. Era un noveno piso y las vistas increíbles. De repente apareció uno de los nuevos compañeros de piso de Javi, un chico escocés, que alegremente no a  Joanna y a mí que si éramos españolas. Yo contesté con mi orgullo patrio que sí y entonces y empezó la conversación sobre España, diferencias entre norte, centro y sur y esas cosas. De repente el chico desapareció y volvió con dos copas de whisky escocés, así porque sí y sin hielo. Nos ofreció las copas con una sonrisa y tras excusarme alegando que por mis raíces españolas lo mío eran la cerveza y la sangría acepté a compartir una copa con Joanna por no hacer el feo. El fuego escocés me quemó la garganta y las tripas por lo que pedí un hielo al causante de mi malestar:
-Me encanta tu acento- gritó una anglo-holandesa, -es muy bonito-.
Nunca me habían dicho antes que mi acento español hablando inglés era “cute” así que me senté con la susodicha y una alemana a hablar de acentos. Javi se unió pronto a la conversación y en cuanto los acentos pasaron a irse por otros derroteros yo me escapé a pasar el testigo de la copa de whisky a Joanna porque aun con hielo eso era demasiado para mí. Joanna estaba en la cocina así que la esperé asomada a la terraza pensando qué que hace una torrijeña en Bruselas, a las cuatro de la tarde con una copa de whisky escocés en la mano asomada a la ventana de un noveno piso. De repente llegó Joanna:
-si alguien se tira desde está terraza quizá caiga encima del árbol y no pase nada- dijo sonriendo.
 Dejé la copa en la mesita de la terraza  y empujando suavemente a Joanna al interior del piso lejos de barandillas y alturas decidí que ya era demasiado por ese día y que había llegado el momento de irnos a casa.

lunes, 8 de octubre de 2012

QUENTIN EL PIANISTA, FALETE Y OTROS CUENTOS DE NOCHE DE SABADO


Una vez más tengo que pedir disculpas por estar tanto tiempo sin escribir, pero es que se me multiplican los quehaceres. He estado en España diez días para las fiestas de Torrijos y cuando estoy allí no doy más de sí. Quería escribir sobre mi estancia española pero creo que lo voy a dejar para entradas posteriores porque este fin de semana ha sido un poco surrealista y no quiero que se me escapen detalles.

 
El sábado prometía ser un día tranquilo, el viernes me acosté pronto porque estaba cansada y necesitaba dormir, además quería estudiar el sábado porque he retomado la tesis doctoral con muchas ganas y voy a aprovechar antes de que otro batacazo laboral o recorte “rajoiano” me vuelva a desmotivar. Al despertar vi el cielo lluvioso y gris, vamos, un día que invita a estar en casa, si a esto le sumamos que aun tenía la depresión post España los que me conocéis podéis imaginar la mala leche con la que estaba. Aun así, arreglé la habitación y me fui a comprar que es lo que se hace los sábados en los países donde cierran la tiendas a la misma hora que una sale de trabajar por lo que no la da tiempo ni a comprar el pan.

 
Sobre las tres de la tarde Fátima me mandó un mensaje para quedar ese mismo día y cotillear ya que no nos habíamos visto en diez días. Aunque quería estudiar francés y hacer tesis  no pude negarme porque teníamos mucho de qué hablar  nos reunimos para dar un paseo y ver las tiendas con ropa que, y aquí cito textualmente a Fátima,  “ compraremos cuando consigamos  un trabajo decente y tengamos dinero “, sinceramente, yo no veo el día pero bueno, allá fuimos. Tras el paseo fuimos a tomar un chocolate caliente porque hacía un poco de frío y poder así seguir con nuestro marujeo. Allí decidimos también que hacer esa noche y tras descartar una aburrida fiesta de despedida porque Joanna, que era la realmente estaba invitada al evento no salía porque estaba mala, decidimos salir con una pareja de amigos españoles que tenían la visita de otro español residente en Dublín y al que había que enseñar la noche bruselense.
 
A la hora acordada Fati y yo llegamos al bar donde habíamos quedado. El sitio era de lo más curioso porque era una casa, con una decoración super moderna y una cortina en medio que separaba la vivienda de las cuatro mesas y el piano que componían  el bar. Estaba regentado por un chico con rasgos orientales, yo creo que medio japonés, con el pelo super fashion y que servía las bebidas, tocaba el piano y cantaba. Ésto se traduce en que si  querías una cerveza y el tipo estaba cantando te tenias que esperar, pero el tipo era muy simpático y el sitio limpio y barato. Solo estábamos nosotros en la casa-bar: dos españoles de Miguelturra (Ciudad Real), una madrileña y dos torrijeñas…casi nada, la Mancha en estado puro. Tras la primera cerveza y hacernos coleguitas del camarero Fátima se arrancó y le pidió que la dejara cantar acompañándola con el piano. El japonés se mostró encantado y allí estuvo Fati dándonos el concierto. Como canta muy bien había gente que se paraba en la ventana a escucharla. Hubo un momento en que el japonés se cansó de tocar, cogió su cerveza llamó a la que creemos que era su mujer o su novia y nos dijo: -ahora vuelvo-, salieron a la calle y se marcharon a dar un paseo. Y ahí nos quedamos nosotros solos en el bar-casa, escuchando cantar a Fátima  y riéndonos, hablando alto y comparando Miguelturra y Torrijos. Ni que decir tiene que en esa batalla Torri gana por goleada pero bueno.

 
Ya cansados de reír y Fátima de cantar decidimos cambiar de bar as que nos fuimos a la zona de Saint Gery que es donde siempre solemos terminar la noche. Pero nuestros compatriotas no estaban mucho por la labor porque dicen que esos bares no les gustan mucho porque va todo el mundo y tras discutir un poco nos metimos en un bar al lado de la bolsa en el que no habíamos estado nunca y que estaba lleno de gente bailando muy profesionalmente. Quizá esa profesionalidad en la danza explique el olor a regomello que había en el local, que era una mezcla entre sudor y ropa de no muy buena calidad.

 
Tras bailotear un rato y que Fátima, que es la estrella del grupo, exhibiera sus dotes danzarinas en el escenario decidimos que era hora de cambiar de bar (otra vez). Yo volví a sugerir la zona de Saint Gery, pero mis amigos insistieron una vez más e ir a la zona gay. Yo soy un poco despistada a veces y no sabía porque tanto empeño en ir a los bares gays porque no hay nada que rascar, pero Fátima me sacó de dudas diciéndome que el amigo de sus amigos, el chico que vivía en Dublín era gay y que por eso querían ir allí. Como era un invitado no puse pegas y fui obediente. Llegamos a un bar lleno de tios muy monos (la mayoría), muy maqueados y muy gays. Fati y yo nos sentamos en la barra resignándonos a  que esa noche ya estaba todo hecho y pedimos una cerveza en la barra. Al pedir la cervezas el camarero me guiñó el ojo y nos empezó a mirar haciéndose el interesante. Yo me extrañé y dije a Fátima q si era gay porque nos guñiaba el ojo y nos miraba con ojos de cordero pero no supo darme respuesta. Me estaba empezando a sentir como Paco Martínez Soria en sus películas. Cuando llevábamos media cerveza bebida llegó corriendo nuestro amigo de Dublín con una botella de champán y cinco copas para celebrar que le habían ascendido en su trabajo y que la vida le iba mejor que bien. En esas estábamos cuando me percaté de que en la pared junto a cuadros de Marilyn Monroe, Audrey Hepburn y demás guapas de cine clásico esta Rosi de Palma y me reí mucho. -Es que es un icono de gay- me dijo Fátima. -Sí-, dijo nuestro amigo. –y tú eres también divina- dijo dirigiéndose a Fátima –me has encandilado con tu voz. Fátima estaba hinchadísima de alegría y yo no podía para de reír aunque luego llegó mi turno: - y tú eres monísima, cuando te he visto entrar por la puerta me he fijado en tu fabulosa sombra de ojos y me has encantado, divina también pero la voz de Fati pudo con tu sombra de ojos-. Flipando porque ahora me sentía en una película de Almodóvar Felicité a Fátima por haberme librado de ser la nueva Rosi de Palma y seguimos disfrutando del ambiente surrealista del bar. Al ratito un tipo que se daba un aire a Falete se acercó a nosotras y mirando a Fátima susurró: -Miss Venezuela- y se fue, no contento con eso al ratito volvió y tras repetir la operación se acerco a mí y me dijo: -Miss Colombia-. - ¿Qué dice este loco?-  pregunté a Fati, que él parece una miss o que lo parecemos nosotras. Ante la duda cuando se acercó para repetir la operación se lo pregunte porque me estaba mareando un poco y me respondió diciéndome otra vez Miss Colombia así que pensé que era un “chalao” de los que abundan a las tres de la mañana. Los acontecimientos extraños con Falete y compañía siguieron y la hora de ir al baño fue también un circo. La guinda del pastel la puso una señora que seguro que en su día fue un señor que llegó super operada y super tuneada siendo la diva del bar. Con su entrada triunfal decidimos que era suficiente por esa noche y Fati y yo nos dimos de baja del variopinto lugar entre risas y el ya típico comentario de “estas cosas en Torrijos no pasan”.  
 
Nota: Esta vez la foto la he sacado de internet.

domingo, 16 de septiembre de 2012

WATERLOO


Antes de empezar a narrar mi historia creo que he de pedir disculpas otra vez por haber tardado casi un mes en escribir pero tengo una buena excusa. El mes de agosto ha sido estupendo en Bruselas, sol y calor y había que aprovecharlo que el invierno lluvioso y oscuro es duro y largo, no tenía tiempo ni de peinarme pero ya con la llegada del otoño espero gozar de más tiempo libre y poder seguir relatando las vueltas que voy dando por ahí porque la nueva temporada se prevé llena de historias. También os pido disculpas porque intuyo que esta historia no será de las mejores, estoy constipada por las idas y venidas del tiempo belga y lo que empezó siendo un dolorcillo de garganta se ha convertido en un constipado que me tiene al cabeza como un bombo y la nariz taponada y no me permite pensar muy bien, pero no quiero dejar pasar más días sin dar señales de vueltas por ahí.

Aprovechando el calor sofocante el domingo pasado decidimos ir a Waterloo. Michal y yo llevábamos tiempo queriendo ir allí porque nos gustaba la idea de ver el campo de batalla donde dieron para el pelo al general Napoleón y convencimos a mi compañera de piso y a un compañero de trabajo para que vinieran con nosotros. De nuevo la excursión parecía un chiste: un eslovaco, un ucraniano, una griega y una española en la estación central de Bruselas cogiendo uno de los trenes más lentos del mundo que tardo más de media hora en recorrer quince kilómetros porque iba parando en todas y cada una de las estaciones que encontraba a su paso.

Cuando llegamos a Waterloo me sorprendió ver que era un pueblecito, esperaba una ciudad, un poco más grande pero no, era un sitio tranquilo, eso sí, lleno de tiendas de ropa que al ser domingo estaban cerradas. Y casas grandes con jardín y piscina en las que me gustaría vivir.

Lo primero que hicimos fue ir al punto de información donde una señora muy amable nos explicó todo lo que teníamos que ver y nos dio la estupenda noticia de que estábamos en nuestro día de suerte porque como era ¨el día del patrimonio¨ y  las entradas a los sitios estaban a mitad de precio y uno de los museos de visita obligada era gratis. El museo no era gran cosa, artilugios de los soldados de aquella época, retratos del duque de Wellington y Napoleón, mapas de esos años con los territorios que pertenecían a cada uno de los bandos y un montón de souvenirs. No quiero resultar macabra pero lo que más me llamó la atención fue que ya en esa época existían prótesis de brazos y piernas para los soldados mutilados. También me sorprendió que cuando había que extirpar algún miembro se realizaba sin anestesia por lo que no me extraña que muchos murieran del simple dolor, yo casi lo hago solo con imaginarlo.

Después de conocer más a fondo a los protagonistas de tan famosa batalla a través del museo cogimos el autobús que nos llevaba al campo donde realmente ocurrió todo. Como en cualquier destino turístico que se precie hay que pagar una entrada para subir al león que conmemora la victoria de las tropas holandesas, británicas y alemanas frente al ejército napoleónico pero ya que se está allí se hace. Después de subir ochocientos mil escalones llegamos entre bromas, fotos y risas al león. El paisaje que se presentó ante mí me produjo dos sentimientos bastante enfrentados que no sabía si eran alegría o decepción porque yo me esperaba algo más espectacular y resulta que era un campo de labranza como los que rodean mi pueblo. Unas tierras más allá se podían incluso ver los tractores de los agricultores para los que el domingo es como un día cualquiera porque el trabajo agrícola no entiende de horarios y festivos.

Estuvimos echándonos fotos con la postura de Napoleón y zanganeando un poco, arriba corría airecito y era un descanso porque no podéis imaginar el calorazo que hacía abajo. Cuando nos cansamos bajamos para continuar con la visita, otra especie de museo que seguía explicando los pormenores de la guerra, fue en este cuando empecé a pensar en la de muertos que tuvo que haber por el capricho de unos pocos y me hizo darme cuenta que no hemos evolucionado mucho con el paso de los años y que en teoría decimos que escribimos la historia para no caer en los mismos errores pero siempre terminamos tropezando con la misma piedra.
Una vez terminada la visita vino lo mejor de la tarde, ir al bar de enfrente de los campos de batalla a hacer nuestro merecido reposo del guerrero y tomarnos una ¨Waterloo¨, la cervecita que se hace en el pueblo y que recomiendo a todos probar porque está bastante buena. Una vez recobradas las fuerzas caminamos hasta la estación para volver a coger el tren de vuelta a Bruselas pero esta vez fuimos más listos y cogimos uno directo que nos dejó en la capital en diez minutos.

En este viaje no me pasó ninguna anécdota, he de apuntar que hacía mucho calor y a media tarde empecé a sentirme un poco mal, me dolía mucho la cabeza. Quizá por eso no disfrutara de Waterloo lo suficiente y me pareciera que era como cobrar a la gente por ver los campos de Caudilla, de todos modos pasé una tarde estupenda con mis compañeros que volveré a repetir tan pronto como podamos.  

viernes, 24 de agosto de 2012

AQUÍ SI HAY PLAYA


Cuando tenía diez años la monja (iba a un colegio de monjas) nos dijo que teníamos que hacer un comic titulado “Cómo puedo ser feliz” y yo dibuje una historia estupenda sobre lo feliz que sería viviendo en un pueblo al lado del mar y en la falda de una montaña. La monja calificó mi idea de tontería y lo presentó al concurso porque tenía que presentar todos. No viene mucho a cuento pero mi idea de felicidad encandiló al jurado y gané el premio. 18 años después puedo asegurar que el mar y la montaña me hacen feliz y que experimenté la felicidad de vivir en un sitio similar al del comic durante mi estancia en Irlanda. Cuento esta historia porque el domingo estuve en una de las playas de Bélgica, concretamente en Oostende y por el momento ha sido uno de los días más felices de mi estancia en la capital de Europa.

 Lejos de lo que pueda parecer, esa ola de calor sahariano que está azotando España también ha debido decidir pasar los Pirineos y el fin de semana pasado sufrimos (porque es un sufrimiento) temperaturas de 35º, eso sí, debido a la gran humedad del ambiente la sensación térmica sería de unos 40º…sin ventilador, sin río, sin piscinas y sin nada, a ver cómo nos comemos eso. He ahí la razón por la que el viernes por la noche, entre cerveza y cerveza, decidimos irnos a dar un chapuzón a la playa de Oostende. El viaje en tren fue de una hora y media que pasamos entre bromas y risas en un vagón lleno de gente ansiosa por escapar del calor de la ciudad. Íbamos sentados en el suelo porque todo estaba de bote en bote grabando videos, tirando fotos y haciendo bromas tontas porque estábamos sentados en frente de la puerta del wáter…menso mal que a nadie le dio ningún apretón.

 
Según íbamos llegando a Oostende el sol se apagaba, perdía luminosidad y se mezclaba con nubes que se podían intuir cargadas de lluvia. Aun así, cuando bajamos del tren nos dimos prisa por encontrar un buen lugar en la arena lejos de multitudes y así poder disfrutar a lo grande del que seguro será nuestro primer y último día de playa. Mis amigos guiris (yo era la única española) se quejaban porque la playa estaba muy crowd (llena de gente), pero no era cierto, si lo comparas con las playas de Levante donde prácticamente te tumbas en la toalla del vecino, lees la revista de la señora de al lado y fumas el cigarrillo del señor que tienes delante. Vamos que en la playa de Oostende se estaba estupendamente. Aun así, tuvimos que andar un poco hasta encontrar un sitio que cuadrara a mis compañeros. Cuando por fin lo encontramos dejamos las toallas y los chicos corrieron al agua. Yo quería ir con ellos porque me quería bañar cuanto antes pero no me quería perder el bikini de mi compañera de piso, a la que ya dedicaré algún post porque la chica da para mucho, que había estado presumiendo de bikini sexy y no apto para chicos conocidos. Sinceramente,el bikini no era para tanto, era un poco tanga pero no exagerado y nuestros acompañantes masculinos no mostraron el menor interés hacia él lo que notablemente la frustró un poco. Una vez finalizado el espectáculo del bikini me fui al agua  (esa sí que estaba estupenda) y nadé y jugué a la pelota hasta no poder más. Era una playa un poco rara porque la marea iba subiendo a una velocidad de escándalo y la pobre socorrista no daba a basto para ir acercando a los bañistas a la orilla. Me llamó mucho la atención que cerca de las tres de la tarde estando a unos 30 metros de la arena el agua me llegara más arriba de la cintura.
Después de secarme un poco me acerqué con Joanna la polaca a uno de los puestos donde vendían mariscos para probar unos platitos con forma de barca que preparan con gambas, gambones, zanahoria y palitos de cangrejo. Aunque lo venden en la calle en plan mercadillo está muy fresco y muy bueno y aunque soy muy asquerosita para las comidas hice caso a Joanna, que tiene buena boca, y me alegré mucho de hacerlo porque estaba riquísimo.
Al caer la tarde recogimos nuestras cosas y rematamos la jornada con una cervecita todos juntos. El camino de vuelta se complicó un poco porque por nuestro ansia de volver pronto a casa cogimos el primer tren que iba a Bruselas sin darnos cuenta de que daba una vuelta impresionante y que paraba en pueblos que no aparecen ni en el google map por lo que tardamos casi tres horas en llegar a la capital belga.

Llena de arena y hecha polvo llegué aquel día a casa, eso sí, estaba super feliz por mi día playero que me hizo recordar una vez más que a pesar de los años transcurridos  sigo siendo feliz en el mar.

sábado, 11 de agosto de 2012

LA EUROFERIA


Cuando me hablaron de la Euroferia enseguida pensé en un montón de stands con información sobre las Organizaciones Europeas y cosas por el estilo por tanto no podía entender por qué Fátima hablaba de ella con tantísima emoción . –El año pasado pusieron la bandera de España en lo alto del Atomium, mira, mira-, me dijo toda contenta enseñándome una foto en el móvil. –Pero a ver, ¿qué es la Euroferia, entonces ?- pregunté para solventar mi duda, -Cómo la feria de abril-, exclamó Fátima a grito pelado. Eso lo cambiaba todo y mi rostro lo demostró con una sonrisa..

Con esas mismas el sábado dos de junio un equipo formado por dos españolas, un holandés, una vietnamita y una inglesa nos dirigimos a la explanada del Atomium para ver que era eso de la Euroferia. En esta ocasión Fátima era la jefa de la expedición porque ya había estado y durante el trayecto nos fue explicando lo bien que se lo había pasado el año anterior. –Es como la Sementera pero en Bruselas- dijo en inglés para que todos la entendieran. La Sementera son las fiestas de Torrijos, para mí uno de los eventos más importantes del año y que intento no perderme bajo ningún concepto aunque siempre sea lo mismo y cuando terminan, llevándose consigo mi voz y casi  mi alma por estar cuatro días casi sin dormir, me prometa a mí misma que la próxima me iré fuera o intentaré tomármelas más relajada. Nunca lo hago.


Volviendo al asunto, al llegar allí me di cuenta que Fátima no se había equivocado mucho…cochecitos, tómbolas, vestidos de sevillanas y españoladas varias, vamos que me sentía como en casa. Había casetas con comida típica de España : paella, tortilla de patatas, calamares, empanadillas, gazpacho, sangría…eso sí, a precio  de oro. Decidimos hacer caso omiso del precio y sentirnos más como en casa dando una alegría al paladar ; cuando nos acercamos a la caseta a pedir me sorprendió que los que atendían no fueran españoles…ni siquiera lo hablaban así que empecé a pensar que cómo diablos iban personas que no son españolas a cocinar comida española en condicione. He de reconocer que no estaba malo pero vamos que donde estén la tortilla de mi madre y las paellas de mi tío Sebastián que se quiten esas, pero bueno tampoco nos ibamos a poner exigentes. El jamón tampoco era muy allá pero se dejaba comer y pasamos un buen rato riendo y escuchando a “Niña Pastori”. Vamos que si cuento a mis amigos en Torrijos que estaba super feliz haciendo eso me miran raro porque el flamenco no se encuentra entre mis gustos musicales preferidos pero no sé que me pasa que cuando estoy fuera de casa me entra una vena flamencona que no veáis y me hizo mucha ilusión escuchar música de la tierra aunque no sea precisamente el estilo que llevo en el coche.

 Después de reponer fuerzas dimos una vuelta por todos los puestos, me llamó mucho la atención el hecho de que aunque se anunciara como la “Feria de Abril”, estaba lleno también de hispanoamericanos que tímidamente estaban introduciendo su música y su comida y hay que reconocer que también estaban teniendo mucho éxito.  Vimos a unas bailaoras en un tablao y un espectáculo de caballos andaluces danzando al son de la música, uno de ellos incluso se atrevió a bailar en una puesta en escena con fuego que fue maravillosa. Aún embelesados por el espectáculo equino nos fuimos a tomar una cervecita fresquita porque aunque parezca mentira esa noche hacía calor. Tampoco faltaron los churros y echar unos tiros con la típica escopeta de feria donde Joost, el chico holandés, consiguió un osito. Nuestros amigos extranjeros estaban encantados, sobre todo con los churros y nosotras todavía más porque nos sentíamos como en casa y cuando estás tan lejos esa es una sensación que se agradece.




martes, 7 de agosto de 2012

LA BODA DE LUCI




A finales de mayo os conté nuestras aventuras por Granada mientras celebrábamos la despedida de soltera de mi amiga Lucía. Llevamos todo el año hablando de la boda: que si vestido de la novia, que si despedidas, que si peinados, que si que te vas a poner tú, que si vas de largo, que si mejor corto porque va a hacer calor…el caso que por fin llego el gran día y allí estuve volviendo a dar vueltas por mi patria para estar con Luci en este momento tan importante.

Una de las mejores amigas de una no se casa todos los días, así que planee mis vacaciones en torno a la boda, calculando estar una semana antes allí para ponerme morena y hacer acto de presencia en todas las celebraciones, porque eso señores, pareció una boda gitana; empezamos con la pre-boda el jueves por la noche y lo alargamos hasta el viernes(el evento era el sábado por la tarde). No voy a entrar en detalles de la celebraciones de la pre-boda, salvo decir que empezamos a cargar motores con las cervezas y las raciones de “El Rincón de Manolo” (el bar de Nacho) , que seguimos con mojitos y que lo pasamos genial.

 Y por fin llegó el día del evento, con un calor de mil demonios nos dirigimos todos a Toledo para ver a Luci hacer su entrada triunfal por la puerta de la iglesia de San Juan de los Reyes, no sin antes habernos pasado por su casa para verla vestida. En el camino de Torrijos a Toledo nos fuimos acordando de la novia y de su madre (con todos mis respetos a Aurora) porque hacía mucho calor. Yo hostigaba a Nacho al que desde aquí agradezco su paciencia y que se llevara el coche, diciéndole que subiera el aire, que pusiera no se qué música, que escuchara mi lectura de la misa a ver si lo hacía bien…esas cosas. Por otro lado, Alicia y Bea desde la parte de atrás, movían sus abanicos y se quejaban del calor porque íbamos a salir en las fotos con los “bigotes perlados “ y restarían glamur a nuestra estampa. Como podéis imaginar un viaje muy divertido. Paramos en el Hotel Beatriz para recoger a Patri y Luis y seguimos para la iglesia.


La entrada de la novia fue muy bonita y emotiva, iba muy guapa con un vestido que la quedaba estupendo y el velo colocado al estilo pirata lo que daba un aire informal y a la vez glamuroso al conjunto. El novio muy guapo también, pasando calor con el pingüino y con su eterna sonrisa aun más acentuada. Yo también tuve mi momentito de gloria en la misa, leí la segunda lectura y me puse muy nerviosa, sí, una señora periodista acostumbrada a hablar en radio sin parar se pone nerviosa en situaciones como esa, pero bueno como ya he dicho, una de las  mejores amigas de una no se casa todos los días.
 Después de la ceremonia, tirar el arroz y las fotos de rigor nos fuimos al cigarral del Santo Ángel Custodio que era donde sería la cena. Un sitio super bonito, con un jardín cuidadísimo, muy verde y floreado pese a las altas temperaturas estivales del verano toledano. Me sentía como en un cuento entrando por el camino lleno de arboles. Nada más entrar unos camareros nos ofrecieron un coctelito de melón que junto al vestido que llevaba me hicieron sentir como en la gala de los Oscar. Pero ahí no quedó todo, porque de repente apareció un camarero (Iñaki) con una bandeja llena de cervezas fresquitas…y ahí estaba yo vestida de princesa griega observando unas vistas preciosas de Toledo con mi copa de cerveza fría en la mano y la mítica banda británica Oasis sonando de fondo…creedme que casi lloro de la emoción y me hubiera encantado parar el reloj en ese momento y quedarme ahí toda la vida.

 Después empezó el coctel: jamón y lomo ibérico por aquí y por allá, queso manchego, salmorejo, un montón de canapés raros (foia de no sé qué, salmón con no sé cuantas, bolsitas de no sé qué…) bueno ya os podéis imaginar… todo eso regado con cervecitas bien frías que Iñaki nos iba acercando cuando veía que nos quedaba poco, vino, refrescos…en fin cada uno lo que quisiera. Apunto que hablo del camarero Iñaki como si fuera mi amigo porque nos hicimos sus colegas ya que principalmente era el portador de la cerveza y los ibéricos que tantísimo nos gustaron, por ese motivo siempre pasaba primero por nuestro lado…ya sabéis que hay que tener amigos hasta en el infierno.

Después vino la cena, donde pudimos armar un poquito de jaleo y molestamos un poco a los novios y tras ésta el baile donde estuvimos hasta que nos echaron. Lo pasamos muy, muy bien, bailamos un montón de canciones pachangueras, de estas de todo la vida aunque no faltaron los exitazos de este verano (Tacabro, Cali y el Dandy, Paulina…). Me sentía como en las fiestas de Torrijos con tanta música tonta para bailar. El colofón final lo puso el himno del Atleti que todos berreamos como si no hubiese mañana.

Una vez echados del cigarral, bajamos a seguir la fiesta a las terrazas de la Peraleda (seguimos en Toledo) pero allí sustituí el baile por una animada conversación con uno de los primos de la novia. Alrededor de las seis  de la mañana nos empezaron a echar. No puedo dar muchos detalles del viaje de vuelta porque me senté en el coche, me fui quitando una a una las horquillas de mi moño de Helena de Troya y me quedé dormida…cuando me desperté estábamos entrando en Torrijos.
 Fue una tarde-noche estupenda que creo que ninguno olvidaremos fácilmente, sobre todo los novios que horas más tarde cogían un avión con destino a Estados Unidos donde todavía hoy siguen y de donde espero que me traigan un estupendo regalo.

lunes, 9 de julio de 2012

ZAPATOS ROTOS


Hace un par de semanas, cuando estuve en España me compré unos zapatos, me gusta comprarme los zapatos allí porque me parece que la calidad es mejor, aunque, ahora ya no se…el caso que al llegar no me lo pensé dos veces y me fui a por zapatos primaverales, en concreto me compré unos mocasines. Hago aquí un pequeño paréntesis para avisar que odio las manoletinas (que ahora se llaman bailarinas que suena más chic), los mocasines o cualquier zapato de ese estilo que pueda existir, lo que pasa es que como en Bélgica el verano tal y como lo entiende un español es algo que solo existe en sus sueños o ven en película californianas no podemos llevar zapatos veraniegos y me veo obligada a llevar los malditos zapatos que tanto odio.

En realidad, no sé porque tengo horror a ese tipo de zapatos porque cuando se los veo a la gente puestos incluso me gustan pero en mí no, siento como que no van con mi estilo, como si fuera otra persona, me hacen bajita y me veo como redonda…no sé, que los he cogido manía y ya está. Pero los mocasines que me había comprado me gustaban, no tenían mala calidad, precio razonable, color veraniego…una serie de características que los hicieron pasar por el aro de mi cabeza “odiadora” de mocasines y he de confesar que hasta me gustaban y no me veía tan mal con ellos.

Mi primer día de vuelta al trabajo estrené mis mocasines, perfectos, no me hacían daño, iban bien con mi ropa, todo genial. Aguanté todo el día con ellos puestos y estaba empezando a cambiar mi concepto sobre los zapatos de ese tipo, pero… no duró mucho la sensación. El segundo día que me puse los zapatos todo estaba correcto por la mañana antes de salir de casa, pero cuando llegué a la oficina me encontré con que uno se me había  roto de un lado y el otro estaba empezando a romperse de los dos lados. Ya sé que la culpa la tiene que tengo los pies muy anchos pero yo arremetí contra el zapato acordándome de todos los zapateros del país. ¡Cómo voy a ir con un agujero en los zapatos !, encima no me podía volver a casa a cambiar porque trabajo muy lejos, tampoco hay zapaterías cercanas para entrar a comprarme otras odiadas manoletinas, nada, así que empecé a pensar cómo demonios iba a arreglar eso para que me aguantaran toda la mañana sin pasar vergüenza. Cuando llegó mi compañera a la oficina le expuse lo sucedido y le pregunté si tenía aguja e hilo para hacer  un cosidito que me sacara del apuro, pero nada; claro que después de este episodio la que va a llevar siempre en el bolso aguja e hilo voy a ser yo. Mi compañera me dijo que a ella también le pasaba porque también tiene los pies anchos, que no me preocupara, pero yo si me preocupaba, tanto que según iban llegando mis compañeros de oficina me preguntaban que si estaba triste o cansada, a lo que yo contestaba que cansada porque duerno poco lo que no era del todo cierto, lo que estaba era pensando cómo arreglar el zapato y no me gusta que me molesten cuando pienso. Podéis pensar que mi situación era exagerada pero es que teníamos comida de departamento y no podía presentare delante de mis compañeras, mujeres de importante rango en agencia europea que imagino que tendrán un armario de ropa y zapatos como el del anuncio de Heineken con mis zapatos semi nuevos rotos. Tras un rato de pensar vi un rollo celofán encima de la mesa y los pegue  por dentro y por fuera, no se notaba mucho el apaño pero cuando andaba sonaba como si tuviera los bolsillos llenos de caramelos pero parecía que con el invento iba a salir del aprieto. Pero… duró dos ratos porque se empezaron a despegar y los agujeros se iban haciendo más grandes y a mí me daba cada vez más vergüenza y no sabía cómo esconderlos así que al final decidí salir un pelín antes del trabajo porque ya no aguantaba más estar con los zapatos rotos y con los dedos pequeños de los pies medio fuera explorando el mundo.

No sé que hacer con estos zapatos la verdad, voy a intentar (cuando vuelva a Torrijos) llevárselos a Fausto el zapatero, alías “El McGiver de los Zapatos”, que no hay zapato roto que se le resista a ver si puede hacer algo con ellos y así hacer que me reconcilie con los mocasines hasta que me vuelvan a jugar una de las suyas.

miércoles, 4 de julio de 2012

CAMPEONES DE EUROPA


No todo el mundo vive una final de la Copa de Europa cuando tu país juega la final fuera de casa, y he de reconocer que no es plato de gusto, al menos en mi caso, porque me hubiera encantado estar viendo el partido en Torrijos y celebrar nuestra victoria en la rotonda de la bandera con los bomberos echándonos agua y la gente dando voces. Y continuar cerveceando y jugando al billar con banderas pintadas en la cara hasta las tantas de la mañana como ya hice en la anterior Eurocopa y el Mundial. Pero esta vez no ha podido ser así y me he visto obligada a vivir una final de Eurocopa en un ambiente muy internacional donde todo el mundo quiso ser español por unas horas y en la que los propios españoles nos sentíamos más españoles que nunca en esta multicultural ciudad. 

Esa misma tarde, mi compañera de piso, una griega, me preguntó si podía venir conmigo a ver el partido porque lo quería ver con españoles. La respuesta fue un sí como un piano porque todo soporte es poco en ocasiones como esta. Le dije que estuviera preparada para las 19:45 ya que habíamos quedado a las 20:00. A la hora acordada aporreé la puerta de su habitación para meter prisa y presión porque llevaba toda la tarde nerviosa y quería ver el partido tranquilamente sentada. Cuando me contestó diciéndome que ya iba me quedé esperándola mirándome al espejo de la entrada; vaqueros, manoletinas y bolso beige y una de mis camisetas de la suerte (beige y marrón) era el modelito que había elegido para el partido porque no tengo aquí nada rojo, eso sí, la bandera española lucía sobre mis hombros para dejar bien claro de parte de quien estaba. En esas estaba yo, observando lo sencilla a la par que elegante que iba cuando oí unos tacones por el pasillo y vi a mi compañera subida en unas plataformas enormes y embutida en un minúsculo vestido rojo. –Viva España-, me dijo con un extraño acento, -viva- contesté casi sin voz e intentando que no se me notara la cara de estupor que se me había quedado al ver semejante atuendo. Me volví a mirar al espejo y  a analizar mi ropa rápidamente…-vas muy bien para ver el partido-, pensé mientras agarraba con fuerza la bandera rojigualda.

 A la hora acordada llegamos a la Plaza de Luxemburgo donde había quedado con mis amigas: dos españolas, Alesia y Fátima (torrijeña como yo) y la polaca Joanna a la que tuve que regañar porque se había puesto una americana azul Italia. –Es que voy con los dos-, me dijo a modo de disculpa, -me gustan los chicos italianos-, -a mí también, pero no es motivo para cambiarse la chaqueta en el último partido, llevas todo el rato animando a España-, la dije riendo y señalando con falso desprecio a la chaqueta azul “Azurra” que se había plantificado para animar a Italia porque no la vi celebrar ni un solo gol español pero si que oí sus resoplidos e más de una ocasión mientras yo palmeaba y me emocionaba con las jugadas de los chicos de “La Roja”.

Tuvimos que sentarnos separadas porque no había sitio para todas en la terraza del bar, así que Alesia y Fátima se fueron dentro y yo me quedé fuera con Eli, Joanna y un montón de españoles a los que no conocía y que gritaban tonterías y amenizaban el partido. En esas estábamos cuando de repente se nos apagó la tele, todas funcionaban menos la nuestra y la gente empezó a silbar y a quejarse, -como marquen gol matamos al dueño-, me dijo Eli riendo, y mira por donde de repente escuchamos gritos de admiración y ánimo en las terrazas de los bares de al lado, seguidos de gritos de gol. Nosotros no sabíamos que hacer hasta que vimos hondear una bandera española y a los que estaban dentro que salían fuera gritando y empezamos a gritar gol y dar palmas y creo que todos nos acordamos mucho de la madre de los dueños del bar que se apresuraban por arreglar la tele antes de que la marabunta de españoles nos echáramos encima por no haber disfrutado de nuestro primer gol de partido. Una vez arreglada la tele seguimos viendo el espectáculo, eso sí, en el segundo tiempo me fui dentro con Fátima y Alesia, seguida por la alicaída Joanna y dejando a Eli en la terraza con un amigo suyo.

Dentro del bar todo fueron risas y celebraciones, el tercer gol de España ya no dejaba dudas de que volveríamos a ser los campeones de Europa y Alesia sacó sus pinturas para decorarnos la cara con la bandera española para la posterior celebración. En esas estábamos cuando llegó el cuarto gol y casi seguido el final del partido. Ya se empezaban a escuchar los pitos de los coches y la Plaza de Luxemburgo se llenaba de barullo y de personas ataviadas con los colores de nuestra selección. Fue un momento muy emotivo, como siempre que ganamos, aunque no pude evitar recordar donde me gustaría estar y con quién lo que no quiere decir que no agradezca la compañía de aquella tarde porque no es cierto, gracias a ellas lo pasé también genial.

 Volviendo a los acontecimientos, salimos fuera para reunirnos con Eli y su amigo, un español muy serio, que nos miraba asustado y que parecía que iba con Italia más que con España por la cara que tenía. El caso es que Eli se dio cuenta de las banderas de mis mejillas y dijo que quería una, la dije que hablara con Alesia que era la maquilladora oficial. Vi a Eli aproximarse a Alesia y una cara rara por parte de ésta tras oí la petición de Eli. Desaparecí por unos momentos para ir a saludar a mi otro compañero de piso que también celebraba nuestra victoria entre voces y saltos cuando apareció Eli saltando con su minúsculo vestido rojo y un corazón con los colores de nuestra bandera pintado en su el gigantesco escote ( podéis imaginar donde llevaba el corazón pintado). Volvió mi cara de estupor y comprendí porqué Alesia había puesto esa cara de susto cuando le dijo que quería que la pintara una bandera. Joanna se acercó y me susurró al oído uno de los -It’s too much-, que no había parado de repetirme durante toda la tarde cada vez que miraba el vestido rojo de Eli. Haciendo acopio de mi malicia hice un gesto a Alesia que con su acento gallego y lejos de cualquiera que pudiera escucharla me dijo : -Esta chica está loca, pues no me pide que la pinte un corazón con la bandera en la teta, ¡EN LA TETA!. Y encima el rojo es mi pintalabios-; –ya ves, y luego tu te pintas los morros con esa barra-, la dije sin parar de reír, -Ahí calla, calla, deja que se me olvide-, me contestó riendo pero aun con la cara de alucine que todas teníamos ante semejante situación.

Pero la cosa no terminó ahí porque decidimos ir a la Bourse, en el centro de la ciudad a celebrar nuestra victoria, Joanna optó por irse a casa con su chaqueta azul “Azzurra” y las demás nos fuimos a seguir con nuestra euforia. La policía cortó los accesos a la Bourse al tráfico pero aun así se veían coches con banderas y dándole al claxon mientras se desviaban por otras calles. La verdad es que era bonito ver tanto rojo y tanto amarillo en la capital de Europa sintiendo que éramos los primeros en algo y no los últimos aunque fuera solo por unas horas. Pero esa alegría se convirtió en sorpresa cuando al llegar al edificio de la bolsa nos dimos cuenta de que de los allí congregados españoles de pura cepa éramos bien poquitos; ingleses, belgas y sobre todo magrebíes eran los que hondeaban nuestra bandera al grito de ¨Yo soy Español, Español, Español¨ , acercándose a las cámaras de televisión y haciéndose pasar por nosotros. –No me lo puedo creer-, fue lo único que acerté a decir, -Créelo-, me dijo un chico gallego, -menos mal que vosotras sois españolas auténticas porque esto está lleno de impostores, así piensan luego por aquí que qué morenos somos-. No me quedó otra que reír. Tras observar un poco el ambiente y reírnos de la situación empezaron unos fuegos artificiales. Fátima y yo los mirábamos embelesadas, -¡la pólvora!- exclamó Fátima, -creía yo que este año me quedaba sin ella-, me dijo sonriendo, -Ya ves Fati qué situación, dos torrijeñas en Bruselas, celebrando que somos los campeones de Europa rodeadas de nuestros vecinos del Sur diciendo que son españoles-. Nos miramos sonriendo y continuamos disfrutando del espectáculo.

jueves, 28 de junio de 2012

EL PANTANO DE BURGUILLOS



Cuando hablo de “dar vueltas por ahí »no me refiero solo a salir al extranjero, en España también se pueden dar cincuenta mil vueltas y encontrar ciudades y parajes de lo más bonitos, aunque muchas veces no sepamos apreciarlo porque simplemente lo tenemos ahí, al ladito de casa y llevamos toda la vida viéndolo. He de confesar que esto me pasa con Toledo, me parece una de las ciudades más bonitas que conozco (de acuerdo, la más, que yo soy muy toledana) pero no lo aprecio todo lo que me gustaría porque simplemente lo tengo siempre ahí, voy a comprar ropa, a tomar unas cañas, a ver el Corpus, a las fiestas de agosto, a salir por ahí, al médico, a tomarme un limón a la vega, a dar la vuelta al valle, a la boda de Lucía (de la que también tendréis una crónica)…en fin, ese tipo de cosas.

Todo esto viene porque la semana pasada estuve en España, en un viaje bastante improvisado y precipitado que entre otras cosas me permitió tomar muchísimo sol y coger la cantidad suficiente de calor corporal (40 graditos el domingo) para poder pasar los 18 días que me quedan en la capital belga hasta mis tan ansiadas y merecidas vacaciones. El caso es que el famoso domingo de los 40º me marché al valle de Iruelas a ver nadar a mi hermano en el pantano de dicho paraje. El Club Máster Natación de mi pueblo celebra cada año por estas fechas una travesía popular a la que no podemos faltar, ya sea de manera activa o como meros espectadores. He de confesar que me dio un poco de envidia porque yo también quería nadar y no pude porque no había entrenado y no me veía con fuerzas, pero eso sí, disfrute de un fabuloso día de pantano que aumentó aun más esas ganas que tengo de volver a España  querida, aunque de momento no será posible.

Ese domingo, nos levantamos a las 7:30 de la mañana para preparar todo e irnos a la travesía, no me sentó muy bien el madrugón porque el sábado había estado viendo el fútbol y luego tomando algo hasta tarde y me dio mucha pereza pero al final conseguí levantarme. Después de dar cuenta de un buen desayuno y preparar nuestras mochilas nos fuimos al pantano. La palabra pantano es muy fea, suena a lago sucio y cutre pero nada más lejos de la verdad, vale que el agua no es cristalina como en las playas del Caribe, sino todo lo contrario pero…está limpio (salvo algún insecto imprudente ) y el paraje natural es una maravilla, se pueden ver las montañas de la sierra, rocas en el agua, pequeñas calas…un sitio que hay que ver. Además no cuenta con la aglomeración de gente que hay en el pantano de San Juan, sitio de recreo para muchos madrileños, así que todo eso hace que sea un lugar idóneo para pasar una tarde de sábado o domingo, incluso de día de diario ahora que con la crisis estamos más ociosos y buscamos escapadas baratas e interesantes.

Cuando llegamos allí me inundó una alegría inmensa, hacía mucho calor, me encanta el pantano de Burguillos porque me gusta mucho el agua y la montaña, y oye…que cuando una está lejos de casa cuando vuelve se emociona fácilmente y disfruta más de esas pequeñas cosas. Aparcamos el coche en el quinto pimiento porque había muchos coches, se conoce que este año mucha gente decidió participar en la travesía, acompañamos a mi hermano a por el chic y esperamos dándonos un chapuzón a que empezaran las competiciones mientras escuchábamos al speaker hacer demostración de su don para la palabra intercalando publicidad de melones, gafas, dentista y sandias con comentarios sobre los participantes, distancia de la travesía y exaltación del paraje.

A la hora prevista empezó el espectáculo, primero los más pequeños en una prueba corta (800 metros), luego los más veteranos y algún chavalín valiente con la prueba larga (5.600 metros). Me hubiera gustado mucho contar mi experiencia en el agua pero como ya he dicho este año no he participado; el año pasado lo hice en la prueba corta, llegue de las últimas y me ganó un niño entradito en carnes del que estoy segura que dentro de un tiempo será un estupendo nadador. Y es que los adultos que participan en la prueba corta tienen q ir mentalizaos de que los niños les van a dar para el pelo porque nadan muchísimo y muy rápido por lo que hay que contar con que ellos nos fundirán, de todos modos y aunque yo sabía eso, me piqué con el pobre chaval y me sentó  mal que me ganara. 

Pero lo pasado,  pasado está y volviendo al 2012, mientras los nadadores recorrían los más de cinco kilómetros de travesía, Raquel (la novia de mi hermano) y yo nadábamos entre las calas, tomábamos el sol, nos poníamos pingando de piedras y arena…en fin esas cosas que en Bruselas no se pueden hacer porque no hay verano y que los 40 gradazos que hacían el domingo nos permitían y excusaban. Poco a poco fueron llegando los nadadores, desde aquí felicitar a mi hermano que hizo muy buena marca, los últimos muy cansados por el gran esfuerzo pero se llevaron muchos aplausos y algún que otro grito de ánimo porque hay que reconocer su fuerza de voluntad. Después  de todo eso…llegó lo más divertido: la cervecita y la paella. Los torrijeños tenemos la costumbre de celebrar todo con cerveza, la travesía, la carrera popular, las fiestas del pueblo…todo, nos montamos un chiringuito con unas barras portátiles, unos barriles, patatas fritas y ale, y si nos apuramos un poco la paella también, y esta vez sí que tocó. De nuevo me faltan palabras para describir lo contenta que estaba allí haciendo cosas de pueblo con la gente de mi pueblo porque vale, el ambiente europeo es muy cosmopolita y todo lo que queramos pero…esas cosas no las tiene y no sirve a mí las cervezadas improvisadas, las verbenas y las tertulias veraniegas me gustan muchísimo.
 Después de la paella nos fuimos a dar el último chapuzón, cuando consideré que en mi cabeza ya se podía hacer una barbacoa porque con las prisas de la mañana olvidamos sombrillas y gorros volvimos a casa, ni hablar quiero de los 52º que marcaba el coche al sol, eso sí, me senté sin rechistar porque ya imaginaba el tiempo que me esperaba a mi vuelta a la capital de Europa.

martes, 12 de junio de 2012

SUFRIENDO CON LA ROJA


Me encanta cuando juega la selección española, me sale un orgullo patrio solamente comparable a cuando estoy viviendo fuera así que podéis imaginaros como voy a vivir esta Eurocopa en la que no solo juega la roja sino que encima no estoy viviendo en España.

Yo no soy muy sufridora con el fútbol, soy del Atleti pero no suelo ver los partidos porque mis amigos son la mayoría del Barcelona o del Real Madrid y cuando los veo, bueno me da un poco lo mismo, si gana estupendísimo y si pierde…pues nada ya jugara mejor el próximo día, aunque creo que ese es el verdadero espíritu indio que nunca nos entristecemos si pierde y seguimos pensando que la próxima vez nos irá mejor. Bromas aparte, lo mismo que con el Atleti no sufro, con la selección española la cosa cambia, me pongo nerviosa, me enfado si hay faltas, celebro los goles y victorias y me afectan mucho las derrotas…esas cosillas que tiene el fútbol.

Este año la Eurocopa me pilla aquí, en Bruselas, la verdad es que en principio no me hacía mucha gracia porque aquí no tengo mis enseres (pinturas de los colores de España, bandera y camisa roja) ni tampoco está la gente de mi pueblo dando voces a los jugadores que creo que es lo más divertido. Nunca olvidaré cuando en la Eurocopa anterior, un señor llamó ciervo a uno de los jugadores de la selección por fallar un penalti, su novia o esposa (del jugador), ya no recuerdo bien su estado civil, era una de las más frescas de España y al señor lo primero que le salió fue eso. Todo el bar nos quedamos callados cuando lo escuchamos y rompimos a reír cuando nos dimos cuenta de la gran estupidez, es que en mi pueblo hay mucho fenómeno viendo fútbol y merece mucho la pena ir a los bares a verlo ya no solo por el juego en sí sino por el buen rato que te hacen pasar los aficionados. El caso es que aunque fuera sin arripápanos de hincha ni torrijeños vocingleros yo no me podía perder el partido.

Quedé con Alesia (una chica española), una rumana, su novio, también rumano y un holandés, ese día todos éramos españoles, y nos dirigimos a la Plaza de Luxemburgo a verlo porque fue donde pensamos que habría menos italianos, nos habían llegado rumores de que una amplia comunidad italiana iría a verlo a la plaza Flagey y en esta ocasión los colores iban por encima de amistades. Cuando llegamos allí, nos encontramos una mezcolanza de banderas que no me gustó mucho, eso sí, los españoles  los que más voces daban. Tras mirar en varios bares nos decidimos por uno en el que sabíamos que estaban unos amigos de Alesia, no había sitio en la terraza donde hubiera sido perfecto porque no hacía muy mala tarde pero sí dentro. La parte de fuera estaba llena de compatriotas con camisas rojas y amarillas y pensamos que ese sería buen sitio. Pero para nuestra sorpresa al entrar, el bar no era tan territorio nuestro como creíamos y nada más sentarnos, pude apreciar voces italianas a todo mi alrededor. No podía creerme que después de tanta vuelta terminara viendo el partido casi en territorio hostil. –Mira ese italiano de delante, está bueno-, me dijo Alesia nada más sentarnos, -siempre queremos italianos pero hoy no Alesia, hoy no-, la dije bastante seria porque estaba viendo ya sus intenciones. Ella me miró muy seria y me dijo que ella no se tomaba el fútbol tan a pecho y que aunque tenía un poco de razón ella iba a hacerle ojitos al italiano de delante. No me quedó otra que reírme, la verdad es que el susodicho no era mi tipo, y como tras una rápida ojeada me di cuenta que ninguno de los presentes contaba entre sus genes con el “profilo dantesco” que tanto me gusta, decidí dejárselos a Alesia que no es tan exigente y disfrutar del partido que era a lo que realmente había ido.

El partido comenzó y con él los nervios, las voces y la desesperación por parte de unos y otros. Rodeadas de italianos, pronto empezaron a bromear con nosotras, uno incluso se atrevió a cambiarse de bando y a entonar un tímido viva España que de vez en cuando le ayudaba a terminar con una sonrisa porque se quedaba solo en el viva y esa canción o se canta bien o no se canta. Nos estábamos riendo mucho, incluso la camarera en sus pocos ratos de descanso se acercaba por donde andábamos para reírse, nuestro espectáculo estaba en la televisión pero el de ella estaba en nosotros. Mientras yo no paraba de mirar a la tele y sufría silenciosamente tapándome la cara, tocándome el pelo, o con tímidos: -dale, dale- y  -uih-, Alesia sacó su lado más camionero y puso a Buffon (el portero italiano) de vuelta y media, lo que no sabíamos si divertía o crispaba al italianito de delante, en el que Alesia se había fijado, que la miraba con una media sonrisa difícil de interpretar. En esas estábamos cuando vino el primer gol, Italia marcaba, yo me deprimía, Alesia maldecía, los italianos cantaban y nos estrechaban la mano muy alegremente. Minutos después éramos nosotras las que les estrechábamos la mano a ellos con la mejor de nuestras sonrisas.

El partido terminó, ni contentos ni tristes, empate a uno, me esperaba más de la roja pero bueno, no estaba mal el resultado. De repente el italiano de delante se giró sacando su lado más encantador y mediterráneo, -me llamo Angelo, ¿me das tu teléfono?- preguntó a Alesia, meterse con Buffon había dado buenos resultados. Tras el intercambio telefónico y de Facebook (la red social es incluso más importante que el teléfono) salimos fuera, mientras Alesia relataba que no pensaba quedar con él porque la parecía un chulo y que ya no le gustaba. Eché un último vistazo por si veía nariz dantesca que mereciera que me quedara un rato más pero todos los Dantes debían estar en la plaza Flagey, así que decidimos volver a casa la emoción nos había agotado además, esa misma tarde habíamos estado jugando al baloncesto, curioso episodio que os contaré el próximo día.

lunes, 4 de junio de 2012

DESPEDIDA DE SOLTERA.


Y llego el último puente de mayo y con él, mi tan ansiada visita a España, aunque esta vez sería una visita un tanto peculiar porque no iría a casa como suelo hacer siempre sino a la despedida de soltera de Lucía, una de mis mejores amigas, y como destino elegido le tocó el turno a Granada. Yo nunca había estado allí así que me pareció una idea estupenda celebrar la despedida de Luci allí, además ella tenía unas ganas locas de visitar la ciudad así que…como no íbamos a dar el gusto a la novia…

Mi viaje fue muy relámpago y la verdad que un poco paliza, la idea era salir el viernes después de trabajar, llegar a Madrid a las 8:30 de la tarde, a la 1:30 de la mañana coger un autobús para Granada, regresar el domingo a las 7 de la tarde y coger el avión de vuelta a Bruselas el lunes tempranito. Yo iba mentalizada y ese viernes trabajé poco porque ya tenía la cabeza pensando en mis mini vacaciones. En cuanto el reloj marco las 14:30 salí corriendo dejando atrás Eurocontrol y sus tareas para coger un bus urbano que me dejara en la estación y así poder pillar el otro autobús que me dejara en el aeropuerto, iba muy justa de tiempo y no podía entretenerme. Cuando entré en el urbano sonreí porque solo quedaba un minuto para que saliera, todo iba según lo previsto, pero no podía ser todo tan bonito y pasados cinco minutos seguíamos sin movernos y el conductor se paseaba nervioso por el pasillo del vehículo. Como yo soy un poco como Dori, el pez despistado de la película “Buscando a Nemo” no me había dado cuenta que sentado en uno de los asientos del autobús había un chico que dormía aunque puesto de una manera un poco rara, vamos que daba la impresión de que estaba inconsciente y así era, lo único que hacía pensar que no se tratara de algo peor era que se le oía respirar. Pasados esos cinco minutos llegaron unos guardias de seguridad que empezaron a dar bofetaditas al chico para ver si se despertaba, pero lo único q obtuvieron por respuesta fue un manotazo y un ruido raro. Yo me estaba enfadando porque como siguiéramos moneando perdería el autobús, vamos que de buena gana le hubiera dado yo dos buenas tortas para que se despertara porque me estaba desquiciando. Viendo que el chico ni se inmutaba nos cambiaron a otro autobús que salía en unos diez minutos pero cuando ya estábamos acomodados el chico se despertó y tranquilamente se bajo del bus dispuesto a subirse al otro como si nada hubiera pasado. La policía había llegado así que le pidieron la documentación y a nosotros nos volvieron a llevar al primer bus para salir inmediatamente. Los que me conocéis podéis imaginar mi estado de nervios y la de cosas malas que estaban pasando por mi cabeza, menos mal que no abrí la boca, encima hacía mucho calor lo que empeoraba mi humor; acababa de empezar el viaje y no lo había hecho con muy bien pie que se pueda decir.

Con la hora pegadísima llegué a la estación de Midi para coger el otro coche de línea que me llevaría al aeropuerto, lo pillé a tiempo pero a los belgas también les gusta salir de puente y el atasco que había para salir de la ciudad era   como los que se forman en Madrid en la M-40, estos en los que te pasas media vida y escuchas en la radio toda la música habida y por haber. Gracias a Dios, un poco de suerte estuvo de mi lado y llegué al aeropuerto a las 17:25, mi avión empezaba a embarcar a las 17:55. Corrí como loca porque ya me veía compuesta y sin viaje pero cuando ya pasé todos los controles de seguridad y llegué a las pantallas para ver la puerta de embarqué un gran cartel luminosos señalaba que el vuelo estaba retrasado y creedme…me alegré.

Llegué con la media hora de retraso que había traído el avión, en la puerta me esperaba mi hermano que le tocaba trabajar y vino a verme (no sabéis la alegría que me da eso), hablé un poco con él y me fui pitando porque había quedado con el novio de Lucia para que me guardara la maleta mientras nosotras cañeábamos por Madrid hasta que saliera el bus a Granada. El reencuentro con las chicas fue muy bueno, estuvimos cenando y riéndonos mucho, el viaje prometía. A la una de la mañana llegamos a la estación de Méndez Álvaro en Madrid para coger el autobús, las fumadoras se estaban muy chulamente echado el último cigarro de la noche y hablando de todo un poco. Patricia y yo decidimos subir porque estábamos cansadas y nerviosas y queríamos ya sentarnos, pero al entregar los billetes al conductor nos dijo muy serio que nuestros billetes no valían…-Es una broma, ¿no?- dijo Patricia confiando en que la respuesta por parte del hombre fuera una sonrisa…-No-, contestó éste muy serio, -teníais que haber viajado ayer-. Otro conductor que andaba por allí saco la lista del día anterior y ahí estábamos nosotras, la confusión fue que el coche al salir a la 1:30 de la mañana ya no se contaba como día 25 sino como día 26 por tanto no nos servían los billetes, además el autobús estaba lleno y no nos podían meter así que, con las caras aun como de cera nos quedamos en tierra.

Pero ya lo dice el refrán “todo tiene arreglo en esta vida menos la muerte” y eso es algo que Pilar, otra de las chicas de la despedida tiene muy presente así que sacó su móvil y llamó a su padre para que nos dejara su coche “grande”…-¿qué es grande Pilar?-, pregunté un poco preocupada, -grande es grande, Marta-, contestó ella; -Me refiero a si viajaremos en la legalidad, recuerda que somos seis-, la respuesta de Pilar volvió a ser-el coche es grande-. Empezaríamos el viaje pasándonos las normas de tráfico por las mismísimas narices.

Hay que reconocer que el esfuerzo que hicieron Pilar y Lucía (la futura novia) fue enorme porque se pasaron toda la noche despiertas, una conduciendo y la otra dando palique, las cuatro de atrás si que dimos alguna cabezada, no muchas porque estábamos muy apretujadas pero nos rendíamos de vez en cuando al encanto de un sueñecito. A pesar de eso el viaje fue divertido porque encontramos unos CD´s del padre de Pilar con música de Rocía Durcal y Antonio Molina. Qué alegría nos dio, así que así íbamos cantando “Soy minero”, “Así son los hombres” y “Me gustas mucho” como si no hubiera mañana.Sobre las 7 llegamos a Granada, la entrada me recordó un poco a La Puebla de Montalbán pero con palmeras, no dije nada porque seguro que mis amigas se reirían de mí pero fue lo que me pareció así de repente. Llamamos al hombre que nos alquilaba los apartamentos, ya le habíamos dicho que le llamaríamos temprano pero creo que no se imaginó que tanto y debió de acordarse un poquito de nuestras madres. Nos explicó más o menos por donde teníamos que ir pero no nos enteramos mucho. Finalmente llegamos al parking donde nos dijo el señor siguiendo las indicaciones de los barrenderos granadinos que no veáis la guasa que tienen aun siendo horas que debería estar prohibido no estar durmiendo.

El dueño de los apartamentos nos esperaba en el sitio acordado, cuando le vimos no pudimos evitar echarnos a reír porque parecía un auténtico guiri; tenía el pelo blanco, medio largo, muy bronceado, con unas bermudas, unos zapatos (queriendo parecer  pijo), el casco de la moto…en fin, un personaje con un atuendo bastante interesante, muy majo, eso sí y con unos pisitos muy apañados donde nos instalamos y tomamos una ducha para sin dormir, comenzar nuestra jornada.

Después de la ducha vimos las cosas de otra manera, desayunamos y fuimos a ver la Alhambra (muy bonita, recomiendo a todos ir). Después de la visita ya eran casi la una y comenzaba lo que todas estábamos esperando y lo que básicamente nos había llevado a Granada…cañas y tapas. Había muchas despedidas de solteros y solteras allí y el ambiente era muy animado. En uno de los bares entraron unos chicos que celebraban la despedida de un amigo con el futuro novio con el culo al aire, tuvimos la buena suerte de que como estábamos en la primera mesa nos le plantificaron encima. Menos mal que Lucía había dado la voz de alarma y habíamos agarrado nuestras cervezas con fuerza para salir pitando, la que resultó peor parada fue Patricia que nos estaba contando algo importante y cuando se giró al ver que todas nos retirábamos se encontró un culo ajeno prácticamente en su cara. Su grito, mezcla de horror y pavor, nos hizo reír a todos; fue también Patricia la que exigió a  la camarera que nos limpiara la mesa porque ella no pensaba apoyar su cerveza en una mesa donde ¨había plantado el culo sin nada una persona que no conozco”. Todas celebramos con risas esta petición y la camarera realizó rauda su tarea dando la razón a Patricia y criticando a los chicos por su osado atrevimiento.

Cuando terminamos nos dirigimos a otro bar donde nos tomamos la primera caña y decidimos cambiar de tercio porque el cansancio volvía a aflorar y las cervezas nos estaban amodorrando así que…llegaba la hora de los cubatas. Armadas con Gin Tonic, Rones y Martinis, nos salimos a la calle a degustar nuestro cubatita vespertino al sol andaluz. En esas estábamos cuando vimos aparecer por al calle a una chica que celebraba su despedida de soltera subida en un burro. Hizo una entrada triunfal en la calle, saludando elegantemente como si de una reina se tratara y recibiendo con sonrisas a todos los valientes que entre voces, vasos de cerveza y gritos se iban acercando al burro. Pero el pobre animal no debió encontrar divertido semejante espectáculo y viéndose acorralado por esa marabunta de personas voceando se asustó y empezó a defenderse de la única manera que sabe…dando coces. Así que a partir de ahí lo único que pude ver fueron vasos de cerveza volando, coces de burro a diestro y siniestro, una futura novia que asustada se caía del burro y un pelotón de gente corriendo calle abajo como si en vez de un inofensivo pollino se tratara de un toro de miura. Ante semejante espectáculo solo pudimos reír. Lloré de risa, hacía mucho que no lloraba de risa y el estómago me dolía tanto que aunque quería parar porque creía que me iba a partir por la mitad no podía. Sin lugar a dudas el episodio del burro desbocado fue uno de los momentos más graciosos del fin de semana y que os puedo asegurar que recordaré toda mi vida.
Después del espectáculo subimos a la novia a casa, la disfrazamos de vaquera, nosotras de indias y seguimos recorriendo los bares de la ciudad hasta que nos cansamos, compramos lambrusco, coca-cola, chocolate y galletas (olvidando nuestra dieta para estar perfectas el día de la boda) y nos fuimos al apartamento a jugar al Sing Start (sí, nos llevamos la Play Station). Dejo a la imaginación del lector el espectáculo del karaoke, cinco indias y una vaquera cantando a grito pelado sobre todo canciones de los 60, pero donde no faltaron Rocía Durcal, Rocío Jurado ni la Pantoja, mientras comíamos galletas y chocolate, fue un rato muy divertido donde exhibimos nuestras dotes como cantantes y bailarinas y lo pasamos realmente bien. Después ducha, ponernos guapas, cena en un italiano y paseíto en limusina por las calles de Granada.

Nunca había subido en limusina y está bastante bien, la primera media hora fue muy divertida, cantando, bailando, vacilando al pobre conductor y viendo la cara de felicidad da la novia que lo estaba pasando en grande. Pero luego el cansancio nos volvió a vencer, llevábamos más de veinticuatro horas sin dormir y eso pesa. Vamos que si el tipo de la limusina hubiera alargado su paseo quince minutos más nos hubiera encontrado durmiendo a pierna suelta. Después fuimos a una discoteca con varias salas, donde estuvimos tomando algo y echándonos unas risas hasta las tres de la mañana que nuestro cuerpo nos empezó a pedir una cama a gritos y esta vez sí le hicimos caso.

A la mañana siguiente fuimos a la estación de autobús a descambiar los billetes de las que se volvían en coche y a adelantar una horita el de Patricia y el mío que éramos las que nos volvíamos en bus porque teníamos que estar antes en Madrid. Fue un fin de semana que recordaremos siempre, no solo porque ha sido nuestra primera despedida de soltera sino también por todas las tonterías y cosas graciosas que nos han pasado. Ahora solo nos queda esperar a la boda, donde estoy segura que lo pasaremos igual de bien o mejor, eso sí, espero que Lucía no olvide incluir en el repertorio de canciones a Antonio Molina, Rocio Durcal y el borriquito como tú de Peret porque sin ellos la fiesta no sería lo mismo.

(Fotografías por cortesía de Patricia Domínguez)