PARA EMPEZAR...

PARA EMPEZAR...

Me llamo Marta Fernández, licenciada en periodismo, experta en Relaciones Internacionales y a un paso de ser Doctor en Ciencias Políticas.

Mi pasión por el periodismo y contar lo que pasaba comenzó siendo muy pequeña, quizá tuviera unos seis años, y veía a los reporteros en la tele, cada día en un sitio, contando historias diferentes, visitando muchos lugares, conociendo otras culturas y personas, todo muy apasionante. Y como siempre he sido muy cabezona eso fue justo lo que hice, convertirme en periodista y aunque no se si por azar o por mala suerte (o no), la vida no me está brindando la oportunidad de ser periodista pero si que me está dando la de viajar y conocer diferentes lugares, culturas y personas, a veces lejos de casa, otras veces muy cerca de ella, pero siempre encuentro en todo una historia que merece ser contada.

Ya decían Celtas Cortos "En estos días inciertos en que vivir es un arte", yo lo que pretendo es exprimir al máximo ese arte, contar mis experiencias y compartir mis viviencias que a veces son buenas y otras no tanto, pero que la mayoría de las veces dejan anécdotas graciosas y divertidas que me recuerdan lo maravilloso que es ir...Dando Vueltas por Ahí.



lunes, 9 de julio de 2012

ZAPATOS ROTOS


Hace un par de semanas, cuando estuve en España me compré unos zapatos, me gusta comprarme los zapatos allí porque me parece que la calidad es mejor, aunque, ahora ya no se…el caso que al llegar no me lo pensé dos veces y me fui a por zapatos primaverales, en concreto me compré unos mocasines. Hago aquí un pequeño paréntesis para avisar que odio las manoletinas (que ahora se llaman bailarinas que suena más chic), los mocasines o cualquier zapato de ese estilo que pueda existir, lo que pasa es que como en Bélgica el verano tal y como lo entiende un español es algo que solo existe en sus sueños o ven en película californianas no podemos llevar zapatos veraniegos y me veo obligada a llevar los malditos zapatos que tanto odio.

En realidad, no sé porque tengo horror a ese tipo de zapatos porque cuando se los veo a la gente puestos incluso me gustan pero en mí no, siento como que no van con mi estilo, como si fuera otra persona, me hacen bajita y me veo como redonda…no sé, que los he cogido manía y ya está. Pero los mocasines que me había comprado me gustaban, no tenían mala calidad, precio razonable, color veraniego…una serie de características que los hicieron pasar por el aro de mi cabeza “odiadora” de mocasines y he de confesar que hasta me gustaban y no me veía tan mal con ellos.

Mi primer día de vuelta al trabajo estrené mis mocasines, perfectos, no me hacían daño, iban bien con mi ropa, todo genial. Aguanté todo el día con ellos puestos y estaba empezando a cambiar mi concepto sobre los zapatos de ese tipo, pero… no duró mucho la sensación. El segundo día que me puse los zapatos todo estaba correcto por la mañana antes de salir de casa, pero cuando llegué a la oficina me encontré con que uno se me había  roto de un lado y el otro estaba empezando a romperse de los dos lados. Ya sé que la culpa la tiene que tengo los pies muy anchos pero yo arremetí contra el zapato acordándome de todos los zapateros del país. ¡Cómo voy a ir con un agujero en los zapatos !, encima no me podía volver a casa a cambiar porque trabajo muy lejos, tampoco hay zapaterías cercanas para entrar a comprarme otras odiadas manoletinas, nada, así que empecé a pensar cómo demonios iba a arreglar eso para que me aguantaran toda la mañana sin pasar vergüenza. Cuando llegó mi compañera a la oficina le expuse lo sucedido y le pregunté si tenía aguja e hilo para hacer  un cosidito que me sacara del apuro, pero nada; claro que después de este episodio la que va a llevar siempre en el bolso aguja e hilo voy a ser yo. Mi compañera me dijo que a ella también le pasaba porque también tiene los pies anchos, que no me preocupara, pero yo si me preocupaba, tanto que según iban llegando mis compañeros de oficina me preguntaban que si estaba triste o cansada, a lo que yo contestaba que cansada porque duerno poco lo que no era del todo cierto, lo que estaba era pensando cómo arreglar el zapato y no me gusta que me molesten cuando pienso. Podéis pensar que mi situación era exagerada pero es que teníamos comida de departamento y no podía presentare delante de mis compañeras, mujeres de importante rango en agencia europea que imagino que tendrán un armario de ropa y zapatos como el del anuncio de Heineken con mis zapatos semi nuevos rotos. Tras un rato de pensar vi un rollo celofán encima de la mesa y los pegue  por dentro y por fuera, no se notaba mucho el apaño pero cuando andaba sonaba como si tuviera los bolsillos llenos de caramelos pero parecía que con el invento iba a salir del aprieto. Pero… duró dos ratos porque se empezaron a despegar y los agujeros se iban haciendo más grandes y a mí me daba cada vez más vergüenza y no sabía cómo esconderlos así que al final decidí salir un pelín antes del trabajo porque ya no aguantaba más estar con los zapatos rotos y con los dedos pequeños de los pies medio fuera explorando el mundo.

No sé que hacer con estos zapatos la verdad, voy a intentar (cuando vuelva a Torrijos) llevárselos a Fausto el zapatero, alías “El McGiver de los Zapatos”, que no hay zapato roto que se le resista a ver si puede hacer algo con ellos y así hacer que me reconcilie con los mocasines hasta que me vuelvan a jugar una de las suyas.

miércoles, 4 de julio de 2012

CAMPEONES DE EUROPA


No todo el mundo vive una final de la Copa de Europa cuando tu país juega la final fuera de casa, y he de reconocer que no es plato de gusto, al menos en mi caso, porque me hubiera encantado estar viendo el partido en Torrijos y celebrar nuestra victoria en la rotonda de la bandera con los bomberos echándonos agua y la gente dando voces. Y continuar cerveceando y jugando al billar con banderas pintadas en la cara hasta las tantas de la mañana como ya hice en la anterior Eurocopa y el Mundial. Pero esta vez no ha podido ser así y me he visto obligada a vivir una final de Eurocopa en un ambiente muy internacional donde todo el mundo quiso ser español por unas horas y en la que los propios españoles nos sentíamos más españoles que nunca en esta multicultural ciudad. 

Esa misma tarde, mi compañera de piso, una griega, me preguntó si podía venir conmigo a ver el partido porque lo quería ver con españoles. La respuesta fue un sí como un piano porque todo soporte es poco en ocasiones como esta. Le dije que estuviera preparada para las 19:45 ya que habíamos quedado a las 20:00. A la hora acordada aporreé la puerta de su habitación para meter prisa y presión porque llevaba toda la tarde nerviosa y quería ver el partido tranquilamente sentada. Cuando me contestó diciéndome que ya iba me quedé esperándola mirándome al espejo de la entrada; vaqueros, manoletinas y bolso beige y una de mis camisetas de la suerte (beige y marrón) era el modelito que había elegido para el partido porque no tengo aquí nada rojo, eso sí, la bandera española lucía sobre mis hombros para dejar bien claro de parte de quien estaba. En esas estaba yo, observando lo sencilla a la par que elegante que iba cuando oí unos tacones por el pasillo y vi a mi compañera subida en unas plataformas enormes y embutida en un minúsculo vestido rojo. –Viva España-, me dijo con un extraño acento, -viva- contesté casi sin voz e intentando que no se me notara la cara de estupor que se me había quedado al ver semejante atuendo. Me volví a mirar al espejo y  a analizar mi ropa rápidamente…-vas muy bien para ver el partido-, pensé mientras agarraba con fuerza la bandera rojigualda.

 A la hora acordada llegamos a la Plaza de Luxemburgo donde había quedado con mis amigas: dos españolas, Alesia y Fátima (torrijeña como yo) y la polaca Joanna a la que tuve que regañar porque se había puesto una americana azul Italia. –Es que voy con los dos-, me dijo a modo de disculpa, -me gustan los chicos italianos-, -a mí también, pero no es motivo para cambiarse la chaqueta en el último partido, llevas todo el rato animando a España-, la dije riendo y señalando con falso desprecio a la chaqueta azul “Azurra” que se había plantificado para animar a Italia porque no la vi celebrar ni un solo gol español pero si que oí sus resoplidos e más de una ocasión mientras yo palmeaba y me emocionaba con las jugadas de los chicos de “La Roja”.

Tuvimos que sentarnos separadas porque no había sitio para todas en la terraza del bar, así que Alesia y Fátima se fueron dentro y yo me quedé fuera con Eli, Joanna y un montón de españoles a los que no conocía y que gritaban tonterías y amenizaban el partido. En esas estábamos cuando de repente se nos apagó la tele, todas funcionaban menos la nuestra y la gente empezó a silbar y a quejarse, -como marquen gol matamos al dueño-, me dijo Eli riendo, y mira por donde de repente escuchamos gritos de admiración y ánimo en las terrazas de los bares de al lado, seguidos de gritos de gol. Nosotros no sabíamos que hacer hasta que vimos hondear una bandera española y a los que estaban dentro que salían fuera gritando y empezamos a gritar gol y dar palmas y creo que todos nos acordamos mucho de la madre de los dueños del bar que se apresuraban por arreglar la tele antes de que la marabunta de españoles nos echáramos encima por no haber disfrutado de nuestro primer gol de partido. Una vez arreglada la tele seguimos viendo el espectáculo, eso sí, en el segundo tiempo me fui dentro con Fátima y Alesia, seguida por la alicaída Joanna y dejando a Eli en la terraza con un amigo suyo.

Dentro del bar todo fueron risas y celebraciones, el tercer gol de España ya no dejaba dudas de que volveríamos a ser los campeones de Europa y Alesia sacó sus pinturas para decorarnos la cara con la bandera española para la posterior celebración. En esas estábamos cuando llegó el cuarto gol y casi seguido el final del partido. Ya se empezaban a escuchar los pitos de los coches y la Plaza de Luxemburgo se llenaba de barullo y de personas ataviadas con los colores de nuestra selección. Fue un momento muy emotivo, como siempre que ganamos, aunque no pude evitar recordar donde me gustaría estar y con quién lo que no quiere decir que no agradezca la compañía de aquella tarde porque no es cierto, gracias a ellas lo pasé también genial.

 Volviendo a los acontecimientos, salimos fuera para reunirnos con Eli y su amigo, un español muy serio, que nos miraba asustado y que parecía que iba con Italia más que con España por la cara que tenía. El caso es que Eli se dio cuenta de las banderas de mis mejillas y dijo que quería una, la dije que hablara con Alesia que era la maquilladora oficial. Vi a Eli aproximarse a Alesia y una cara rara por parte de ésta tras oí la petición de Eli. Desaparecí por unos momentos para ir a saludar a mi otro compañero de piso que también celebraba nuestra victoria entre voces y saltos cuando apareció Eli saltando con su minúsculo vestido rojo y un corazón con los colores de nuestra bandera pintado en su el gigantesco escote ( podéis imaginar donde llevaba el corazón pintado). Volvió mi cara de estupor y comprendí porqué Alesia había puesto esa cara de susto cuando le dijo que quería que la pintara una bandera. Joanna se acercó y me susurró al oído uno de los -It’s too much-, que no había parado de repetirme durante toda la tarde cada vez que miraba el vestido rojo de Eli. Haciendo acopio de mi malicia hice un gesto a Alesia que con su acento gallego y lejos de cualquiera que pudiera escucharla me dijo : -Esta chica está loca, pues no me pide que la pinte un corazón con la bandera en la teta, ¡EN LA TETA!. Y encima el rojo es mi pintalabios-; –ya ves, y luego tu te pintas los morros con esa barra-, la dije sin parar de reír, -Ahí calla, calla, deja que se me olvide-, me contestó riendo pero aun con la cara de alucine que todas teníamos ante semejante situación.

Pero la cosa no terminó ahí porque decidimos ir a la Bourse, en el centro de la ciudad a celebrar nuestra victoria, Joanna optó por irse a casa con su chaqueta azul “Azzurra” y las demás nos fuimos a seguir con nuestra euforia. La policía cortó los accesos a la Bourse al tráfico pero aun así se veían coches con banderas y dándole al claxon mientras se desviaban por otras calles. La verdad es que era bonito ver tanto rojo y tanto amarillo en la capital de Europa sintiendo que éramos los primeros en algo y no los últimos aunque fuera solo por unas horas. Pero esa alegría se convirtió en sorpresa cuando al llegar al edificio de la bolsa nos dimos cuenta de que de los allí congregados españoles de pura cepa éramos bien poquitos; ingleses, belgas y sobre todo magrebíes eran los que hondeaban nuestra bandera al grito de ¨Yo soy Español, Español, Español¨ , acercándose a las cámaras de televisión y haciéndose pasar por nosotros. –No me lo puedo creer-, fue lo único que acerté a decir, -Créelo-, me dijo un chico gallego, -menos mal que vosotras sois españolas auténticas porque esto está lleno de impostores, así piensan luego por aquí que qué morenos somos-. No me quedó otra que reír. Tras observar un poco el ambiente y reírnos de la situación empezaron unos fuegos artificiales. Fátima y yo los mirábamos embelesadas, -¡la pólvora!- exclamó Fátima, -creía yo que este año me quedaba sin ella-, me dijo sonriendo, -Ya ves Fati qué situación, dos torrijeñas en Bruselas, celebrando que somos los campeones de Europa rodeadas de nuestros vecinos del Sur diciendo que son españoles-. Nos miramos sonriendo y continuamos disfrutando del espectáculo.

jueves, 28 de junio de 2012

EL PANTANO DE BURGUILLOS



Cuando hablo de “dar vueltas por ahí »no me refiero solo a salir al extranjero, en España también se pueden dar cincuenta mil vueltas y encontrar ciudades y parajes de lo más bonitos, aunque muchas veces no sepamos apreciarlo porque simplemente lo tenemos ahí, al ladito de casa y llevamos toda la vida viéndolo. He de confesar que esto me pasa con Toledo, me parece una de las ciudades más bonitas que conozco (de acuerdo, la más, que yo soy muy toledana) pero no lo aprecio todo lo que me gustaría porque simplemente lo tengo siempre ahí, voy a comprar ropa, a tomar unas cañas, a ver el Corpus, a las fiestas de agosto, a salir por ahí, al médico, a tomarme un limón a la vega, a dar la vuelta al valle, a la boda de Lucía (de la que también tendréis una crónica)…en fin, ese tipo de cosas.

Todo esto viene porque la semana pasada estuve en España, en un viaje bastante improvisado y precipitado que entre otras cosas me permitió tomar muchísimo sol y coger la cantidad suficiente de calor corporal (40 graditos el domingo) para poder pasar los 18 días que me quedan en la capital belga hasta mis tan ansiadas y merecidas vacaciones. El caso es que el famoso domingo de los 40º me marché al valle de Iruelas a ver nadar a mi hermano en el pantano de dicho paraje. El Club Máster Natación de mi pueblo celebra cada año por estas fechas una travesía popular a la que no podemos faltar, ya sea de manera activa o como meros espectadores. He de confesar que me dio un poco de envidia porque yo también quería nadar y no pude porque no había entrenado y no me veía con fuerzas, pero eso sí, disfrute de un fabuloso día de pantano que aumentó aun más esas ganas que tengo de volver a España  querida, aunque de momento no será posible.

Ese domingo, nos levantamos a las 7:30 de la mañana para preparar todo e irnos a la travesía, no me sentó muy bien el madrugón porque el sábado había estado viendo el fútbol y luego tomando algo hasta tarde y me dio mucha pereza pero al final conseguí levantarme. Después de dar cuenta de un buen desayuno y preparar nuestras mochilas nos fuimos al pantano. La palabra pantano es muy fea, suena a lago sucio y cutre pero nada más lejos de la verdad, vale que el agua no es cristalina como en las playas del Caribe, sino todo lo contrario pero…está limpio (salvo algún insecto imprudente ) y el paraje natural es una maravilla, se pueden ver las montañas de la sierra, rocas en el agua, pequeñas calas…un sitio que hay que ver. Además no cuenta con la aglomeración de gente que hay en el pantano de San Juan, sitio de recreo para muchos madrileños, así que todo eso hace que sea un lugar idóneo para pasar una tarde de sábado o domingo, incluso de día de diario ahora que con la crisis estamos más ociosos y buscamos escapadas baratas e interesantes.

Cuando llegamos allí me inundó una alegría inmensa, hacía mucho calor, me encanta el pantano de Burguillos porque me gusta mucho el agua y la montaña, y oye…que cuando una está lejos de casa cuando vuelve se emociona fácilmente y disfruta más de esas pequeñas cosas. Aparcamos el coche en el quinto pimiento porque había muchos coches, se conoce que este año mucha gente decidió participar en la travesía, acompañamos a mi hermano a por el chic y esperamos dándonos un chapuzón a que empezaran las competiciones mientras escuchábamos al speaker hacer demostración de su don para la palabra intercalando publicidad de melones, gafas, dentista y sandias con comentarios sobre los participantes, distancia de la travesía y exaltación del paraje.

A la hora prevista empezó el espectáculo, primero los más pequeños en una prueba corta (800 metros), luego los más veteranos y algún chavalín valiente con la prueba larga (5.600 metros). Me hubiera gustado mucho contar mi experiencia en el agua pero como ya he dicho este año no he participado; el año pasado lo hice en la prueba corta, llegue de las últimas y me ganó un niño entradito en carnes del que estoy segura que dentro de un tiempo será un estupendo nadador. Y es que los adultos que participan en la prueba corta tienen q ir mentalizaos de que los niños les van a dar para el pelo porque nadan muchísimo y muy rápido por lo que hay que contar con que ellos nos fundirán, de todos modos y aunque yo sabía eso, me piqué con el pobre chaval y me sentó  mal que me ganara. 

Pero lo pasado,  pasado está y volviendo al 2012, mientras los nadadores recorrían los más de cinco kilómetros de travesía, Raquel (la novia de mi hermano) y yo nadábamos entre las calas, tomábamos el sol, nos poníamos pingando de piedras y arena…en fin esas cosas que en Bruselas no se pueden hacer porque no hay verano y que los 40 gradazos que hacían el domingo nos permitían y excusaban. Poco a poco fueron llegando los nadadores, desde aquí felicitar a mi hermano que hizo muy buena marca, los últimos muy cansados por el gran esfuerzo pero se llevaron muchos aplausos y algún que otro grito de ánimo porque hay que reconocer su fuerza de voluntad. Después  de todo eso…llegó lo más divertido: la cervecita y la paella. Los torrijeños tenemos la costumbre de celebrar todo con cerveza, la travesía, la carrera popular, las fiestas del pueblo…todo, nos montamos un chiringuito con unas barras portátiles, unos barriles, patatas fritas y ale, y si nos apuramos un poco la paella también, y esta vez sí que tocó. De nuevo me faltan palabras para describir lo contenta que estaba allí haciendo cosas de pueblo con la gente de mi pueblo porque vale, el ambiente europeo es muy cosmopolita y todo lo que queramos pero…esas cosas no las tiene y no sirve a mí las cervezadas improvisadas, las verbenas y las tertulias veraniegas me gustan muchísimo.
 Después de la paella nos fuimos a dar el último chapuzón, cuando consideré que en mi cabeza ya se podía hacer una barbacoa porque con las prisas de la mañana olvidamos sombrillas y gorros volvimos a casa, ni hablar quiero de los 52º que marcaba el coche al sol, eso sí, me senté sin rechistar porque ya imaginaba el tiempo que me esperaba a mi vuelta a la capital de Europa.

martes, 12 de junio de 2012

SUFRIENDO CON LA ROJA


Me encanta cuando juega la selección española, me sale un orgullo patrio solamente comparable a cuando estoy viviendo fuera así que podéis imaginaros como voy a vivir esta Eurocopa en la que no solo juega la roja sino que encima no estoy viviendo en España.

Yo no soy muy sufridora con el fútbol, soy del Atleti pero no suelo ver los partidos porque mis amigos son la mayoría del Barcelona o del Real Madrid y cuando los veo, bueno me da un poco lo mismo, si gana estupendísimo y si pierde…pues nada ya jugara mejor el próximo día, aunque creo que ese es el verdadero espíritu indio que nunca nos entristecemos si pierde y seguimos pensando que la próxima vez nos irá mejor. Bromas aparte, lo mismo que con el Atleti no sufro, con la selección española la cosa cambia, me pongo nerviosa, me enfado si hay faltas, celebro los goles y victorias y me afectan mucho las derrotas…esas cosillas que tiene el fútbol.

Este año la Eurocopa me pilla aquí, en Bruselas, la verdad es que en principio no me hacía mucha gracia porque aquí no tengo mis enseres (pinturas de los colores de España, bandera y camisa roja) ni tampoco está la gente de mi pueblo dando voces a los jugadores que creo que es lo más divertido. Nunca olvidaré cuando en la Eurocopa anterior, un señor llamó ciervo a uno de los jugadores de la selección por fallar un penalti, su novia o esposa (del jugador), ya no recuerdo bien su estado civil, era una de las más frescas de España y al señor lo primero que le salió fue eso. Todo el bar nos quedamos callados cuando lo escuchamos y rompimos a reír cuando nos dimos cuenta de la gran estupidez, es que en mi pueblo hay mucho fenómeno viendo fútbol y merece mucho la pena ir a los bares a verlo ya no solo por el juego en sí sino por el buen rato que te hacen pasar los aficionados. El caso es que aunque fuera sin arripápanos de hincha ni torrijeños vocingleros yo no me podía perder el partido.

Quedé con Alesia (una chica española), una rumana, su novio, también rumano y un holandés, ese día todos éramos españoles, y nos dirigimos a la Plaza de Luxemburgo a verlo porque fue donde pensamos que habría menos italianos, nos habían llegado rumores de que una amplia comunidad italiana iría a verlo a la plaza Flagey y en esta ocasión los colores iban por encima de amistades. Cuando llegamos allí, nos encontramos una mezcolanza de banderas que no me gustó mucho, eso sí, los españoles  los que más voces daban. Tras mirar en varios bares nos decidimos por uno en el que sabíamos que estaban unos amigos de Alesia, no había sitio en la terraza donde hubiera sido perfecto porque no hacía muy mala tarde pero sí dentro. La parte de fuera estaba llena de compatriotas con camisas rojas y amarillas y pensamos que ese sería buen sitio. Pero para nuestra sorpresa al entrar, el bar no era tan territorio nuestro como creíamos y nada más sentarnos, pude apreciar voces italianas a todo mi alrededor. No podía creerme que después de tanta vuelta terminara viendo el partido casi en territorio hostil. –Mira ese italiano de delante, está bueno-, me dijo Alesia nada más sentarnos, -siempre queremos italianos pero hoy no Alesia, hoy no-, la dije bastante seria porque estaba viendo ya sus intenciones. Ella me miró muy seria y me dijo que ella no se tomaba el fútbol tan a pecho y que aunque tenía un poco de razón ella iba a hacerle ojitos al italiano de delante. No me quedó otra que reírme, la verdad es que el susodicho no era mi tipo, y como tras una rápida ojeada me di cuenta que ninguno de los presentes contaba entre sus genes con el “profilo dantesco” que tanto me gusta, decidí dejárselos a Alesia que no es tan exigente y disfrutar del partido que era a lo que realmente había ido.

El partido comenzó y con él los nervios, las voces y la desesperación por parte de unos y otros. Rodeadas de italianos, pronto empezaron a bromear con nosotras, uno incluso se atrevió a cambiarse de bando y a entonar un tímido viva España que de vez en cuando le ayudaba a terminar con una sonrisa porque se quedaba solo en el viva y esa canción o se canta bien o no se canta. Nos estábamos riendo mucho, incluso la camarera en sus pocos ratos de descanso se acercaba por donde andábamos para reírse, nuestro espectáculo estaba en la televisión pero el de ella estaba en nosotros. Mientras yo no paraba de mirar a la tele y sufría silenciosamente tapándome la cara, tocándome el pelo, o con tímidos: -dale, dale- y  -uih-, Alesia sacó su lado más camionero y puso a Buffon (el portero italiano) de vuelta y media, lo que no sabíamos si divertía o crispaba al italianito de delante, en el que Alesia se había fijado, que la miraba con una media sonrisa difícil de interpretar. En esas estábamos cuando vino el primer gol, Italia marcaba, yo me deprimía, Alesia maldecía, los italianos cantaban y nos estrechaban la mano muy alegremente. Minutos después éramos nosotras las que les estrechábamos la mano a ellos con la mejor de nuestras sonrisas.

El partido terminó, ni contentos ni tristes, empate a uno, me esperaba más de la roja pero bueno, no estaba mal el resultado. De repente el italiano de delante se giró sacando su lado más encantador y mediterráneo, -me llamo Angelo, ¿me das tu teléfono?- preguntó a Alesia, meterse con Buffon había dado buenos resultados. Tras el intercambio telefónico y de Facebook (la red social es incluso más importante que el teléfono) salimos fuera, mientras Alesia relataba que no pensaba quedar con él porque la parecía un chulo y que ya no le gustaba. Eché un último vistazo por si veía nariz dantesca que mereciera que me quedara un rato más pero todos los Dantes debían estar en la plaza Flagey, así que decidimos volver a casa la emoción nos había agotado además, esa misma tarde habíamos estado jugando al baloncesto, curioso episodio que os contaré el próximo día.

lunes, 4 de junio de 2012

DESPEDIDA DE SOLTERA.


Y llego el último puente de mayo y con él, mi tan ansiada visita a España, aunque esta vez sería una visita un tanto peculiar porque no iría a casa como suelo hacer siempre sino a la despedida de soltera de Lucía, una de mis mejores amigas, y como destino elegido le tocó el turno a Granada. Yo nunca había estado allí así que me pareció una idea estupenda celebrar la despedida de Luci allí, además ella tenía unas ganas locas de visitar la ciudad así que…como no íbamos a dar el gusto a la novia…

Mi viaje fue muy relámpago y la verdad que un poco paliza, la idea era salir el viernes después de trabajar, llegar a Madrid a las 8:30 de la tarde, a la 1:30 de la mañana coger un autobús para Granada, regresar el domingo a las 7 de la tarde y coger el avión de vuelta a Bruselas el lunes tempranito. Yo iba mentalizada y ese viernes trabajé poco porque ya tenía la cabeza pensando en mis mini vacaciones. En cuanto el reloj marco las 14:30 salí corriendo dejando atrás Eurocontrol y sus tareas para coger un bus urbano que me dejara en la estación y así poder pillar el otro autobús que me dejara en el aeropuerto, iba muy justa de tiempo y no podía entretenerme. Cuando entré en el urbano sonreí porque solo quedaba un minuto para que saliera, todo iba según lo previsto, pero no podía ser todo tan bonito y pasados cinco minutos seguíamos sin movernos y el conductor se paseaba nervioso por el pasillo del vehículo. Como yo soy un poco como Dori, el pez despistado de la película “Buscando a Nemo” no me había dado cuenta que sentado en uno de los asientos del autobús había un chico que dormía aunque puesto de una manera un poco rara, vamos que daba la impresión de que estaba inconsciente y así era, lo único que hacía pensar que no se tratara de algo peor era que se le oía respirar. Pasados esos cinco minutos llegaron unos guardias de seguridad que empezaron a dar bofetaditas al chico para ver si se despertaba, pero lo único q obtuvieron por respuesta fue un manotazo y un ruido raro. Yo me estaba enfadando porque como siguiéramos moneando perdería el autobús, vamos que de buena gana le hubiera dado yo dos buenas tortas para que se despertara porque me estaba desquiciando. Viendo que el chico ni se inmutaba nos cambiaron a otro autobús que salía en unos diez minutos pero cuando ya estábamos acomodados el chico se despertó y tranquilamente se bajo del bus dispuesto a subirse al otro como si nada hubiera pasado. La policía había llegado así que le pidieron la documentación y a nosotros nos volvieron a llevar al primer bus para salir inmediatamente. Los que me conocéis podéis imaginar mi estado de nervios y la de cosas malas que estaban pasando por mi cabeza, menos mal que no abrí la boca, encima hacía mucho calor lo que empeoraba mi humor; acababa de empezar el viaje y no lo había hecho con muy bien pie que se pueda decir.

Con la hora pegadísima llegué a la estación de Midi para coger el otro coche de línea que me llevaría al aeropuerto, lo pillé a tiempo pero a los belgas también les gusta salir de puente y el atasco que había para salir de la ciudad era   como los que se forman en Madrid en la M-40, estos en los que te pasas media vida y escuchas en la radio toda la música habida y por haber. Gracias a Dios, un poco de suerte estuvo de mi lado y llegué al aeropuerto a las 17:25, mi avión empezaba a embarcar a las 17:55. Corrí como loca porque ya me veía compuesta y sin viaje pero cuando ya pasé todos los controles de seguridad y llegué a las pantallas para ver la puerta de embarqué un gran cartel luminosos señalaba que el vuelo estaba retrasado y creedme…me alegré.

Llegué con la media hora de retraso que había traído el avión, en la puerta me esperaba mi hermano que le tocaba trabajar y vino a verme (no sabéis la alegría que me da eso), hablé un poco con él y me fui pitando porque había quedado con el novio de Lucia para que me guardara la maleta mientras nosotras cañeábamos por Madrid hasta que saliera el bus a Granada. El reencuentro con las chicas fue muy bueno, estuvimos cenando y riéndonos mucho, el viaje prometía. A la una de la mañana llegamos a la estación de Méndez Álvaro en Madrid para coger el autobús, las fumadoras se estaban muy chulamente echado el último cigarro de la noche y hablando de todo un poco. Patricia y yo decidimos subir porque estábamos cansadas y nerviosas y queríamos ya sentarnos, pero al entregar los billetes al conductor nos dijo muy serio que nuestros billetes no valían…-Es una broma, ¿no?- dijo Patricia confiando en que la respuesta por parte del hombre fuera una sonrisa…-No-, contestó éste muy serio, -teníais que haber viajado ayer-. Otro conductor que andaba por allí saco la lista del día anterior y ahí estábamos nosotras, la confusión fue que el coche al salir a la 1:30 de la mañana ya no se contaba como día 25 sino como día 26 por tanto no nos servían los billetes, además el autobús estaba lleno y no nos podían meter así que, con las caras aun como de cera nos quedamos en tierra.

Pero ya lo dice el refrán “todo tiene arreglo en esta vida menos la muerte” y eso es algo que Pilar, otra de las chicas de la despedida tiene muy presente así que sacó su móvil y llamó a su padre para que nos dejara su coche “grande”…-¿qué es grande Pilar?-, pregunté un poco preocupada, -grande es grande, Marta-, contestó ella; -Me refiero a si viajaremos en la legalidad, recuerda que somos seis-, la respuesta de Pilar volvió a ser-el coche es grande-. Empezaríamos el viaje pasándonos las normas de tráfico por las mismísimas narices.

Hay que reconocer que el esfuerzo que hicieron Pilar y Lucía (la futura novia) fue enorme porque se pasaron toda la noche despiertas, una conduciendo y la otra dando palique, las cuatro de atrás si que dimos alguna cabezada, no muchas porque estábamos muy apretujadas pero nos rendíamos de vez en cuando al encanto de un sueñecito. A pesar de eso el viaje fue divertido porque encontramos unos CD´s del padre de Pilar con música de Rocía Durcal y Antonio Molina. Qué alegría nos dio, así que así íbamos cantando “Soy minero”, “Así son los hombres” y “Me gustas mucho” como si no hubiera mañana.Sobre las 7 llegamos a Granada, la entrada me recordó un poco a La Puebla de Montalbán pero con palmeras, no dije nada porque seguro que mis amigas se reirían de mí pero fue lo que me pareció así de repente. Llamamos al hombre que nos alquilaba los apartamentos, ya le habíamos dicho que le llamaríamos temprano pero creo que no se imaginó que tanto y debió de acordarse un poquito de nuestras madres. Nos explicó más o menos por donde teníamos que ir pero no nos enteramos mucho. Finalmente llegamos al parking donde nos dijo el señor siguiendo las indicaciones de los barrenderos granadinos que no veáis la guasa que tienen aun siendo horas que debería estar prohibido no estar durmiendo.

El dueño de los apartamentos nos esperaba en el sitio acordado, cuando le vimos no pudimos evitar echarnos a reír porque parecía un auténtico guiri; tenía el pelo blanco, medio largo, muy bronceado, con unas bermudas, unos zapatos (queriendo parecer  pijo), el casco de la moto…en fin, un personaje con un atuendo bastante interesante, muy majo, eso sí y con unos pisitos muy apañados donde nos instalamos y tomamos una ducha para sin dormir, comenzar nuestra jornada.

Después de la ducha vimos las cosas de otra manera, desayunamos y fuimos a ver la Alhambra (muy bonita, recomiendo a todos ir). Después de la visita ya eran casi la una y comenzaba lo que todas estábamos esperando y lo que básicamente nos había llevado a Granada…cañas y tapas. Había muchas despedidas de solteros y solteras allí y el ambiente era muy animado. En uno de los bares entraron unos chicos que celebraban la despedida de un amigo con el futuro novio con el culo al aire, tuvimos la buena suerte de que como estábamos en la primera mesa nos le plantificaron encima. Menos mal que Lucía había dado la voz de alarma y habíamos agarrado nuestras cervezas con fuerza para salir pitando, la que resultó peor parada fue Patricia que nos estaba contando algo importante y cuando se giró al ver que todas nos retirábamos se encontró un culo ajeno prácticamente en su cara. Su grito, mezcla de horror y pavor, nos hizo reír a todos; fue también Patricia la que exigió a  la camarera que nos limpiara la mesa porque ella no pensaba apoyar su cerveza en una mesa donde ¨había plantado el culo sin nada una persona que no conozco”. Todas celebramos con risas esta petición y la camarera realizó rauda su tarea dando la razón a Patricia y criticando a los chicos por su osado atrevimiento.

Cuando terminamos nos dirigimos a otro bar donde nos tomamos la primera caña y decidimos cambiar de tercio porque el cansancio volvía a aflorar y las cervezas nos estaban amodorrando así que…llegaba la hora de los cubatas. Armadas con Gin Tonic, Rones y Martinis, nos salimos a la calle a degustar nuestro cubatita vespertino al sol andaluz. En esas estábamos cuando vimos aparecer por al calle a una chica que celebraba su despedida de soltera subida en un burro. Hizo una entrada triunfal en la calle, saludando elegantemente como si de una reina se tratara y recibiendo con sonrisas a todos los valientes que entre voces, vasos de cerveza y gritos se iban acercando al burro. Pero el pobre animal no debió encontrar divertido semejante espectáculo y viéndose acorralado por esa marabunta de personas voceando se asustó y empezó a defenderse de la única manera que sabe…dando coces. Así que a partir de ahí lo único que pude ver fueron vasos de cerveza volando, coces de burro a diestro y siniestro, una futura novia que asustada se caía del burro y un pelotón de gente corriendo calle abajo como si en vez de un inofensivo pollino se tratara de un toro de miura. Ante semejante espectáculo solo pudimos reír. Lloré de risa, hacía mucho que no lloraba de risa y el estómago me dolía tanto que aunque quería parar porque creía que me iba a partir por la mitad no podía. Sin lugar a dudas el episodio del burro desbocado fue uno de los momentos más graciosos del fin de semana y que os puedo asegurar que recordaré toda mi vida.
Después del espectáculo subimos a la novia a casa, la disfrazamos de vaquera, nosotras de indias y seguimos recorriendo los bares de la ciudad hasta que nos cansamos, compramos lambrusco, coca-cola, chocolate y galletas (olvidando nuestra dieta para estar perfectas el día de la boda) y nos fuimos al apartamento a jugar al Sing Start (sí, nos llevamos la Play Station). Dejo a la imaginación del lector el espectáculo del karaoke, cinco indias y una vaquera cantando a grito pelado sobre todo canciones de los 60, pero donde no faltaron Rocía Durcal, Rocío Jurado ni la Pantoja, mientras comíamos galletas y chocolate, fue un rato muy divertido donde exhibimos nuestras dotes como cantantes y bailarinas y lo pasamos realmente bien. Después ducha, ponernos guapas, cena en un italiano y paseíto en limusina por las calles de Granada.

Nunca había subido en limusina y está bastante bien, la primera media hora fue muy divertida, cantando, bailando, vacilando al pobre conductor y viendo la cara de felicidad da la novia que lo estaba pasando en grande. Pero luego el cansancio nos volvió a vencer, llevábamos más de veinticuatro horas sin dormir y eso pesa. Vamos que si el tipo de la limusina hubiera alargado su paseo quince minutos más nos hubiera encontrado durmiendo a pierna suelta. Después fuimos a una discoteca con varias salas, donde estuvimos tomando algo y echándonos unas risas hasta las tres de la mañana que nuestro cuerpo nos empezó a pedir una cama a gritos y esta vez sí le hicimos caso.

A la mañana siguiente fuimos a la estación de autobús a descambiar los billetes de las que se volvían en coche y a adelantar una horita el de Patricia y el mío que éramos las que nos volvíamos en bus porque teníamos que estar antes en Madrid. Fue un fin de semana que recordaremos siempre, no solo porque ha sido nuestra primera despedida de soltera sino también por todas las tonterías y cosas graciosas que nos han pasado. Ahora solo nos queda esperar a la boda, donde estoy segura que lo pasaremos igual de bien o mejor, eso sí, espero que Lucía no olvide incluir en el repertorio de canciones a Antonio Molina, Rocio Durcal y el borriquito como tú de Peret porque sin ellos la fiesta no sería lo mismo.

(Fotografías por cortesía de Patricia Domínguez)








viernes, 25 de mayo de 2012

WIDSURF

Como la mayoría sabéis, los españoles, de cara a nuestros vecinos europeos, tenemos fama de tener muchas vacaciones, puentes (que en inglés se llaman “Bank Holidays”) y demás. Bueno pues ya os digo yo por experiencia propia que esa fama es inmerecida porque si bien cuando estaba en Irlanda no había mes que no tuviera un lunes libre de “Bank Holidays”, Bruselas no se queda atrás y este mes de mayo estoy teniendo más puentes que en toda mi vida. Pero mirad que os voy a decir, que los días libres bienvenidos sean y tanto en España como aquí me gusta aprovecharlos haciendo cosas diferentes.

El miércoles por la tarde (cuando oficialmente empezaba el puente) empecé a arrepentirme de mi decisión de no volar a España, tenía cuatro días por delante y ni idea de lo que podía hacer, así que me empecé a poner nerviosa y a imaginarme a mí misma estudiando el examen de francés que tenía el lunes siguiente y era un plan que no me gustaba mucho. Pero todo cambió cuando abrí mi facebook y encontré un mensaje de Estefanía, una chica española que estudió holandés conmigo en la universidad y que vive en un pueblecito en Flandes. Estefanía me contaba que por motivo del watersportdag (día de los deportes de agua), los clubes de deportes acuáticos de la parte flamenca de Bruselas hacían jornada de puertas abiertas, que ella iba a ir con sus amigos a hacer windsurf y que era bienvenida. Como con Estefanía lo paso muy bien y a sus amigos ya les conozco de su cumpleaños (historia que contaré en otra ocasión) me apunté sin pensármelo dos veces.

La noche del miércoles pasó como una más viendo un concierto y tomando unas cervezas que para eso estamos en la capital de la cerveza, digo de Europa. El jueves tocó billar, el lunes estudiar, no penséis que no lo hice y por fin llegó el sábado y con él mi debut en el mundo del windsurf.

Me levanté temprano, brillaba el sol y eso me hizo sentir muy feliz, me puse mi bañador y me fui derechita a la estación para coger un tren hasta un pueblo flamenco llamado Aarst donde me esperaban Estefanía y su novio Davy. Pasamos por casa de uno de sus amigos a recoger al resto y nos dirigimos al lago donde tendría lugar la jornada windsurfera. No puedo describir con palabras la alegría que me dio llegar al lago, me acordé del pantano de  Burguillos y del río Alberche, hasta las carreteras que llevaban a él me hacían sentir como en casa, la jornada no podía empezar mejor.

El lago no era muy grande, frente a él había como una especie de bar y un pequeño almacén donde los miembros del club guardan la ropa, las tablas, velas, etc. Nos comimos un sándwich y fuimos a que nos prestaran un neopreno y los zapatos de agua para subir en la tabla. Muertos de risa por las pintas que teníamos nos acercamos donde estaban los monitores, de los que dudo que llegaran a 18 años, para que nos explicaran lo que teníamos que hacer. Fue ahí donde comenzaron mis problema y me vi inmersa en la primera situación ridícula del día…

En la parte flamenca la gente no habla francés sino flamenco, el monitor miró mi pinta de extranjera y me preguntó en su lengua materna que si le entendía, a lo que Estefanía se apresuró a contestar que no pero que no había problema porque ella haría de interprete. El chico sonrió y comenzó con su explicación que fue perfectamente traducida por Fani y Davy que también habla español. Pero la situación me estaba poniendo un poco nerviosa porque allí entre tanto extranjero la extranjera era yo y me había convertido una vez más en el mono de feria, a quien todo el mundo miraba a ver que hacía, las caras que ponía o cómo reaccionaba ante la explicación por lo que no me enteré muy bien a pesar de la traducción. Una vez que terminamos nos fuimos al agua, de camino confesé a Estefanía que no me acordaba de nada y me dijo que ella tampoco mucho así que lo mejor sería ponernos cerca e ir intentando las dos a la vez.

El agua estaba muy fría, así que me di bastante prisa en subirme a la tabla, una vez encima había que ponerse en cuclillas lo más cerca posible del mástil, quedando éste entre los dos pies. Después había que ir levantándose lentamente a la vez que se izaba la vela…parece fácil pero no lo es porque si tu cuerpo no forma con el mástil el ángulo apropiado pierdes el equilibrio y te caes…y eso fue justo lo que nos pasó a nosotras. Yo fui la primera en caer y a Estefanía le debió dar envidia y fue detrás. El contacto de todo mi cuerpo con el agua fue mortal, estaba muy, muy  fría y sentía como se me cortaba la respiración, como cuando te bañas en los ríos de la sierra. Por eso no tarde nada en subirme otra vez a la tabla y repetir la operación y cuando digo repetir, es porque lo hice exactamente igual de mal que la primera vez y me volví a caer. Tras varios intentos fallidos, uno de los monitores, un chico guapísimo vino y en inglés me dijo que si necesitaba ayuda. No me gusta mentir así que le confesé que no me había enterado de la explicación y muy amablemente, se subió su neopreno (tenía la parte de arriba bajada para lucir el estupendo cuerpo que te deja el windsurf y supongo que para coger un poco de sol) y no dudó en meterse en el agua para sujetarme la tabla y explicarme todo el proceso. Con su ayuda, no solo aprendí a izar la vela sino a mantenerme en la tabla e incluso a cambiar de dirección. Antes de todo eso me caí muchas veces más, porque claro, una vez que me puse de pie la tabla se movía con el viento y el monitor se me quedaba atrás, entonces  no podía ver su explicación de cómo tenía que poner los pies para girar, volvía la cabeza, perdía el equilibrio y me caía…finalmente lo conseguí e hice pasar al chico un buen rato porque no paró de reírse digamos que conmigo (no quiero pensar que de mí) en todo momento.

Una vez que ya supe los pasos básico me dediqué a windsurfear despacito por el lago, a veces me iba hacía alguna orilla, me liaba al torcer, torcía hacía el lado que no quería y me tenía que tirar otra vez al agua y dar la vuelta a la tabla de forma manual. En otra ocasión unos niños expertos windsurfistas trataron de indicarme sin éxito como ir más rápido y digo sin éxito porque mientras miraba su explicación de colocación de manos en el mástil me volví a caer y los pobres lo dejaron por imposible. Estuvimos una hora larga en el lago pero a mí se me hizo cortísimo, me olvidé de todo, solo concentrada en lo que tenía que hacer, creo que por eso me gustó tanto, hacía mucho que no encontraba una actividad que me hiciera olvidarme de mis preocupaciones. Además, me sentía como en España con el sol y el agua, también como el neopreno calienta el cuerpo ya no me acordaba de que hacía un pelín de frio, era perfecto.  La vuelta a la orilla la hice en lancha porque a los que estábamos lejos nos recogían de esta manera para ganar tiempo, me gustó también la lancha, nunca había subido en ninguna y el paseíto por el lago con el monitor guapo no estuvo nada mal.

Una vez que todos estuvimos fuera del agua devolvimos el equipo y nos tomamos una cervecita al sol. Cuando unas horas más tarde llegué a casa me di cuenta de lo cansada que estaba por no hablar de las agujetas que me estaban empezando a aparecer en los brazos, de todos modos, no me importó había sido un día estupendo y la toma de contacto con el windsurf había sido muy buena, aunque me pase más rato en el agua que encima de la tabla, eso sí, no descarto aficionarme a este deporte en un futuro no muy lejano.


lunes, 14 de mayo de 2012

TRIER

A la mañana siguiente nos levantamos temprano para ir a Trier, una pequeña ciudad alemana que hace frontera con Luxemburgo. He de confesar que yo no tenía ni idea de que existía esa ciudad, por lo visto es famosa porque conserva ruinas romanas aunque no es por nada pero donde esté Mérida…Dejando de un lado sentimientos patrióticos he de reconocer que la ciudad me gustó bastante, eso sí, el tiempo no nos acompañó mucho y la compañía…tampoco.

Magda había quedado con unas chicas que trabajan con ella para ir, una peruana, una rumana y una estona. Según íbamos de camino a la estación escribieron a Magda un mensaje para decirla que tenían los billetes y que nos esperaban en el andén. Hasta ahí me quedó claro pero no sabía si tenían también nuestros billetes o no. Magda me dijo que sino no nos habrían mandado el mensaje así que fuimos directamente al andén. Cuando llegamos allí mis sospechas se confirmaron y ellas habían comprado sus billetes pero no el nuestro por lo que nos tocó correr a por ellos para no perder el tren mientras nos acordábamos de las madres de todas ellas por haber mandado un mensaje tan tonto y tan ambiguo. Pero la suerte estaba de nuestro lado y nos dio tiempo a comprar los billetes y a irnos en el tren previsto. Durante el trayecto me di cuenta de que las chicas eran un poco raras, intenté entablar conversación con ellas, pero no puede intercambiar mucha información porque eran bastante sosas. Presumo de hacer hablar hasta a las piedras, no suele haber persona por muy moruga o antipática que sea que se me resista pero…estas sí, además tampoco yo tenía mucho interés y Magda tampoco así que empezamos a hablar en nuestra querida lengua materna sobre nuestras cosas y a ponernos aun más al día de nuestras locas vidas en el extranjero.
Al llegar a Trier pedimos unos planos de la ciudad en la estación, en ellos venía perfectamente indicado donde estaban los puntos importantes de la ciudad y todo lo necesario para pasar allí el día, pero la chica peruana se empeñó en ir a comprar un nuevo mapa porque decía que no estaba bien indicado. Yo soy un desastre con los mapas y jamás hay que hacerme caso cuando tenga uno en la mano, pero aún así a mí el mapa me parecía perfecto. Después de hacernos perder el tiempo en la tienda de los mapas y darse cuenta que todos eran iguales solo que el que nos habían dado en la estación era de papel cutre y los otros libritos  a todo color, comenzamos a ver la ciudad.

La primera parada fue la catedral que Magda y yo quisimos entrar a ver, las chicas se hacían las remolonas así que las dijimos que nosotras íbamos a entrar porque a saber si volveríamos a Trier alguna vez o no. Una vez dentro Magda me dijo que la peruana era evangelista y que quizá no quisiera entrar por eso. De todos modos nostras vimos la catedral, al salir, para nuestra sorpresa vimos que las chicas no estaban. Magda las mandó un mensaje y salieron de la catedral con paso bastante tranquilo para informarnos de que habían pensado que sería mejor que dividiéramos el grupo ya que Magda y yo veíamos las cosas más deprisa y queríamos ir también a ver tiendas y ellas querían tomarse su tiempo. Nosotras nos quedamos tiesas ante esa manera tan descarada de mandarnos a paseo pero bueno, accedimos y aunque nos dijeron que nos veríamos a la hora de comer tanto Magda como yo estábamos planeando para nuestros adentros comer por nuestra cuenta a la hora española y dejarnos en paz de tomar la comida a las 12 o las 12:30, que yo sigo pensando que eso es casi desayunar. Una vez emprendido nuestro camino en solitario pregunté a Magda que qué hacía con esas chicas que en vez de sangre tienen horchata en las venas y ella me contestó que Luxemburgo es muy pequeño y que esas son las únicas chicas becarias que hay y por lo tanto se tiene que juntar con ellas sí o sí.
Dejando a parte a las chicas sosainas nosotras seguimos nuestro camino guiadas por el mapa, incluso salimos un poco de la ciudad para ver una especie de coliseo; también nos dio tiempo a pasear por unos jardines, comer tranquilamente, ver tiendas y sentarnos a comer un helado. A todo ésto, las amigas de Magda le habían escrito para decirle que habían chequeado los horarios de los trenes y que nos veríamos en la estación para coger el tren de las 18:50. Obedientes nos dirigimos a la estación para estar antes de la hora prevista, y para nuestra sorpresa vimos que no había ningún tren para Luxemburgo a la hora que se suponía que volvíamos. Revisamos los horarios y junto al supuesto tren había un asterisco y creo que no hace falta ser una lumbrera para saber que los asteriscos sirven para señalar información adicional…bueno pues parece ser que eso debe ser solo en España porque cuando Magda y yo sin abrir la boca nos dirigimos a ver qué decía el asterisco vimos que ese tren solo funcionaba en horario de invierno, es decir, de octubre a marzo y como estábamos en abril…teníamos que esperar una hora en la estación. Cuando las chicas llegaron y les dimos la noticia, la rumana dijo que era imposible porque ella lo había mirado…pero estaba equivocada, y no la gustó mucho haberse equivocado porque se enfadó un poco. Magda y yo quitamos hierro al asunto diciendo que no pasaba nada aunque era mentira porque esperar una hora en la estación de Trier que no tiene ni una mísera tienda que ver es un poco triste pero bueno…nuestra exquisita educación de país mediterráneo nos hizo obrar así. Nos fuimos a un centro comercial que había cerca de la estación a matar la hora mirando un par de zapaterías que aun estaban abiertas.

Cuando llegamos a Bruselas quedamos con la chica estona para salir un ratillo por la noche (las otras no quisieron porque estaban cansadas). Como era sábado de Semana Santa fuimos a la Vigilia Pascual, que se dijo en inglés, francés y luxemburgués y después a tomar algo al bar donde habíamos estado comiendo. Allí un chico bastante raro me cambió un mechero que yo llevaba en el bolso (si, lo sé, no fumo pero suelo llevar uno) por una taza de desayuno de Oxford nueva, aún en el envoltorio y con el precio puesto. El chico era americano y me dijo que le gustaba cambiar cosas porque por algo de muy poco valor a veces te daban a cambio cosas de más valor. Con ese cambio yo salí ganando porque además el mechero no era mío, es de alguno de los que estáis leyendo ésto que se os calló en mi coche, pero oye a mí me vino muy bien porque necesitaba una taza para desayunar justo de ese tamaño así que estupendo. Después quisimos ir a un pub que está en la parte de abajo de Luxemburgo que por lo visto se pone muy bien pero no sabíamos ir, la estona dijo que ella sí que sabía y Magda y yo, tontas e imprudentes la hicimos caso y nos perdió por los campos luxemburgueses (había que bajar por un camino). Nos dio un poco de miedo y Magda se empezó a poner nerviosa y a pedirme que la dijera algo, a mí me estaba dando la risa porque me parecía una situación surrealista ir detrás de una estona bastante pavilla a la una de la mañana por unos caminos luxemburgueses, así que hice caso a Magda y la dije a la estona que yo pasaba de ir que estaba cansada, que me quería ir a casa y medio en broma medio en serio la dije que tenía q reconocer que estábamos un poco perdidas. La chica lo reconoció dijo que ella solo sabía ir en autobús…a mí en ese momento se me puso en la cabeza esa gota gigante que aparece en los dibujos chinos cuando alguien dice o hace una tontería, así que desandamos el camino al más puro estilo pulgarcito y volvimos al centro de la ciudad a coger un autobús nocturno que nos dejara en casa.

El domingo fuimos a una barbacoa en casa de unos amigos irlandeses de Magda, cayeron unos copitos de nieve, pero luego salió el sol. Hubo mucha comida y nos lo pasamos muy bien. A las seis y media fui a la estación a coger el tren para volver a Bruselas, lo habían cancelado pero nos pusieron un servicio especial de autobuses que nos dejaba en el primer pueblo de Bélgica y luego desde allí podíamos coger el tren a Bruselas. A pesar de todo no llegué mucho más tarde de la hora programada, cuando me bajé del tren llovía mucho y al llegar a casa el perro de mi compañera de piso se había hecho caca (otra vez) en el cuarto de baño…Welcome to Brussels

lunes, 30 de abril de 2012

LUXEMBURGO


No podéis imaginar la alegría que me dio cuando mi amiga Magdalena me ofreció pasar las vacaciones de Semana Santa en su casa en Luxemburgo. No es que Magdalena sea una luxemburguesa que he conocido dando vueltas por ahí, sino que es otra becaria que anda también danzando por estos mundos y que tras terminar su práctica en Bruselas consiguió otra en el país vecino y allá que se fue.

En cuanto recibí el mail con la invitación, no dude un segundo en aceptarla porque las vacaciones se me presentaban bastante aburridas, sola en Bruselas porque casi todo el mundo estaba en su casa disfrutando los días libres. El viernes por la mañana cogí el tren en la estación central de Bruselas, pero no podía ser un viaje normal, no. Nada más entrar en el tren escuché una voz en off que decía que miráramos bien los vagones porque en no sé qué pueblo el tren se dividía, unos vagones irían para Luxemburgo y otros no. Como no tenía ganas de empezar el día hacienda mucho ridículo ni preguntando a nadie porque era temprano y no me apetecía hablar, me senté en el primer vagón que me pareció y esperé al revisor y que él me dijera si era ahí donde tenía que estar o no. A la media hora o así pasó el revisor que me miró el billete y no me dijo absolutamente nada salvo el “bonjour” y el “merci” de rigor. Yo estaba bastante contenta  porque hacía solecito y había pillado un buen asiento en el tren, al lado de la ventana y sola en un sitio para cuatro así que estaba a mis anchas. Tal como lo escribo lo pensé y me podía haber puesto a pensar en otra cosa porque justo en ese momento el tren paró en una estación y se subió una pareja “caracol”, es decir, llevaban sus maletas, una mochila, el ordenador, un libro, el i-phone, el i-pod…y no llevaban un armario con dos ruedas yo no sé por qué. El caso es que les debí parecer una buena compañera de viaje o también les gusto el sitio y allí se plantificaron. El tren arrancó y un nuevo revisor llegó y me dijo que ese no era mi vagón, que sería mejor que me fuera dos más adelante o si no terminaría en otro sitio…esta vez me había librado de la super anécdota pero aún me sigo preguntando por qué el primero no me dijo nada…Con las mismas me fui donde me indicaron pero ya no encontré sitios geniales, tuve que sentarme en sentido contrario al que va el tren, justo detrás de unos indios que no paraban de dar voces (luego dicen de los españoles) y de comer algo que olía bastante raro. Cuando ya no pude más del revoltijo de olores y voces me volví a cambiar de vagón. Esta vez me senté frente a un señor al que no le hizo mucha gracia que me sentara ahí porque tuvo que recoger las piernas y pude notar en su cara como se acordó de alguien de mi familia, no sé bien de quién, por suerte se bajó pronto y llegué a Luxemburgo sentada yo sola en un asiento para cuatro y en la dirección que va el tren.
Una vez allí mi amiga Magda me estaba esperando, fuimos a su casa, conocí al matrimonio que la está hospedando, con nietecito y perro incluido y nos fuimos a visitar la ciudad. Antes de comenzar con nuestro paseo decidimos ir a comer porque con la tripa llena todo se ve más bonito. Elegimos un bar en el centro de la ciudad que mi amiga ya conocía, un señor de mediana edad muy amable y sonriente nos llevó a una mesita y nos dio la carta. Elegimos nuestros platos pero se nos antojaron unas patatas que Magda había probado una vez pero que no sabíamos cómo se llamaban así que llamamos al camarero e intentamos explicárselo. Fue Magda la que en un arrebato de valentía comenzó a darle la explicación en francés; mientras ella hablaba y le explicaba que eran unas patatas fritas pero más gordas que las normales que estaban como con la piel y todo lo referente a las patatas deseadas, yo veía al hombre levantar la ceja. Lo intenté yo en inglés, esta vez en vez de levantar la ceja se sentó junto a Magda con una gran sonrisa y nos dejó que las dos hiciéramos tranquilamente el ridículo mientras mezclando inglés con francés le explicábamos lo que queríamos. Cuando ya no pudo más se empezó a reír a carcajadas y a decirnos que sabía lo que queríamos, pero que le estaba pareciendo tan graciosa la explicación que no quería interrumpirnos. Al menos le alegramos el día y he de reconocer que si vuelvo a Luxemburgo comeré allí porque me gustó mucho la comida. Una vez calmada una de las necesidades más básicas del ser humano como es comer, comenzó la visita turística…


Luxemburgo es una ciudad muy pequeña y tranquila, más parece un pueblo que otra cosa, está excesivamente limpio y se respira tranquilidad allá donde vas. Tiene dos partes, la alta la más importante, donde está el centro, las tiendas y los lugares más turísticos y la baja que es más humilde. Las dos juntas forman un paisaje muy bonito, y un destino muy aconsejable para pasar un fin de semana tranquilo. El tiempo nos acompañó haciendo una temperatura excelente y un día soleado…qué más se podía pedir. Cuando terminamos de ver la ciudad fuimos a por la merienda-cena, Magda me había hablado de una cafetería pijales donde ponen unos pedazos de tarta impresionantes y un chocolate caliente delicioso (advierto que ese lugar puede ser uno de los motivos de mi futura segunda visita a Luxemburgo), luego al cine y a casa a dormir ya que al día siguiente teníamos pensado ir a Trier, en Alemania y teníamos que madrugar.

El viaje a Trier os lo contaré en un post diferente, ya sabéis que no me gusta mezclar “vueltas”, así como el resto del viaje a Luxemburgo por lo que de momento nos quedamos en la buhardilla de Magda durmiendo tranquilamente.

lunes, 9 de abril de 2012

ENCERRADA EN LA ESCUELA

Creo que antes de empezar a relatar mi historia tengo que pedir disculpas a mis lectores por haberles fallado durante este mes de marzo. Como la gran mayoría estáis en contacto conmigo, sabéis que he estado de visita en España un par de veces, que luego a la vuelta he tenido la depresión post-regreso y el comienzo de un nuevo trabajo y eso me ha dejado un poco apartada de la escritura aunque no de las anécdotas, así que, una vez presentadas mis disculpas (que de sobra sé que me las habéis aceptado) comienzo con el relato de una nueva…martada, que es el nombre que le doy a esas cosas que me pasan solo a mí y, lamentablemente, esta es una de ellas.

Como ya os he dicho, el mes de marzo fui mucho a España y eso me obligó a faltar tres días a clase de francés. Las vacaciones de Semana Santa estaban por llegar y aunque en internet viene un horario con los días que empiezan las vacaciones y todo eso, el lunes pasado no estaba señalado como día no lectivo así que allá que fui toda contenta a clase de francés. El nuevo trabajo me pilla un pelín lejos así que lo que hice fue salir un poco antes y entrar en el Carrefour a comprarme una barrita de pan para la cena (que aquí cierran las tiendas a la hora de las gallinas y cuando salgo de clase está cerrado)  y una bolsa de M&M´s para la merienda porque como estos europeos comen tan pronto, a las seis de la tarde no me suelo ni acordar de donde tengo ya la comida. Con una sonrisa de oreja a oreja por mis M&M´s (tengo que confesar que me producen un enorme e indescriptible efecto de felicidad solamente comparable al que me provoca la coca-cola) me dirigí como buena estudiante a las clases de francés.

Cuando llegué me encontré el instituto vacío pero con la puerta abierta así que subí a la clase pensando que al ser un día en vísperas de las vacaciones de Semana Santa mucha gente faltaría por lo que con un poco de suerte seríamos muy poquitos en clase y la profesora repetiría la lección del lunes anterior y así no perdería el hilo. Esperé diez minutos y allí no apareció nadie así que bajé al primer piso que es donde están puestos todos los anuncios por si había algo de las vacaciones. Estaba yo toda concentrada leyendo los anuncios del tablón (me interesasen o no) cuando me sonó el móvil; era mi amiga Fátima para preguntarme por mi primer día de trabajo y contarme las anécdotas de su mudanza. Estuvimos hablando un ratillo en el que no dejé de mirar a la puerta de entrada por la que seguía sin ni salir un alma. Cuando terminamos de hablar y colgué el teléfono, me dirigí a la puerta para irme a mi casa y disfrutar la tarde de solecito y buen tiempo que hacía y que no suelen abundar en Bruselas pero…la puerta no se abría, tiré y retire, de una puerta, de otra y nada, estaba encerrada en la escuela. Esa pesadilla infantil de quedarte encerrada en el colegio se estaba haciendo realidad, no podía creerlo, porque es una cosa que he soñado bastante de pequeña y no me gustaba nada. Sin perder los nervios, toqué una llave de la luz por si estaba conectada por la puerta o algo, pero no hubo suerte, eso sí, me mosqueó que hubiera corriente eléctrica y que una puerta de estas de cristal que se abren cuando te pones enfrente siguiera funcionando pero aun así, yo seguía estando encerrada por lo que me puse a dar golpecitos en el cristal cuando pasaba gente a ver si alguien me oía, me veía y me ayudaban a salir. Me sentía como un mono en un zoo, ahí encerrada entre dos cristaleras y la gente pasando por la calle. Al tercer intento un hombre me vio, le expliqué que estaba encerrada y por gestos me dijo que me esperara que volvía enseguida, así que, eso fue lo que hice, esperar, y he de reconocer que lo único que pensaba mientras esperaba era que bueno, que si no me podían sacar no pasaba nada porque tenía en el bolso mi barrita de pan y había una máquina de coca-cola en frente de los tablones de anuncios, así que, sin cenar no me iba a quedar. Me da un poco de vergüenza admitir que en lo único que pensé en ese momento fue en la cena pero es lo que hay.            

Pasados unos diez o quince minutos apareció el hombre al que había pedido ayuda acompañado de dos policías, como la comisaría está muy cerca de la escuela, se conoce que fue allí a pedir ayuda. Tras agradecérselo a través de un gesto con el pulgar le vi alejarse calle abajo, al igual que también vi la cara que se les quedó a los policías cuando me vieron ahí encerrada. Les dio la risa pero no se querían reír lo que daba como resultado un gesto de risa contenida que me hizo reír a mí mientras les explicaba que no sabía cómo me había quedado ahí, mi sensación de mono de feria aumentó en esos momentos. Se miraron sin saber bien qué hacer hasta que uno de ellos sacó el móvil para hacer una llamada pero, no hizo falta, porque del pasillo de la planta baja surgió el conserje de la escuela que había ido a hacer no se qué y había cerrado por dentro. Me miró extrañado y observó a la policía, rápidamente le conté la historia y le dije que yo no había llamado a los agentes que había sido un hombre que pasaba por la calle. Tras escuchar mi relato tanto el conserje como los policías se empezaron a reír, el conserje me dijo que eran vacaciones y que no había clase que por eso estaba todo cerrado. Muerta de vergüenza reanudé mi camino a casa bastante contenta ya no solo cenaría pan y coca-cola si no que lo podría acompañar de una riquísima ensalada.




lunes, 12 de marzo de 2012

JUGAMOS AL Q-ZAR

Las tardes de domingo siempre me han parecido un poco tontas, no se respira la alegría de los sábados porque al día siguiente hay que volver al quehacer diario pero tenemos tiempo libre que requiere ser empleado en alguna actividad, eso sí, algo ligero que no nos agote y estemos con las pilas cargadas al día siguiente.
Cuando estoy en España suelo ir al cine porque que reúne las características que he descrito anteriormente, a veces también a dar un paseo por el campo, pero aquí en Bruselas nunca sabía qué hacer y me parecían aun más tontas que en España. Pero de unas semanas a esta parte mi perspectiva de las tardes de domingo belga están cambiando y se están convirtiendo en tardes entretenidas cargadas de actividades que no solo me hacen pasar un buen rato sino que cada vez me guste más estar aquí. Ayer mismo, aburridos de cine y cervezas decidimos ir a jugar al Q-Zar algo que llevaba queriendo hacer desde hace años pero nunca supe donde y que me ha parecido muy, muy divertido, eso sí, las cosas como son y la verdad siempre por delante…soy pésima.

El Q-Zar es parecido al Paintball pero con pistolas laser, no sé el nombre en español porque yo siempre lo he llamado así “pistolas láser” pero dudo que ese sea su nombre. Para los que no sepan en que consiste lo explico: es como una especie de guerra entre dos equipos. Nos sueltan en un laberinto oscuro y tenemos que disparar a los del equipo contrario, es un poco difícil porque hay veces que no sabes si la persona que tienes delante es de tu equipo o no debido a la falta de luz por lo que no es difícil disparar a uno de los tuyos. Para poder jugar hay que ponerse un chaleco con un contador en la espalda y otro a la altura del ombligo y una metralleta laser. Para que los disparos cuenten hay que apuntar a esos marcadores o a partes concretas de las metralletas, vamos que disparas y donde des has dado y si aciertas pues eso que te llevas y si no pues nada, pierdes munición.

Cuando llegamos a la bolera tuvimos que esperar a que viniera más gente porque nosotros éramos ocho y convenía que fuéramos más para que los equipos fueran más grandes. Cuando nuestros contrincantes llegaron nos hicieron pasar a una sala para ponernos los chalecos y coger las metralletas. En esa misma sala fue donde conocimos a nuestros “enemigos” lo que nos dio mucha risa porque eran unos siete u ocho niños de entre 8 y 12 años, yo no me lo podía creer. Hicimos bromas con el encargado del juego diciéndole que no podíamos disparar a niños, ellos sin embargo parecían muy seguros de sí mismo y nos miraban con esa cara maliciosa que los chavales suelen poner y que viene a decir “vaya paliza que os vamos a dar” y he de reconocer que…así fue.


Cuando empezó el juego me dio un poco de miedo, el laberinto estaba oscuro y no se oía nada, andaba pegada a las paredes para que no me vieran pero de repente…me vibró el chaleco, alguien me había disparado…miré para todos lados pero no vi a nadie así que seguí por mi camino y esta vez fui yo la que disparó sin suerte al niño que tenía delante que me miraba con una cara maléfica y que no dejó de dispararme hasta que mi chaleco se iluminó avisándole de que ya no podía matarme más. A partir de ahí todo fueron gritos carreras y risas, los niños nos estaban dando una paliza descomunal, tenían la táctica bien ensayada: siempre en parejas y algún francotirador que te disparaba a traición (ese fue el culpable de la primera vibración de mi chaleco). A su experiencia se sumaba que eran muy bajitos por tanto nuestros marcadores les quedaban a la altura adecuada para poder dispararnos mientras que nosotros teníamos que agacharnos para darles por lo que perdíamos un tiempo que ellos aprovechaban para darnos. Fue muy divertido, tanto ellos como nosotros lo pasamos muy, muy bien.

Cuando salimos nos dieron las puntuaciones, me dio un poco de reparo porque soy realmente mala en el Q-Zar, los niños me dieron para el pelo pero bien, sería la vergüenza del ejército español…

Después de nuestra humillante derrota nos fuimos a un bar a tomarnos una cervecita para celebrarlo. Como no podía ser de otra manera el bar era raro, tenía un escaparate lleno de…no sé como denominarlo…artilugios: un reloj, un zorro disecado, una plancha del año mil…no sé, cosas raras, más que un bar yo habría dicho que era una tienda de antigüedades. Una vez dentro te encontrabas con una sala de madera (como un bar cualquiera) pero si ibas subiendo pisos entrabas en diferentes habitaciones, cada una con un par de sillones y una mesita y allí te sentabas como en el salón de una casa a tomarte lo que quisieras, eso sí, no tiene cosas normales, solo cócteles raros, vinos de sabores y un tipo de cerveza. Me decanté por un vino de frambuesa que no sabía ni a vino ni a frambuesa pero que se dejaba beber, era como un refresco raro con muy pocos grados y un sabor peculiar. No me disgustó pero tampoco volveré a beberlo.

Después de la experiencia volvimos a casa agotados porque el Q-Zar cana con tantas carreras (aunque está prohibido correr pero para eso están las prohibiciones, para no hacerlas caso) pero contentos por habernos echado unas risas en esa “tarde de domingo rara”[i].



[i] Titulo de una canción del grupo español Amaral.


jueves, 23 de febrero de 2012

BRUJAS

Si tuviera que decantarme por uno de los sitios que he visitado desde que estoy en Bélgica sin duda alguna me quedaría con Brujas. Todos habréis escuchado lo bonita que es, muchos incluso pensareis que son exageraciones o que lo bonito es relativo, pero creo que la belleza de esta ciudad no es relativa y todo el que la visita queda maravillado. Yo no me canso de ir, también es verdad que cada vez que recibo una visita me toca ir a Brujas, pero igual que a Amberes voy resoplando a Brujas voy de muy buena gana haga frío, calor, llueva o nieve porque también puedo “presumir” de haber estado allí con todos los fenómenos atmosféricos posibles.

La primera vez que visité Brujas fue en Septiembre, aunque no hacía mucho calor si que disfruté de un día más o menos soleado que me permitió disfrutar de la singular belleza de una ciudad que parece sacada de los mismísimos cuentos de Hans Christian Andersen. Fotografié sus canales, su pequeño castillo en el lago, sus antiguos edificios…creo que no hay rincón de Brujas que dejara sin inmortalizar con mi cámara. Me llamarón mucho la atención los caballos percherones que trotan por la ciudad paseando a los turistas, actividad que da a la ciudad un aire todavía más irreal y romántico (Esproncedianamente hablando, por supuesto,  que los que bien me conocen saben que no soy yo muy pastelosa y los rollos romanticones no me van a mi mucho). El caso es que amorosa o no, si me quedé enamorada de la ciudad y del delicioso chocolate que allí se fabrica siempre de manera artesana y que os aconsejo probar porque es de lo mejor de Bélgica.

La segunda vez que estuve fue en noviembre, el frío ya había hecho su aparición y como anécdota de la visita solo decir que estuve así como quince minutos riendo con mi primo por el pis de un caballo. Sí, como lo leéis, porque aunque sea de pueblo nunca había visto a un caballo hacer pis y mucho menos a un percherón que parecen osos. Recuerdo estar en el Grote Mark de Brujas y oír un tremendo ruido como si un camión cisterna estuviera depositando todo su contenido en la depuradora de turno, solo que no era un camión cisterna sino un caballo percherón liberando su vejiga caballuna y creedme dejó el suelo pingando, un charco gigante como si hubiera habido una tormenta…me pregunté si a lo largo de esa mañana no habríamos pisado más de una micción de caballo pensando que era eso…solo agua.

En mi tercera visita no tuve tanta suerte con el tiempo, fue en diciembre con mis padres y mis tíos y nos hizo frío y llovió aunque no por eso la ciudad perdió su encanto sino todo lo contrario, las luces navideñas lo inundaban todo y daban a Brujas un aire todavía más de cuento y mucho más bonito.

Y claro, tampoco podía perderme Brujas nevada, esa fue la prueba de fuego para saber si la ciudad me gustaba o si no volvería a poner un pie en ella. Todo ocurrió hace dos semanas con la visita de mi amiga Patri. La ola de frío de la que tanto os quejabais en España no era nada con la que tuvimos en Bélgica, pero claro, si alguien viene de visita hay que enseñarle todo y no hacer casos de fríos ni calores así que habiendo dormido apenas cuatro horas y con los termómetros en negativo nos dirigimos a la ciudad flamenca para que Patri pudiera apreciarla en todo su esplendor. A los cinco minutos de estar allí empezó a nevar, además los canales estaban congelados y el frío de Bruselas no era nada con el que hacía en Brujas. Aun así he de reconocer que la ciudad no perdió ni un ápice de su encanto y aunque los canales congelados restan belleza al asunto aun se pueden tomar buenas fotos de algunos intrépidos que se atreven a desafiar al hielo del canal. Como punto positivo añadir que con el frío tanto el café como el chocolate se vuelven todavía mejores y más apetecibles…Después de la ruta y congeladas cogimos el tren de vuelta a Bruselas.

 Con Brujas no puedo señalar mi admiración por ningún edificio concreto como sique hice en Gante, mi invitación para los curiosos es que vengan, se pierdan por sus calles y disfruten del recorrido, eso sí, creo que es mejor visitarlo en primavera porque aunque el sueño de todos es pasear por un cuento siempre es mejor darse una vuelta por el clima primaveral o veraniego de El Patito Feo que por el gélido invierno de La Pequeña Cerillera y que conste que os lo digo por experiencia.